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25 de agosto de 2011

Ayer, Borges habría cumplido 112 años (Google le dedicó su logo). Hoy (vía Martín Palma en Google+), me he encontrado con este vídeo, que me ha gustado:



El vídeo pertenece al parecer a una serie, en la que hay uno dedicado a Sabines y a la luna, que por supuesto he tenido que ver :)

12 de julio de 2011

tic tac...

A estas horas, aquí



Habría que bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo,
dejar mi cuarto encerrado
y bajar a bailar entre borrachos.
Uno es un tonto en una cama acostado,
sin mujer, aburrido, pensando,
sólo pensando.

No tengo hambre de amor, pero no quiero
pasar todas las noches embrocado
mirándome los brazos,
o, apagada la luz, trazando líneas con la luz del cigarro.
Leer o recordar,
o sentirme tufos de literato,
o esperar algo.

Habría que bajar a una calle desierta
y con las manos en las bolsas, despacio,
caminar con mis pies e irles diciendo:
uno, dos, tres, cuatro...
Este cielo de México es oscuro,
lleno de gatos,
con estrellas miedosas
y con el aire apretado.
(Anoche, sin embargo, había llovido
y era fresco, amoroso, delgado.)

Hoy habría que pasármela llorando
en una acera húmeda, al pie de un árbol,
o esperar un tranvía escandaloso
para gritar con fuerzas, bien alto.
Si yo tuviera un perro podría acariciarlo.
Si yo tuviera un hijo le enseñaría mi retrato,
o le diría un cuento
que no dijera nada, pero que fuera largo.
Yo ya no quiero, ¡no!, yo ya no quiero
seguir todas las noches vigilando
cuándo voy a dormirme, ¡cuándo!

Yo lo que quiero es que pase algo,
que me muera de veras
o que de veras esté fastidiado,
o cuando menos que se caiga el techo
de mi casa un rato.
La jaula que me cuente sus amores con el canario.
La pobre luna, a la que todavía le cantan los gitanos,
y la dulce luna de mi armario,
que me digan algo,
que me hablen en metáforas
como dicen que hablan,
este vino es amargo,
bajo la lengua tengo un escarabajo.

¡Qué bueno que se quedara mi cuarto
toda la noche solo, hecho un tonto, mirando!

Jaime Sabines

26 de marzo de 2011

Gratitud



Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno, me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho ni es poco, es bastante. En una semana se pueden reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio, porque las mejores palabras de amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: “qué calor hace”, “dame agua”, “¿sabes manejar?”, “se hizo de noche”… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho “ya es tarde”, y tú sabías que decía “te quiero”.)

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Jaime Sabines

21 de marzo de 2011

¡Viva la poesía!

Me acabo de enterar de que hoy es el Día Mundial de la Poesía (todo con mayúscula, para que parezca mucho más serio).

Me pongo a repasar lo que he ido poniendo en este blog bajo la etiqueta "poesía" a lo largo de más de cinco años ya: creo que refleja lo más hondo que hay en mí, lo que soy, lo que no soy, lo que anhelo, lo que me conmueve, lo que me duele, lo que me hace llorar.

Quiero poesía. Necesito poesía en vena. Pero no las cursiladas aparentemente brillantes y profundas que se disuelven instantáneamente como azucarillos. 

Quiero poesía de la buena, de la de verdad. De la que duele porque nos arranca la venda de los ojos, de la piel, del alma.

La poesía no necesita palabras, pero reconozco que a mí me impresiona y sobrecoge especialmente cuando está escrita utilizando la expresión precisa, justa.

Como la que escribe Idea Vilariño:

Tal vez no era pensar
Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto,
sino darse y tomar perdida, ingenuamente,
tal vez pude elegir, o necesariamente,
tenía que pedir sentido a toda cosa.
Tal vez no fue vivir este estar silenciosa
y despiadadamente al borde de la angustia
y este terco sentir debajo de su música
un silencio de muerte, de abismo a cada cosa.
Tal vez debí quedarme en los amores quietos
que podrían llenar mi vida con un nombre
en vez de buscar al evadido del hombre,
despojado, sin alma, ser puro, esqueleto.
Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto.
sino amarse y amar, perdida, ingenuamente.
Tal vez pude subir como una flor ardiente
o tener un profundo destino de semilla
en vez de esta terrible lucidez amarilla
y de este estar de estatua con los ojos vacíos.
Tal vez pude doblar este destino mío
en música inefable. O necesariamente... 


Decir no
Decir no
Atarme al mástil
Pero
Deseando que el viento lo voltee
Que la sirena suba y con los dientes

Corte las cuerdas y me arrastre al fondo
Diciendo no no no

Pero siguiéndola.

O la de Jaime Sabines:

Tú tienes lo que busco, lo que deseo, lo que amo,
tú lo tienes.
El puño de mi corazón está golpeando, llamando.
Te agradezco a los cuentos,
doy gracias a tu madre y a tu padre,
y a la muerte que no te ha visto.
Te agradezco al aire.
Eres esbelta como el trigo,
frágil como la línea de tu cuerpo.
Nunca he amado a mujer delgada
pero tú has enamorado mis manos,
ataste mi deseo,
cogiste mis ojos como dos peces.


