“[W]e need all of us, whatever our background, to constantly examine the stories inside which, and with which, we live. We all live in stories, so-called “grand narratives”: nation is a story, family is a story, religion is a story, community is a story. We all live inside and within, and with, these narratives, and it seems to me a definition of any living, vibrant society that you constantly question those stories, constantly argue about them. If fact, the argument never stops. The argument itself is freedom. It’s not that you come to a conclusion about it, but that you live in a world in which you argue constantly about that world. And through that argument you change your mind sometimes, you decide that things that you used to accept in a society you no longer wish to accept; things that you did not accept in a society you begin to wish to accept. And that’s how societies grow. When you can’t retell for yourself the stories of your life then you live in a prison, then those stories don’t become the source of liberty, they become the source of captivity, because somebody else controls the story, and somebody else tells to you: ‘This is what it means, this is how you think about it, this is the only way in which the story can be told. And if you disagree with that we will come and do something terrible to you.’”
Salman Rushdie, hablando sobre "Secular values, human rights and Islamism" (a partir del instante 49 min 12 s).
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24 de septiembre de 2012
30 de diciembre de 2011
Hitchens & Feynman
Religion is our first —that's why I'm so fascinated by it—, it's our first version of the truth, is our first attempt as a species, it's what we tried when we didn't know anything. We didn't know we lived on a spherical planet, we didn't know that our planet revolved around the Sun. We didn't know that there were microorganisms that explained disease. We thought diseases came from curses, or witches, or ill-wishing, or devils, or dust devils. We didn't know anything from the childish, terrified, ignorant origins of our animal primate species.
It's also our first attempt at philosophy, our first attempt at morality, our first attempt at healthcare, actually. But, because it was our first it is our worst. We now have better explanations for all these dreads and we have cleared up all these mysteries, yet we still dwell, and in some countries, in some societies, not just dwell, but live under a totalitarian regime that forbids us to think about the progress that has been made or denies us the knowledge that these advances have in fact occured. So it has become, where once it probably was an aid to our survival, a really great peril to our continued ability to live as a civilized species [...].
Christopher Hitchens
We are at the very beginning of time for the human race. It is not unreasonable that we grapple with problems. But there are tens of thousands of years in the future. Our responsibility is to do what we can, learn what we can, improve the solutions, and pass them on. It is our responsibility to leave the people of the future a free hand. In the impetuous youth of humanity, we can make grave errors that can stunt our growth for a long time. This we will do if we say we have the answers now, so young and ignorant as we are. If we suppress all discussion, all criticism, proclaiming “This is the answer, my friends; man is saved!” we will doom humanity for a long time to the chains of authority, confined to the limits of our present imagination. It has been done so many times before.
It is our responsibility as scientists, knowing the great progress which comes from a satisfactory philosophy of ignorance, the great progress which is the fruit of freedom of thought, to proclaim the value of this freedom; to teach how doubt is not to be feared but welcomed and discussed; and to demand this freedom as our duty to all coming generations.
Richard Feynman, en The Value of Science (leído aquí)
28 de diciembre de 2011
Ayer vi por fin el vídeo del homenaje a Hitchens que mencioné cuando murió, hace unos días.
Es un resumen del evento, y se nota porque le falta continuidad, pero me encantó una pequeña maldad que cuenta Richard Dawkins, otro ateo militante y furibundo: cuando Stephen Fry, maestro de ceremonias, habla sobre la cantidad de gente que se preocupaba por la salud de Hitchens y le decía: «I'll pray for you» («Rezaré por usted»), Dawkins imagina que Hitchens respondería: «Thank you. I'll think for you.» («Gracias. Yo pensaré por usted.»)
:)
Es un resumen del evento, y se nota porque le falta continuidad, pero me encantó una pequeña maldad que cuenta Richard Dawkins, otro ateo militante y furibundo: cuando Stephen Fry, maestro de ceremonias, habla sobre la cantidad de gente que se preocupaba por la salud de Hitchens y le decía: «I'll pray for you» («Rezaré por usted»), Dawkins imagina que Hitchens respondería: «Thank you. I'll think for you.» («Gracias. Yo pensaré por usted.»)
:)
16 de diciembre de 2011
Hoy ha muerto Christopher Hitchens, uno de los críticos más feroces y vociferantes de las religiones en las últimas décadas.
Por lo que sé, Salman Rushdie era amigo suyo (aparece junto con Stephen Fry, Martin Amis o Richard Dawkins, entre otros, en este debate [que aún no he visto] al que Hitchens, ya gravemente enfermo, no pudo acudir el mes pasado y que acabó convirtiéndose en un homenaje a su figura). Al conocer la muerte de Hitchens, me ha venido a la kabeza este texto de Rushdie contra las religiones que puse aquí hace ya mucho tiempo, dirigido al habitante seis mil millones del planeta*: «Imagina que el cielo no existe» ("...y de inmediato verás el cielo abierto").
Voilà un par de extractos:
"A medida que los conocimientos humanos han ido aumentando, también se ha vuelto evidente que todas las historias religiosas sobre cómo hemos llegado aquí son, sencillamente, falsas. Eso es, finalmente, lo que todas las religiones tienen en común. No lo entendieron bien. No hubo ni revolvimiento celestial, ni danza del Creador, ni vómito de galaxias, ni antepasados serpientes o canguros, ni Valhalla, ni Olimpo, ni seis días de creación seguidos de uno de descanso. Falso, falso, falso.
"Sin embargo, hay un punto que resulta de lo más extraño. La falsedad de los relatos sagrados no ha disminuido en lo más mínimo el fervor de los devotos. Más bien, la sandez total y desfasada de la religión lleva a sus adeptos a insistir con mayor estridencia aún en la importancia de la fe ciega."
