17 de marzo de 2011

Discos

Es un lugar común que la llegada del mp3 y después de iTunes acabó con el disco, no sólo como soporte físico de la música, sino como unidad conceptual: la gente prefiere comprar las canciones que le gustan por separado, en lugar de conjuntos de calidad dispar, en el que por cada temazo te podías encontrar una cuantas mierdas de relleno.

Será que soy un antiguo (¡abuelo!), pero a mí pocas cosas me gustan más que irme metiendo poco a poco en un disco, irlo escuchando una y otra vez, detectando los vínculos entre sus partes, empapándome con su tono, su atmósfera; llegando incluso, como en los viejos tiempos del walkman (¡abueeeeelo!), a intuir qué canción va a sonar a continuación...

Eso estoy haciendo estos días con gran delectación con Blessed, el último de Lucinda (y dale...)

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