O la de Leonard Cohen:

You'll go your way
I'll go your way too


O la de Ángel González:

Y ahora,
con el alma vacía como tantas
veces,
contemplo el lento paso de los días
que me empujan no sé hacia qué destino
oscuro, presentido
ya sin curiosidad. Es aburrido
saber y no saber, equivocarse
y acertar. También estar seguro
es tan insoportable en muchos casos
como dudar, como ceder, como desmoronarse.

Seguro, a salvo, ahora
que ya pasó el dolor,
observo la zozobra lo mismo que una estela
fundida a mis espaldas
con el espeso limo
de los sucesos cotidianos, dados
- antes de ser recuerdos - al olvido.
La indiferencia ante la propia suerte
no es mejor compañera que la angustia,
ni mi sonrisa
(cuando el azar nos pone,
-------------------------viejo amor,
------------------------------------frente a frente)
representa otra cosa que la ausencia
de algún gesto más justo
para significar la seca, dolorosa,
irreparable pérdida del llanto.


O de Joaquín Sabina, claro:

El moño, las pestañas, las pupilas,
el peroné, la tibia, las narices,
la frente, los tobillos, las axilas,
el menisco, la aorta, las varices.

La garganta, los párpados, las cejas,
las plantas de los pies, la comisura,
los cabellos, el coxis, las orejas,
los nervios, la matriz, la dentadura.

Las encías, las nalgas, los tendones,
la rabadilla, el vientre, las costillas,
los húmeros, el pubis, los talones.

La clavícula, el cráneo, la papada,
el clítoris, el alma, las cosquillas,
ésa es mi patria, alrededor no hay nada.



Feliz día mundial de la poesía (con minúsculas bien pequeñas), queridas lectoras.

:)

20 de junio de 2010

Si sobrevives, si persistes

Si sobrevives, si persistes, canta,
sueña, emborráchate.
Es el tiempo del frío: ama,
apresúrate. El viento de las horas
barre las calles, los caminos.
Los árboles esperan: tú no esperes,
éste es el tiempo de vivir, el único.

Jaime Sabines


Buscando el texto del poema, doy con este artículo de Ángeles Mastretta en El País sobre su encuentro con Sabines, trufado de citas gloriosas del maestro. Como muestra un botón:

"¡Si uno pudiera encontrar lo que hay que decir cuando todas las palabras se han levantado del campo como palomas asustadas!"

18 de junio de 2010

Palabras

Ayer volviendo de Toledo tras un tiempo de abstinencia me dio por escuchar a Leonard.

Y sentí con más fuerza algo que vengo notando desde hace un tiempo: mi vida está últimamente llena de prosa, me falta poesía.

No es necesariamente algo malo (prosa significa información, conocimiento, y eso me gusta mucho), pero hay momentos, como ayer al escuchar Coming back to you tras conocer a la pequeña A, la hermosa niña de R&A, en que no dejo de echar en falta descubrir y disfrutar voces, como Sabines o Idea, que me remuevan, que me conmuevan.

23 de septiembre de 2009

Los amorosos





Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor.
Los amorosos viven al día,
no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.

Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡qué bueno!- han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse,
dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.

Jaime Sabines


Extraordinario poema, maravilloso el recitado del propio poeta.

Después de todo el día (todos los días) delante de la pantalla, y por muy enganchado que esté a la inmediatez inmaterial de la red, a la inmensidad de todo lo que me queda por saber, daría mi reino por pasar un ratito con una low-tech lady escuchando, saboreando, oliendo, cantando, llorando (de alegría, no de tristeza, S. ;-) como Sabines.

Añado el vídeo:

11 de septiembre de 2009

Mi corazón emprende
de mi cuerpo a tu cuerpo último viaje.
Retoño de la luz,
agua de las edades que en ti, perdida, nace.
Ven a mi sed. Ahora.
Después de todo. Antes.
Ven a mi larga sed entretenida
en bocas, escasos manantiales.
quiero esa arpa honda que en tu vientre
arrulla niños salvajes.
Quiero esa tensa humedad que te palpita,
esa humedad de agua que te arde.
Mujer, músculo suave.
La piel de un beso entre tus senos
de obscurecido oleaje
me navega en la boca
y mide sangre.
Tú también. Y no es tarde.
Aún podemos morirnos uno en otro:
es tuyo y mío ese lugar de nadie.
Mujer, ternura de odio, antigua madre,
quiero entrar, penetrarte,
veneno, llama, ausencia,
mar amargo y amargo, atravesarte.
Cada célula es hembra, tierra abierta,
agua abierta, cosa que se abre.
Yo nací para entrarte.
Soy la flecha en el lomo de la gacela agonizante.
Por conocerte estoy,
grano de angustia en corazón de ave.
Yo estaré sobre ti, y todas las mujeres
tendrán un hombre encima en todas partes.

Jaime Sabines

10 de septiembre de 2009

Coming back to Leonard (encore une fois)

Poesía en vena es lo que me pide el cuerpo (o sea, el alma (que está en el cuerpo)).