[...]
"Las sabidurías antiguas son las tonterías modernas. Vive en tu propio tiempo, usa lo que sabemos y, cuando crezcas, puede que por fin la especie humana crezca contigo y deje de lado las cosas infantiles. Como dice la canción, it's easy if you try («es fácil si lo intentas»). En cuanto a moralidad, la segunda gran pregunta (¿cómo vivir?, ¿qué está bien y qué está mal?) se reduce a tu disposición a pensar por ti mismo. Sólo tú puedes decidir si quieres que los sacerdotes te dicten las leyes, y aceptar que el bien y el mal son algo externo a nosotros mismos. A mi entender, la religión, incluso en su forma más sofisticada, infantiliza esencialmente nuestro yo ético al establecer unos árbitros morales infalibles y unos tentadores inmorales irredimibles por encima de nosotros; los padres eternos, buenos y malos, brillantes y oscuros, del reino sobrenatural."
:)
* Leo aquí que este texto aparece precisamente en un libro editado por Hitchens titulado The Portable Atheist: Essential Readings for the Non-Believer.
Por lo que sé, Salman Rushdie era amigo suyo (aparece junto con Stephen Fry, Martin Amis o Richard Dawkins, entre otros, en este debate [que aún no he visto] al que Hitchens, ya gravemente enfermo, no pudo acudir el mes pasado y que acabó convirtiéndose en un homenaje a su figura). Al conocer la muerte de Hitchens, me ha venido a la kabeza este texto de Rushdie contra las religiones que puse aquí hace ya mucho tiempo, dirigido al habitante seis mil millones del planeta*: «Imagina que el cielo no existe» ("...y de inmediato verás el cielo abierto").
Voilà un par de extractos:
"A medida que los conocimientos humanos han ido aumentando, también se ha vuelto evidente que todas las historias religiosas sobre cómo hemos llegado aquí son, sencillamente, falsas. Eso es, finalmente, lo que todas las religiones tienen en común. No lo entendieron bien. No hubo ni revolvimiento celestial, ni danza del Creador, ni vómito de galaxias, ni antepasados serpientes o canguros, ni Valhalla, ni Olimpo, ni seis días de creación seguidos de uno de descanso. Falso, falso, falso.
"Sin embargo, hay un punto que resulta de lo más extraño. La falsedad de los relatos sagrados no ha disminuido en lo más mínimo el fervor de los devotos. Más bien, la sandez total y desfasada de la religión lleva a sus adeptos a insistir con mayor estridencia aún en la importancia de la fe ciega."
[...]
"Las sabidurías antiguas son las tonterías modernas. Vive en tu propio tiempo, usa lo que sabemos y, cuando crezcas, puede que por fin la especie humana crezca contigo y deje de lado las cosas infantiles. Como dice la canción, it's easy if you try («es fácil si lo intentas»). En cuanto a moralidad, la segunda gran pregunta (¿cómo vivir?, ¿qué está bien y qué está mal?) se reduce a tu disposición a pensar por ti mismo. Sólo tú puedes decidir si quieres que los sacerdotes te dicten las leyes, y aceptar que el bien y el mal son algo externo a nosotros mismos. A mi entender, la religión, incluso en su forma más sofisticada, infantiliza esencialmente nuestro yo ético al establecer unos árbitros morales infalibles y unos tentadores inmorales irredimibles por encima de nosotros; los padres eternos, buenos y malos, brillantes y oscuros, del reino sobrenatural."
:)
* Leo aquí que este texto aparece precisamente en un libro editado por Hitchens titulado The Portable Atheist: Essential Readings for the Non-Believer.
2 de noviembre de 2011
Moving the goalposts
Otro motivo por el que no me creo la religión: a medida que la ciencia va avanzando, los creyentes (o mejor, quienes los pastorean) van "moviendo los palos" continuamente; todo vale con tal de evitar reconocer que su portería es un coladero:
In his china teapot analogy, the philosopher Bertrand Russell illustrates the futility of holding on to concepts that have no observable consequences. Russell asserts that he believes there is a small china teapot orbiting between Earth and Mars, which is too small to be discovered by the most powerful telescopes in existence. If a larger telescope is constructed and, after an exhaustive and time-consuming survey of the entire sky, finds no evidence of the teapot, Russell will claim that the teapot is slightly smaller than expected but still there. This is commonly known as “moving the goalposts.” Although the teapot may never be observed, it is an “intolerable presumption,” says Russell, on the part of the human race to doubt its existence. Indeed, the rest of the human race should respect his position, no matter how preposterous it appears. Russell’s point is not to assert his right to be left alone to his personal delusions, but that devising a theory that cannot be proved or disproved by observation is pointless in the sense that it teaches you nothing, irrespective of how passionately you may believe in it.
Brian Cox y Jeff Forshaw, en Why Does E = mc2?
In his china teapot analogy, the philosopher Bertrand Russell illustrates the futility of holding on to concepts that have no observable consequences. Russell asserts that he believes there is a small china teapot orbiting between Earth and Mars, which is too small to be discovered by the most powerful telescopes in existence. If a larger telescope is constructed and, after an exhaustive and time-consuming survey of the entire sky, finds no evidence of the teapot, Russell will claim that the teapot is slightly smaller than expected but still there. This is commonly known as “moving the goalposts.” Although the teapot may never be observed, it is an “intolerable presumption,” says Russell, on the part of the human race to doubt its existence. Indeed, the rest of the human race should respect his position, no matter how preposterous it appears. Russell’s point is not to assert his right to be left alone to his personal delusions, but that devising a theory that cannot be proved or disproved by observation is pointless in the sense that it teaches you nothing, irrespective of how passionately you may believe in it.
