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24 de febrero de 2012

Ella



«[Ella Fitzgerald] performed a cultural transaction as extraordinary as Elvis's contemporaneous integration of white and African-American soul. Here was a black woman popularizing urban songs often written by immigrant Jews to a national audience of predominantly white Christians.»

Gracias a Carlos Galilea, en el programa de ayer de Cuando los elefantes sueñan con la música, titulado Ella y Milton, me entero de esta frase (¡grande!), que apareció en la necrológica de Ella en el New York Times y yo he encontrado en Wikipedia.

25 de julio de 2011

“Hay que aprender a decir más con menos palabras. He llegado a un punto en mi carrera en que quiero expresar las emociones más profundas con el mínimo de notas. Esta es la verdadera sabiduría”.

Toots Thielemans

A eso me refería yo el otro día. Y si lo dice este pedazo de crack...

:)

3 de junio de 2011

28 de agosto de 2010

Lullaby of Birdland



Coincido con quien subió el vídeo a Youtube: "In my humble opinion the best version of this classic song."

3 de mayo de 2010

Saint James Infirmary

Esperando el cuarto capítulo de Tremé, en el que al parecer alguien canta en algún momento un fragmento de esta maravilla:



I went down to the Saint James Infirmary
Saw my baby there
She was stretched out on a long white table
So cold, so sweet, so fair

Let her go, let her go, God bless her!
Wherever she may be
She can look this wide world over
But she'll never find a sweet man like me

When I die bury me in straight lace shoes
I wanna a boxback coat and a Stetson hat
Put a twenty dollar gold piece on my watch chain
So the boys will know that I died standing flat

Anónimo

1 de marzo de 2010

Afinando

Tarde aprendiendo Drupal. Con musiquilla de fondo.

Tranquilidad. Casi alegría.

Qué fácil puede ser todo cuando el detector está en on.

Y más fácil aún si suena esto:



(Que para mí, por razones que no vienen al caso, es prácticamente sinónimo de sexo :-P)

16 de octubre de 2007

TODA UNA INVITACIÓN A MOJARSE LOS LABIOS CON EL FILO DE LA LENGUA A RASTREAR OLER ARRODILLARSE Y ZAMBULLIRSE EN LAS AGUAS TERMALES DEL DESEO

Dolor paterno en fa sostenido
Julio Cortázar


Coleman Hawkins, whisky, cara de buen ladrón
tocaba Body and Soul con el sombrero puesto
como diciendo que se iría pronto

Escucho
hoy su saxo tenor que se escapa corriendo
tras una camarera licenciosa y sucia,
una de ésas que hace y deshace el amor,
que finge más clase con pendientes negros.
Una sobreviviente
que maldice y sabe cómo se mata a un feto.

La música me arrastra
y pruebo a acrecentar la leyenda de los débiles,
de esos genios malditos más por obligación
que por auténtica
necesidad.

Ahora
con su emoción destapa mi deseo más lúgubre,
furtivo, enredado, denso, musical.
Y denuncia en parte lo convencional,
lo reglado e hipócrita.
Ese saxo cruje,
intimida y brilla igual que un relámpago
y me pongo en guardia.

¿Por qué hay aún más muertos en guerras artísticas
que coleccionistas de discos usados?
¿Por qué mientras viene y vuelve esta canción
sé que cuando sea viejo y venerable
ansiaré acostarme con una estudiante
y robar su alma recién estrenada?
¿Por qué te amo o me odio ahora que el deseo
corta como el borde de una lata abierta?

Nada duele más que la clarividencia;
dicen.

Todos los presbíteros del jazz se asesinaron a sí mismos
para hacernos sentir aún más culpables.
Esa música intrépida
es la venganza procaz de los esclavos
al incitar al mundo a liberarse o ampliarse
escuchando en silencio los latidos unísonos
de
las minorías.

Esa música
que nos convierte a oscuras en pirómanos...

¡Vale! ¡Que la prohíban!

Luis Artigue, en su libro Tres, dos, uno... jazz

19 de marzo de 2007

Tres deseos

Ha dado mucho juego el Radar de esta semana: además del artículo de los mapas sobre el que antes he escrito, este otro, emocionante para quien, como yo, se sienta subyugado por las figuras míticas del jazz, esos negros libres y poderosos que, en una sociedad racista y cabrona, hicieron la mejor música del siglo XX.

Se trata de la reseña de un libro de reciente aparición en Francia, titulado Les Musiciens de jazz et leurs trois voeux (Los músicos de jazz y sus tres deseos), escrito por Pannonica "Nica" de Koenigswarter, aristócrata inglesa, vividora, mecenas y amiga de, entro otros, Charlie Parker, Bud Powell o Thelonious Monk.

Durante años, se dedicó a fotografiar a los músicos de jazz con su Polaroid y a preguntarles: ¿cuáles son tus tres deseos?.

Algunas de las respuestas, por lo que se intuye en el artículo, son de lo más mundanas (Cliford Jarvis: “Tener una batería nueva”, Coltrane: “Tener tres veces la potencia sexual de hoy”), otras son sublimes, dignas de artistas (George Coleman: “Ser la mitad de lo bueno que es Bird”, Paul Wheaton: “Poder tocar lo que siento”, Sun Ra: “Un instrumento flexible para reflejar todas las emociones de cualquier ser viviente, incluido un gato o un pájaro”).

Y luego está la de Miles Davis: "Quiero ser blanco".