Lo ideal creo que sería Sabines, pero una buena dosis del jefe Cohen (dos días para el reencuentro) will do, así que me pongo en el mp3 su último disco, que empieza así, en el delicioso y trabajoso francés macarrónico de este québécois errante:

Fais-moi danser à ta beauté avec un violon enflammé
Fais-moi danser dans la panique jusqu'à ce que je sois en sureté
Lève-moi comme une branche d'olivier, sois ma colombe de retour (?)
Fais-moi danser jusqu'au bout de l'amour

Dance me to your beauty with a burning violin
Dance me through the panic 'til I'm gathered safely in
Hold me like an olive branch, be my homeward dove
Dance me to the end of love...

[La transcripción es mía, así que no descarten errores e invenciones...]

4 de septiembre de 2009

Tú tienes lo que busco, lo que deseo, lo que amo,
tú lo tienes.
El puño de mi corazón está golpeando, llamando.
Te agradezco a los cuentos,
doy gracias a tu madre y a tu padre,
y a la muerte que no te ha visto.
Te agradezco al aire.
Eres esbelta como el trigo,
frágil como la línea de tu cuerpo.
Nunca he amado a mujer delgada
pero tú has enamorado mis manos,
ataste mi deseo,
cogiste mis ojos como dos peces.

Jaime Sabines

11 de octubre de 2007

Más Sabines

Ocurre que la realidad es superior a los sueños. En vez de pedir "déjame soñar", se debería decir: "déjame mirar".

Juega uno a vivir.

Jaime Sabines, en su libro Diario semanario y poemas en prosa.

Nota: para completar la discoteca Sabines, he aquí al mexicano leyendo poemas de Pablo Neruda. Con mucha más emoción que el chileno, por cierto...

10 de octubre de 2007

Sabines

Reconozco que mi relación con los libros no es normal.

En realidad, pese a lo que a algunos les parezca, leo muy poco: es verdad que cada día me hago mi resumen de prensa y que trato de estar al día de lo que pasa en el mundo e incluso ir un poco más allá y leer artículos "de fondo", "de análisis", chorizos de varias páginas con los que me gano mi fama de cultureta. Pero también lo es que me cuesta mucho acabarme un libro, mantener la concentración y el interés durante las horas, días, que tardaría en leer cientos de páginas, siempre se me cruza otro libro que me parece más interesante, más atractivo, o al menos más nuevo...

Pero, sin embargo, no soy capaz de dejar de comprarme libros. De hecho, es mi equivalente al shopping histérico de las marujas, que necesitan gastarse dinero en cualquier cosa para sentir que su vida tiene algún sentido. Eso es lo que me pasa a mí, pero sólo con los libros. Ayer, por ejemplo, paseaba por Madriz, tras una sesión de psicóloga, y pasé delante de una librería que no sabía ni que existía, la que el Fondo de Cultura Económica tiene en Moncloa. (Pese al tremendo nombre, la editorial, mexicana, no se dedica ni exclusiva, ni siquiera principalmente, a publicar libros de economía. De hecho, no estoy seguro de que publique libros de economía...)

En fin, que paré delante de su escaparate y vi una antología del gran poeta mexicano Jaime Sabines, del que ya he escrito aquí alguna vez, que tan poco conocido es en España y al que yo llegué de chiripa, por un artículo que leí en El País hace unos años.

Desde entonces, de vez en cuando busco libros suyos en las librerías, por si a alguien se le ha ocurrido traer algo desde México (que yo sepa, aquí sólo hay editada una breve antología en Visor). Hace un tiempo tuve suerte y encontré unos cuantos libritos mexicanos de Sabines, que guardo como oro en paño.

El caso es que ayer, en el escaparate, vi otra antología suya y no me pude resistir, pese a que probablemente la mayoría de los poemas que recoge están ya en esos libritos-tesoro.

Pero es que, como digo, lo mío con los libros no es normal...

...y Sabines es muy grande:

He repartido mi vida inútilmente entre el amor y el deseo, la queja de la muerte y el lamento de la soledad. Me aparté de los pensamientos profundos y he agredido a cuerpo con todos los excesos y he ofendido a mi alma con la negación.

Me he sentido culpable de derrochar la vida y no he querido quedarme en casa a atesorarla. Tuve miedo del fuego y me incineré. Amaba las páginas de un libro y corría a las calles a aturdirme. Todo ha sido superficial y vacío. No tuve odio sino amargura, nunca rencor sino desencanto. Lo esperé todo de los hombres y todo lo obtuve. Sólo de mí no he sacado nada: en esto me parezco a las tumbas.

Jaime Sabines, en su libro Maltiempo
Y, además, tenemos la suerte de poder escucharlo recitando sus poemas, y lo hace de maravilla. He subido aquí uno de mis preferidos, y sé que se pueden escuchar algunos más en amediavoz.com, a la que no puedo acceder desde aquí, desde el curro.

Añadido: he colgado aquí el recital completo, Jaime Sabines en Bellas Artes. Emocionante.