Brian Cox y Jeff Forshaw, en Why Does E = mc2?
8 de octubre de 2011
Belleza
Gracias a Brain Pickings, una página llena de recomendaciones interesantes y hermosas, que recomiendo vivamente yo a mi vez (se la puede seguir en Facebook y en Twitter), acabo de encontrar esta extraordinaria serie de vídeos que combina con maestría las palabras de Richard Feynman con bellas y sugerentes imágenes.
Solo he visto el primero, titulado Beauty, y me han entrado tantas ganas de subtitularlo que no descarto dedicar un rato a hacerlo cuando se me pase el resacón del bodorrio de ayer...
(Actualizo: Alguien ya se había encargado de subtitularlo en inglés; yo sólo lo he traducido. Se puede escoger el idioma en el menú bajo el vídeo.)
El vídeo está lleno de citas potenciales, porque realmente todo lo que dice Feyman es muy interesante; en particular, lo que explica sobre su forma de entender la ciencia. Como Brain Pickings, me quedo con esta frase, que para mí resume uno de los grandes problemas de la religión, que comparte con otras formas de buscar atajos hacia supuestas respuestas, de tapar rápido y mal los huecos que existen en nuestra comprensión del mundo:
"I can live with doubt and uncertainty and not knowing. I think it’s much more interesting to live not knowing than to have answers that might be wrong. [...] I don't feel frightened by not knowing things, by being lost in the mysterious universe without having any purpose.”
Solo he visto el primero, titulado Beauty, y me han entrado tantas ganas de subtitularlo que no descarto dedicar un rato a hacerlo cuando se me pase el resacón del bodorrio de ayer...
(Actualizo: Alguien ya se había encargado de subtitularlo en inglés; yo sólo lo he traducido. Se puede escoger el idioma en el menú bajo el vídeo.)
El vídeo está lleno de citas potenciales, porque realmente todo lo que dice Feyman es muy interesante; en particular, lo que explica sobre su forma de entender la ciencia. Como Brain Pickings, me quedo con esta frase, que para mí resume uno de los grandes problemas de la religión, que comparte con otras formas de buscar atajos hacia supuestas respuestas, de tapar rápido y mal los huecos que existen en nuestra comprensión del mundo:
"I can live with doubt and uncertainty and not knowing. I think it’s much more interesting to live not knowing than to have answers that might be wrong. [...] I don't feel frightened by not knowing things, by being lost in the mysterious universe without having any purpose.”
12 de diciembre de 2009
30 de octubre de 2009
Dawkins compares creationists to Holocaust deniers
¿No me digáis que el título no promete?
No lo he visto aún, me lo pongo aquí como deberes.
(Creo que ya lo he comentado alguna vez, pero repito: el sitio del que proviene el vídeo, Fora.tv, es muy pero que muy interesante)
No lo he visto aún, me lo pongo aquí como deberes.
(Creo que ya lo he comentado alguna vez, pero repito: el sitio del que proviene el vídeo, Fora.tv, es muy pero que muy interesante)
10 de junio de 2009
¿Son compatibles la ciencia y la religión? ¿Es compatible la poesía amorosa y la ginecología?
Las respuestas a éstos y muchos otros interrogantes, en el artículo de ayer de Savater en El País.
(Otra perla: Con el pretexto de que la ciencia no resuelve todos los enigmas de la naturaleza, aconsejan recurrir a la religión aunque no resuelva ninguno. Trampas de la fe, que también se dan en otros campos: como el capitalismo tiene muchos defectos, apliquemos el comunismo que sólo tiene defectos, etcétera.)
(Otra perla: Con el pretexto de que la ciencia no resuelve todos los enigmas de la naturaleza, aconsejan recurrir a la religión aunque no resuelva ninguno. Trampas de la fe, que también se dan en otros campos: como el capitalismo tiene muchos defectos, apliquemos el comunismo que sólo tiene defectos, etcétera.)
5 de junio de 2009
Mucho amor
Último descubrimiento: Big Love.
El otro día fui a pagar a mi manera el canon digital: me pasé por la tienda a comprarme algunas de las series que ya he podido ver gracias a Internet.
Revisando las estanterías, me encontré con una serie de la (It's not TV, it's) HBO que yo no conocía y, lanzado como iba, me dije: si es HBO, estará bien.
Así que en los últimos días me he visto la primera temporada de esta curiosa historia de un matrimonio polígamo en Utah, el Estado Mormón.
El tema podría prestarse a maniqueísmos de todo tipo, pero los guionistas no lo permiten.
Yo me creo la historia, los personajes, los dilemas, las dudas de esta familia con tres mujeres y siete u ocho hijos.
(Parte del truco, claro, está en los actores: Bill Paxton, Jeanne Tripplehorn, la inquietante Chloë Sevigny y el extraordinario Harry Dean Stanton, entre muchos otros.)
El otro día fui a pagar a mi manera el canon digital: me pasé por la tienda a comprarme algunas de las series que ya he podido ver gracias a Internet.
Revisando las estanterías, me encontré con una serie de la (It's not TV, it's) HBO que yo no conocía y, lanzado como iba, me dije: si es HBO, estará bien.
Así que en los últimos días me he visto la primera temporada de esta curiosa historia de un matrimonio polígamo en Utah, el Estado Mormón.
El tema podría prestarse a maniqueísmos de todo tipo, pero los guionistas no lo permiten.
Yo me creo la historia, los personajes, los dilemas, las dudas de esta familia con tres mujeres y siete u ocho hijos.
(Parte del truco, claro, está en los actores: Bill Paxton, Jeanne Tripplehorn, la inquietante Chloë Sevigny y el extraordinario Harry Dean Stanton, entre muchos otros.)
7 de mayo de 2009
30 de abril de 2009
De mis incursiones en las librerías londinenses (Foyle's incluida, gracias, c.) y cantabrigenses, además de demasiados libros que se suman a mis ya demasiados libros (y cómo me gusta a mí eso...), acabé comprándome (gracias al empujoncito final de D) un lector de libros electrónicos, el Sony Reader, que acabará siendo, románticos adoradores del papel aparte ;-), el formato más habitual de lectura para quienes somos incapaces de concentrarnos al leer de una pantalla de ordenador (o sea, retroiluminada).
En fin, que esa compra hizo que ayer me pasase un rato desechando papeles varios que habían tomado al asalto la sobrepoblada mesa de mi pequeña habitación. Y entre ellos, un texto de Savater (sí, Savater de nuevo, qué pasa), publicado hace unos meses en la revista hispano-mexicana Letras Libres, del que, antes de que acabe en el contenedor azul, quiero dejar aquí esta magnífica frase:
Fernando Savater, en "¿Es tolerable la tolerancia religiosa" (Letras Libres de marzo de 2009).
En fin, que esa compra hizo que ayer me pasase un rato desechando papeles varios que habían tomado al asalto la sobrepoblada mesa de mi pequeña habitación. Y entre ellos, un texto de Savater (sí, Savater de nuevo, qué pasa), publicado hace unos meses en la revista hispano-mexicana Letras Libres, del que, antes de que acabe en el contenedor azul, quiero dejar aquí esta magnífica frase:
La poesía que se toma científicamente en serio a sí misma y pretende tener una explicación del cosmos mejor que la ofrecida por el método científico es lo que suele llamarse “religión”: su única excusa es que se trata de una supervivencia del pasado en que la ciencia era menos que un esbozo y por entonces cumplió la función de calmar la incertidumbre de la ignorancia... tapando la ignorancia con leyendas. En la acera de enfrente está la actitud de quienes confunden el experimento con la experiencia, decidiendo que toda pretensión de significado simbólico –es decir, poético– que no se atenga al materialismo que da cuenta exterior de los efectos y las causas es un engaño nocivo, voluntario o involuntario. Esta pretensión reductora no es, claro, científica sino cientifista –es decir que convierte a la ciencia en ideología– y su única excusa es que responde a la secular agresión contra el conocimiento verificable de las instituciones religiosas, poderosas e inquisitoriales antaño pero también hoy en demasiadas ocasiones y lugares.
Fernando Savater, en "¿Es tolerable la tolerancia religiosa" (Letras Libres de marzo de 2009).
3 de noviembre de 2008
No deja de sorprenderme la cantidad de gente a mi alrededor que, de una forma u otra, es creyente.
Es verdad que son pocos los que dan por segura la existencia del Dios cristiano, pero sí son unos cuantos, muchos más de los que yo supondría, los que dejan espacio para "algo", una "conciencia universal" (llámalo "x", me parece bien), una "energía" (mejor todavía).
El otro día volví a hablar del tema con compañeros de trabajo, y hoy he encontrado un texto de Steven Weinberg, premio Nobel de Fisica, que he empezado a leer en la comida (aquí, en el curro, se me reconoce como el friki que siempre va con sus papelitos, y que come casi siempre solo, sin levantar la mirada del texto) y que en pocos párrafos sintetiza lo que yo intentaba decirles a mis compis el otro día:
The first source of tension arises from the fact that religion originally gained much of its strength from the observation of mysterious phenomena—thunder, earthquakes, disease—that seemed to require the intervention of some divine being. There was a nymph in every brook, and a dryad in every tree. But as time passed more and more of these mysteries have been explained in purely natural ways. Explaining this or that about the natural world does not of course rule out religious belief. But if people believe in God because no other explanation seems possible for a whole host of mysteries, and then over the years these mysteries were one by one resolved naturalistically, then a certain weakening of belief can be expected. It is no accident that the advent of widespread atheism and agnosticism among the educated in the eighteenth century followed hard upon the birth of modern science in the previous century.
[...]
Of course, not everything has been explained, nor will it ever be. The important thing is that we have not observed anything that seems to require supernatural intervention for its explanation. There are some today who cling to the remaining gaps in our understanding (such as our ignorance about the origin of life) as evidence for God. But as time passes and more and more of these gaps are filled in, their position gives an impression of people desperately holding on to outmoded opinions.
The problem for religious belief is not just that science has explained a lot of odds and ends about the world. There is a second source of tension: that these explanations have cast increasing doubt on the special role of man, as an actor created by God to play a starring part in a great cosmic drama of sin and salvation. We have had to accept that our home, the earth, is just another planet circling the sun; our sun is just one of a hundred billion stars in a galaxy that is just one of billions of visible galaxies; and it may be that the whole expanding cloud of galaxies is just a small part of a much larger multiverse, most of whose parts are utterly inhospitable to life. As Richard Feynman has said, "The theory that it's all arranged as a stage for God to watch man's struggle for good and evil seems inadequate."
Most important so far has been the discovery by Charles Darwin and Alfred Russel Wallace that humans arose from earlier animals through natural selection acting on random heritable variations, with no need for a divine plan to explain the advent of humanity. This discovery led some, including Darwin, to lose their faith. It's not surprising that of all the discoveries of science, this is the one that continues most to disturb religious conservatives. I can imagine how disturbed they will feel in the future, when at last scientists learn how to understand human behavior in terms of the chemistry and physics of the brain, and nothing is left that needs to be explained by our having an immaterial soul.
Steven Weinberg, en un artículo titulado Without God en la New York Review of Books. (La negrita es mía)
Es verdad que son pocos los que dan por segura la existencia del Dios cristiano, pero sí son unos cuantos, muchos más de los que yo supondría, los que dejan espacio para "algo", una "conciencia universal" (llámalo "x", me parece bien), una "energía" (mejor todavía).
El otro día volví a hablar del tema con compañeros de trabajo, y hoy he encontrado un texto de Steven Weinberg, premio Nobel de Fisica, que he empezado a leer en la comida (aquí, en el curro, se me reconoce como el friki que siempre va con sus papelitos, y que come casi siempre solo, sin levantar la mirada del texto) y que en pocos párrafos sintetiza lo que yo intentaba decirles a mis compis el otro día:
The first source of tension arises from the fact that religion originally gained much of its strength from the observation of mysterious phenomena—thunder, earthquakes, disease—that seemed to require the intervention of some divine being. There was a nymph in every brook, and a dryad in every tree. But as time passed more and more of these mysteries have been explained in purely natural ways. Explaining this or that about the natural world does not of course rule out religious belief. But if people believe in God because no other explanation seems possible for a whole host of mysteries, and then over the years these mysteries were one by one resolved naturalistically, then a certain weakening of belief can be expected. It is no accident that the advent of widespread atheism and agnosticism among the educated in the eighteenth century followed hard upon the birth of modern science in the previous century.
[...]
Of course, not everything has been explained, nor will it ever be. The important thing is that we have not observed anything that seems to require supernatural intervention for its explanation. There are some today who cling to the remaining gaps in our understanding (such as our ignorance about the origin of life) as evidence for God. But as time passes and more and more of these gaps are filled in, their position gives an impression of people desperately holding on to outmoded opinions.
The problem for religious belief is not just that science has explained a lot of odds and ends about the world. There is a second source of tension: that these explanations have cast increasing doubt on the special role of man, as an actor created by God to play a starring part in a great cosmic drama of sin and salvation. We have had to accept that our home, the earth, is just another planet circling the sun; our sun is just one of a hundred billion stars in a galaxy that is just one of billions of visible galaxies; and it may be that the whole expanding cloud of galaxies is just a small part of a much larger multiverse, most of whose parts are utterly inhospitable to life. As Richard Feynman has said, "The theory that it's all arranged as a stage for God to watch man's struggle for good and evil seems inadequate."
Most important so far has been the discovery by Charles Darwin and Alfred Russel Wallace that humans arose from earlier animals through natural selection acting on random heritable variations, with no need for a divine plan to explain the advent of humanity. This discovery led some, including Darwin, to lose their faith. It's not surprising that of all the discoveries of science, this is the one that continues most to disturb religious conservatives. I can imagine how disturbed they will feel in the future, when at last scientists learn how to understand human behavior in terms of the chemistry and physics of the brain, and nothing is left that needs to be explained by our having an immaterial soul.
Steven Weinberg, en un artículo titulado Without God en la New York Review of Books. (La negrita es mía)
29 de noviembre de 2006
Imagina que el cielo no existe
(Éste es un texto de hace unos años, escrito por Salman Rushdie para un libro que reúne textos de varios autores dirigidos al "ciudadano seis mil millones", a la persona que hacía que la población en el planeta alcanzase esa desorbitante cifra. Varias veces he pensado en colocarlo aquí, a pesar de su longitud, y hoy, aprovechando la ocasión del chiste viñeta de El Roto, por fin me he decidido)
Querida personita seis mil millones,
Como miembro más reciente de una especie que destaca por su curiosidad, es probable que no pase mucho tiempo antes de que empieces a formular las dos preguntas de los sesenta y cuatro mil dólares con las que los demás 5.999.999.999 de nosotros llevamos algún tiempo peleándonos:
¿Cómo llegamos aquí?
Y, ahora que estamos aquí, ¿cómo viviremos?
Por extraño que parezca, por si seis mil millones no fuéramos bastantes, con casi toda seguridad te sugerirán que la respuesta a la pregunta de nuestro origen exige que creas en la existencia de un Ser distinto, invisible, inefable, que se encuentra «en algún lugar allá arriba»; un creador omnipotente a quien nosotros, pobres seres limitados, somos incapaces de percibir, y mucho menos comprender. Es decir, te animarán encarecidamente a imaginar un cielo, habitado por un dios, como mínimo.
Este dios del cielo, según se dice, creó el universo revolviendo su materia en una olla gigante. O bien bailó. O bien vomitó la Creación de su propio interior. O bien se limitó a decir que se hiciera y hete aquí que se hizo. En algunas de las historias más interesantes de la creación, ese único poderoso Dios del cielo se subdivide en muchas fuerzas menos importantes, divinidades menores, avatares, «antepasados» metamórficos gigantescos cuyas aventuras crean el paisaje, o los panteones crueles, entrometidos, licenciosos y caprichosos de los grandes politeísmos, cuyos actos alocados te convencerán de ,que el motor real de la creación fue el deseo: de poder infinito, de cuerpos humanos demasiado quebradizos, de aureolas de gloria. Pero es de justicia añadir que también hay historias que transmiten el mensaje de que el principal impulso creador fue, y es, el amor.
Muchas de estas historias te parecerán muy bellas y, por lo tanto, seductoras. Por desgracia, sin embargo, no tendrás que reaccionar de modo puramente literario a ellas. Sólo las historias de las religiones «muertas» pueden valorarse por su belleza. Las religiones vivas son mucho más exigentes. Así que te dirán que la creencia en «tus» historias, y la observancia de los rituales de culto que han surgido a su alrededor, deben convertirse en una parte fundamental de tu vida en este concurrido mundo. Las llamarán el corazón de tu cultura, incluso de tu identidad individual.
Es posible que en algún momento te parezcan ineludibles, no en la forma en que la verdad lo es, sino más bien como una cárcel de la que uno no puede evadirse. Puede que en algún momento dejen de parecerte textos que los seres humanos han empleado para resolver un gran misterio, y en cambio te parezcan pretextos para que otros seres humanos, ungidos como es debido, te den órdenes. Y es cierto que la historia humana abunda en la opresión pública que ejercen los aurigas de los dioses. Según la gente religiosa, sin embargo, el consuelo particular que la religión proporciona compensa con creces el mal que se inflige en su nombre.
A medida que los conocimientos humanos han ido aumentando, también se ha vuelto evidente que todas las historias religiosas sobre cómo hemos llegado aquí son, sencillamente, falsas. Eso es, finalmente, lo que todas las religiones tienen en común. No lo entendieron bien. No hubo ni revolvimiento celestial, ni danza del Creador, ni vómito de galaxias, ni antepasados serpientes o canguros, ni Valhalla, ni Olimpo, ni seis días de creación seguidos de uno de descanso. Falso, falso, falso.
Sin embargo, hay un punto que resulta de lo más extraño. La falsedad de los relatos sagrados no ha disminuido en lo más mínimo el fervor de los devotos. Más bien, la sandez total y desfasada de la religión lleva a sus adeptos a insistir con mayor estridencia aún en la importancia de la fe ciega.
Por cierto, como consecuencia de esta fe, en muchas partes del mundo ha resultado imposible impedir que la cantidad de miembros de la raza humana aumente de modo alarmante. La culpa de esta superpoblación, por lo menos en algunas zonas del planeta, la tienen los malos consejos de los guías espirituales. En tu propia vida, es muy posible que asistas a la llegada del ciudadano nueve mil millones del mundo. Si eres indio (y tienes una entre seis probabilidades de serlo) estarás vivo cuando, gracias al fracaso de los planes de planificación familiar, en esa tierra pobre y temerosa de Dios, la población supere la de China. (Si bien muchas personas nacen como consecuencia, en parte, de las restricciones religiosas al control de la natalidad, también muchos seres humanos mueren a causa de la cultura religiosa que, al negarse a enfrentarse a los hechos de la sexualidad humana, también impide que se combata la propagación de las enfermedades de transmisión sexual.)
Hay quienes te dirán que los grandes conflictos serán otra vez enfrentamientos religiosos, yihads y cruzadas, como lo fueron en la Edad Media. Yo no lo creo, al menos en la forma a que ellos se refieren. Mira el mundo musulmán, o mejor dicho, el mundo islamista, por usar la palabra acuñada para describir el actual «brazo político» del Islam. Las divisiones entre sus grandes poderes (Afganistán contra Irán contra Irak contra Arabia Saudí contra Siria contra Egipto) es lo que impacta con más fuerza. Apenas hay nada que se parezca a un objetivo común. Incluso después de que la no islámica OTAN combatiera una guerra a favor de los albanokosovares musulmanes, el mundo musulmán se demoró en aportar la tan necesitada ayuda humanitaria.
Las verdaderas guerras religiosas son las luchas que las religiones libran contra los ciudadanos corrientes de su «ámbito de influencia». Son guerras de los piadosos contra los muy indefensos; fundamentalistas americanos contra médicos a favor de la legalización del aborto, ulemas iraníes contra la minoría judía de su país, fundamentalistas hindúes de Bombay contra los cada vez más atemorizados musulmanes de esa ciudad.
Los vencedores de este enfrentamiento no deben ser los de miras estrechas que van al combate, como siempre, con Dios de su parte. Elegir la falta de fe es optar por el pensamiento por encima del dogma, confiar en nuestra humanidad en lugar de en todas esas divinidades peligrosas. Así pues, ¿cómo llegamos del nuevo siglo hasta este punto? No busques la respuesta en los libros de cuentos. Los imperfectos conocimientos humanos pueden ser como una carretera llena de baches, pero son la única vía hacia la sabiduría que merece la pena conocer. Virgilio, que creía que el apicultor Aristeo podía generar espontáneamente nuevas abejas a partir del cadáver putrefacto de una vaca, estaba más cerca de la verdad sobre el origen que todos los libros antiguos venerados. Las sabidurías antiguas son las tonterías modernas. Vive en tu propio tiempo, usa lo que sabemos y, cuando crezcas, puede que por fin la especie humana crezca contigo y deje de lado las cosas infantiles. Como dice la canción, it's easy if you try («es fácil si lo intentas»). En cuanto a moralidad, la segunda gran pregunta (¿cómo vivir?, ¿qué está bien y qué está mal?) se reduce a tu disposición a pensar por ti mismo. Sólo tú puedes decidir si quieres que los sacerdotes te dicten las leyes, y aceptar que el bien y el mal son algo externo a nosotros mismos. A mi entender, la religión, incluso en su forma más sofisticada, infantiliza esencialmente nuestro yo ético al establecer unos árbitros morales infalibles y unos tentadores inmorales irredimibles por encima de nosotros; los padres eternos, buenos y malos, brillantes y oscuros, del reino sobrenatural.
¿Cómo va a haber entonces elecciones éticas sin un reglamento o juez divino? ¿Es la falta de fe el primer paso en el largo declive hacia la muerte cerebral del relativismo cultural, de modo que muchas cuestiones insoportables (la ablación de clítoris, por mencionar sólo una) pueden excusarse por motivos culturales, y la universalidad de los derechos humanos puede asimismo ignorarse? (Esta última muestra de desmoronamiento moral encuentra seguidores en algunos de los regímenes más autoritarios del mundo y también, de modo desalentador, en los artículos de opinión del Daily Telegraph.)
Pues no, no lo es, pero las razones que llevan a tal conclusión no son claras. Sólo la ideología de línea dura es clara. La libertad, que es la palabra que yo uso para la posición ética-secular, es inevitablemente más confusa. Sí, la libertad es ese espacio donde puede reinar la contradicción, es un debate infinito. No es en sí la respuesta a la pregunta sobre la moral, sino la conversación sobre esa pregunta.
Y es mucho más que el mero relativismo, porque no es meramente una tertulia infinita, sino un lugar donde se elige, donde se definen y se defienden valores. La libertad intelectual, en la historia europea, ha significado sobre todo la libertad respecto a las limitaciones de la Iglesia, no del Estado. Ésa es la batalla que libraba Voltaire, y es también lo que los seis mil millones podríamos hacer por nosotros mismos, la revolución en que cada uno de nosotros tendría su pequeña seis mil millonésima parte; de una vez por todas podríamos negarnos a dejar que los sacerdotes y las ficciones, en cuyo nombre afirman hablar, sean los policías de nuestras libertades y nuestra conducta. De una vez por todas podríamos devolver las historias a los libros, devolver los libros a los estantes e interpretar el mundo sin dogmas ni complicaciones.
Imagina que el cielo no existe, mi querido seis mil millones, y de inmediato verás el cielo abierto.
Salman Rushdie
Querida personita seis mil millones,
Como miembro más reciente de una especie que destaca por su curiosidad, es probable que no pase mucho tiempo antes de que empieces a formular las dos preguntas de los sesenta y cuatro mil dólares con las que los demás 5.999.999.999 de nosotros llevamos algún tiempo peleándonos:
¿Cómo llegamos aquí?
Y, ahora que estamos aquí, ¿cómo viviremos?
Por extraño que parezca, por si seis mil millones no fuéramos bastantes, con casi toda seguridad te sugerirán que la respuesta a la pregunta de nuestro origen exige que creas en la existencia de un Ser distinto, invisible, inefable, que se encuentra «en algún lugar allá arriba»; un creador omnipotente a quien nosotros, pobres seres limitados, somos incapaces de percibir, y mucho menos comprender. Es decir, te animarán encarecidamente a imaginar un cielo, habitado por un dios, como mínimo.
Este dios del cielo, según se dice, creó el universo revolviendo su materia en una olla gigante. O bien bailó. O bien vomitó la Creación de su propio interior. O bien se limitó a decir que se hiciera y hete aquí que se hizo. En algunas de las historias más interesantes de la creación, ese único poderoso Dios del cielo se subdivide en muchas fuerzas menos importantes, divinidades menores, avatares, «antepasados» metamórficos gigantescos cuyas aventuras crean el paisaje, o los panteones crueles, entrometidos, licenciosos y caprichosos de los grandes politeísmos, cuyos actos alocados te convencerán de ,que el motor real de la creación fue el deseo: de poder infinito, de cuerpos humanos demasiado quebradizos, de aureolas de gloria. Pero es de justicia añadir que también hay historias que transmiten el mensaje de que el principal impulso creador fue, y es, el amor.
Muchas de estas historias te parecerán muy bellas y, por lo tanto, seductoras. Por desgracia, sin embargo, no tendrás que reaccionar de modo puramente literario a ellas. Sólo las historias de las religiones «muertas» pueden valorarse por su belleza. Las religiones vivas son mucho más exigentes. Así que te dirán que la creencia en «tus» historias, y la observancia de los rituales de culto que han surgido a su alrededor, deben convertirse en una parte fundamental de tu vida en este concurrido mundo. Las llamarán el corazón de tu cultura, incluso de tu identidad individual.
Es posible que en algún momento te parezcan ineludibles, no en la forma en que la verdad lo es, sino más bien como una cárcel de la que uno no puede evadirse. Puede que en algún momento dejen de parecerte textos que los seres humanos han empleado para resolver un gran misterio, y en cambio te parezcan pretextos para que otros seres humanos, ungidos como es debido, te den órdenes. Y es cierto que la historia humana abunda en la opresión pública que ejercen los aurigas de los dioses. Según la gente religiosa, sin embargo, el consuelo particular que la religión proporciona compensa con creces el mal que se inflige en su nombre.
A medida que los conocimientos humanos han ido aumentando, también se ha vuelto evidente que todas las historias religiosas sobre cómo hemos llegado aquí son, sencillamente, falsas. Eso es, finalmente, lo que todas las religiones tienen en común. No lo entendieron bien. No hubo ni revolvimiento celestial, ni danza del Creador, ni vómito de galaxias, ni antepasados serpientes o canguros, ni Valhalla, ni Olimpo, ni seis días de creación seguidos de uno de descanso. Falso, falso, falso.
Sin embargo, hay un punto que resulta de lo más extraño. La falsedad de los relatos sagrados no ha disminuido en lo más mínimo el fervor de los devotos. Más bien, la sandez total y desfasada de la religión lleva a sus adeptos a insistir con mayor estridencia aún en la importancia de la fe ciega.
Por cierto, como consecuencia de esta fe, en muchas partes del mundo ha resultado imposible impedir que la cantidad de miembros de la raza humana aumente de modo alarmante. La culpa de esta superpoblación, por lo menos en algunas zonas del planeta, la tienen los malos consejos de los guías espirituales. En tu propia vida, es muy posible que asistas a la llegada del ciudadano nueve mil millones del mundo. Si eres indio (y tienes una entre seis probabilidades de serlo) estarás vivo cuando, gracias al fracaso de los planes de planificación familiar, en esa tierra pobre y temerosa de Dios, la población supere la de China. (Si bien muchas personas nacen como consecuencia, en parte, de las restricciones religiosas al control de la natalidad, también muchos seres humanos mueren a causa de la cultura religiosa que, al negarse a enfrentarse a los hechos de la sexualidad humana, también impide que se combata la propagación de las enfermedades de transmisión sexual.)
Hay quienes te dirán que los grandes conflictos serán otra vez enfrentamientos religiosos, yihads y cruzadas, como lo fueron en la Edad Media. Yo no lo creo, al menos en la forma a que ellos se refieren. Mira el mundo musulmán, o mejor dicho, el mundo islamista, por usar la palabra acuñada para describir el actual «brazo político» del Islam. Las divisiones entre sus grandes poderes (Afganistán contra Irán contra Irak contra Arabia Saudí contra Siria contra Egipto) es lo que impacta con más fuerza. Apenas hay nada que se parezca a un objetivo común. Incluso después de que la no islámica OTAN combatiera una guerra a favor de los albanokosovares musulmanes, el mundo musulmán se demoró en aportar la tan necesitada ayuda humanitaria.
Las verdaderas guerras religiosas son las luchas que las religiones libran contra los ciudadanos corrientes de su «ámbito de influencia». Son guerras de los piadosos contra los muy indefensos; fundamentalistas americanos contra médicos a favor de la legalización del aborto, ulemas iraníes contra la minoría judía de su país, fundamentalistas hindúes de Bombay contra los cada vez más atemorizados musulmanes de esa ciudad.
Los vencedores de este enfrentamiento no deben ser los de miras estrechas que van al combate, como siempre, con Dios de su parte. Elegir la falta de fe es optar por el pensamiento por encima del dogma, confiar en nuestra humanidad en lugar de en todas esas divinidades peligrosas. Así pues, ¿cómo llegamos del nuevo siglo hasta este punto? No busques la respuesta en los libros de cuentos. Los imperfectos conocimientos humanos pueden ser como una carretera llena de baches, pero son la única vía hacia la sabiduría que merece la pena conocer. Virgilio, que creía que el apicultor Aristeo podía generar espontáneamente nuevas abejas a partir del cadáver putrefacto de una vaca, estaba más cerca de la verdad sobre el origen que todos los libros antiguos venerados. Las sabidurías antiguas son las tonterías modernas. Vive en tu propio tiempo, usa lo que sabemos y, cuando crezcas, puede que por fin la especie humana crezca contigo y deje de lado las cosas infantiles. Como dice la canción, it's easy if you try («es fácil si lo intentas»). En cuanto a moralidad, la segunda gran pregunta (¿cómo vivir?, ¿qué está bien y qué está mal?) se reduce a tu disposición a pensar por ti mismo. Sólo tú puedes decidir si quieres que los sacerdotes te dicten las leyes, y aceptar que el bien y el mal son algo externo a nosotros mismos. A mi entender, la religión, incluso en su forma más sofisticada, infantiliza esencialmente nuestro yo ético al establecer unos árbitros morales infalibles y unos tentadores inmorales irredimibles por encima de nosotros; los padres eternos, buenos y malos, brillantes y oscuros, del reino sobrenatural.
¿Cómo va a haber entonces elecciones éticas sin un reglamento o juez divino? ¿Es la falta de fe el primer paso en el largo declive hacia la muerte cerebral del relativismo cultural, de modo que muchas cuestiones insoportables (la ablación de clítoris, por mencionar sólo una) pueden excusarse por motivos culturales, y la universalidad de los derechos humanos puede asimismo ignorarse? (Esta última muestra de desmoronamiento moral encuentra seguidores en algunos de los regímenes más autoritarios del mundo y también, de modo desalentador, en los artículos de opinión del Daily Telegraph.)
Pues no, no lo es, pero las razones que llevan a tal conclusión no son claras. Sólo la ideología de línea dura es clara. La libertad, que es la palabra que yo uso para la posición ética-secular, es inevitablemente más confusa. Sí, la libertad es ese espacio donde puede reinar la contradicción, es un debate infinito. No es en sí la respuesta a la pregunta sobre la moral, sino la conversación sobre esa pregunta.
Y es mucho más que el mero relativismo, porque no es meramente una tertulia infinita, sino un lugar donde se elige, donde se definen y se defienden valores. La libertad intelectual, en la historia europea, ha significado sobre todo la libertad respecto a las limitaciones de la Iglesia, no del Estado. Ésa es la batalla que libraba Voltaire, y es también lo que los seis mil millones podríamos hacer por nosotros mismos, la revolución en que cada uno de nosotros tendría su pequeña seis mil millonésima parte; de una vez por todas podríamos negarnos a dejar que los sacerdotes y las ficciones, en cuyo nombre afirman hablar, sean los policías de nuestras libertades y nuestra conducta. De una vez por todas podríamos devolver las historias a los libros, devolver los libros a los estantes e interpretar el mundo sin dogmas ni complicaciones.
Imagina que el cielo no existe, mi querido seis mil millones, y de inmediato verás el cielo abierto.
Salman Rushdie
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