Para él [Michael Oakeshott], educar consiste ante todo en iniciar a las personas en las aventuras de la autocomprensión, haciéndolas capaces de participar en la inacabable conversación cultural hecha de símbolos, creencias, indagaciones y sentimientos en la que históricamente crecemos y vivimos. No se compone de la escueta declaración "de que un ser humano es una inteligencia autoconsciente y reflexiva y que no vive únicamente del pan, sino de las indagaciones, las acciones y los enunciados concretos en los que los seres humanos expresaron su comprensión de la condición humana". Lo que debe transmitir la enseñanza no es una simple y atareada preparación para el presente sino distanciarnos de él en beneficio del desarrollo de nuestra condición esencial. Componente básico de la idea de "escuela" es "el alejamiento del mundo inmediato y local del estudiante, de las preocupaciones de momento de ese mundo y de la dirección que éste le da a la atención del estudiante, ya que tal es el significado correcto de la palabra schole (y no 'tiempo libre' ni 'ocio')".
Fernando Savater, ayer en su artículo La educación liberal en El País.
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14 de abril de 2010
25 de marzo de 2010
Savater (y 2)
Ayer Savater volvió a repetirnos las verdades del barquero. Nada que un buen fan no haya oído ya unas cuantas veces, pero yo no me canso. De hecho, lo que dijo me lleva a esta modesta reflexión:
En España (me imagino que otros países también, aunque quizá no hasta ese punto), tenemos una tendencia generalizada a culpar de todos los males de la sociedad a la "clase política", que por supuesto no tiene nada que ver con nosotros, los ciudadanos.
Aunque reconozco que también es práctica habitual culpar a Franco de todos los males actuales, es posible que esta actitud sea de alguna forma herencia de los casi cuarenta años de dictadura, durante los que estuvimos (estuvieron) desposeídos de nuestros derechos políticos, y por tanto nos acostumbramos a ver a quienes mandaban como pertenecientes a una categoría distinta.
El caso es que, como dice Savater, creo que haríamos bien en aceptar que los políticos son como nosotros, quizá demasiado como nosotros ("humanos, demasiado humanos", dijo él); que tenemos los políticos que nos merecemos; que si no son mejores es porque no les exigimos más, o no los cambiamos, incluso presentándonos nosotros mismos a las elecciones.
Pero muchos no estamos dispuestos a tomarnos la molestia de dedicar tiempo y esfuerzo a la actividad política. Y sin embargo no paramos de quejarnos de lo que hay, de lo mal que está todo. Quejas retóricas que no conducen en la práctica a nada. Y que a mí personalmente hace ya tiempo que me cansan.
Relacionado con lo anterior, creo que otro de los males que aqueja a nuestra sociedad (también sé que esto no es endémico, pero tiendo a pensar que es más grave aquí que en otros sitios), de lo que algo se atisbó ayer en el turno de debate (bien animado, por cierto), es el sectarismo: Muchas veces, parece que uno es de un partido político como se es forofo de un equipo de fútbol, manque pierda. Y así, como comentaba Savater, es habitual, aunque no deja de ser descorazonador, que políticos de cualquier signo inculpados e incluso condenados por corrupción, sigan contando con un considerable apoyo popular. (A mi kabeza viene un tal Jesús Gil, alias La Cosa, al que dios tenga en su gloria...)
Dos cosas me gustaron especialmente de la experiencia de ayer:
Que Savater se encendiera y respondiese con educación pero con considerable contundencia a quienes defendían la objeción a la asignatura de educación para la ciudadanía, en particular dejando traslucir el argumento, reaccionario a más no poder, de que la transmisión de valores a los niños es responsabilidad exclusiva de los padres, de la familia.
Como explicó don Fernando, si los niños fuesen a vivir toda su vida sin salir de sus casas, sin relacionarse con nadie más que con su familia, se podría llegar a aceptar que recayese únicamente en ésta la obligación de educarlos (domarlos). Pero desde el momento en que viven en sociedad, ésta en su conjunto también tiene algo que decir, algo que enseñarles. De hecho, continuó Savater, una de las obligaciones de la sociedad para con los niños es hacerles ver que en la sociedad existen opiniones, formas de ver la vida, distintas de las de sus padres; que los hijos "no están obligados a repetir los errores (o los aciertos)" de sus mayores.
También me llevé una sorpresa agradable cuando Savater, al que tenía por moderadamente tecnófobo (quizá simplemente porque su actitud ante las nuevas tecnologías es algo más escéptica que la que impera, que la mía), alabó las virtudes de Internet como medio para el ejercicio de la acción política, llegando a afirmar que la existencia de UPyD, el partido al que presta su apoyo y que contribuyó a fundar, sería imposible sin la Red.
En España (me imagino que otros países también, aunque quizá no hasta ese punto), tenemos una tendencia generalizada a culpar de todos los males de la sociedad a la "clase política", que por supuesto no tiene nada que ver con nosotros, los ciudadanos.
Aunque reconozco que también es práctica habitual culpar a Franco de todos los males actuales, es posible que esta actitud sea de alguna forma herencia de los casi cuarenta años de dictadura, durante los que estuvimos (estuvieron) desposeídos de nuestros derechos políticos, y por tanto nos acostumbramos a ver a quienes mandaban como pertenecientes a una categoría distinta.
El caso es que, como dice Savater, creo que haríamos bien en aceptar que los políticos son como nosotros, quizá demasiado como nosotros ("humanos, demasiado humanos", dijo él); que tenemos los políticos que nos merecemos; que si no son mejores es porque no les exigimos más, o no los cambiamos, incluso presentándonos nosotros mismos a las elecciones.
Pero muchos no estamos dispuestos a tomarnos la molestia de dedicar tiempo y esfuerzo a la actividad política. Y sin embargo no paramos de quejarnos de lo que hay, de lo mal que está todo. Quejas retóricas que no conducen en la práctica a nada. Y que a mí personalmente hace ya tiempo que me cansan.
Relacionado con lo anterior, creo que otro de los males que aqueja a nuestra sociedad (también sé que esto no es endémico, pero tiendo a pensar que es más grave aquí que en otros sitios), de lo que algo se atisbó ayer en el turno de debate (bien animado, por cierto), es el sectarismo: Muchas veces, parece que uno es de un partido político como se es forofo de un equipo de fútbol, manque pierda. Y así, como comentaba Savater, es habitual, aunque no deja de ser descorazonador, que políticos de cualquier signo inculpados e incluso condenados por corrupción, sigan contando con un considerable apoyo popular. (A mi kabeza viene un tal Jesús Gil, alias La Cosa, al que dios tenga en su gloria...)
Dos cosas me gustaron especialmente de la experiencia de ayer:
Que Savater se encendiera y respondiese con educación pero con considerable contundencia a quienes defendían la objeción a la asignatura de educación para la ciudadanía, en particular dejando traslucir el argumento, reaccionario a más no poder, de que la transmisión de valores a los niños es responsabilidad exclusiva de los padres, de la familia.
Como explicó don Fernando, si los niños fuesen a vivir toda su vida sin salir de sus casas, sin relacionarse con nadie más que con su familia, se podría llegar a aceptar que recayese únicamente en ésta la obligación de educarlos (domarlos). Pero desde el momento en que viven en sociedad, ésta en su conjunto también tiene algo que decir, algo que enseñarles. De hecho, continuó Savater, una de las obligaciones de la sociedad para con los niños es hacerles ver que en la sociedad existen opiniones, formas de ver la vida, distintas de las de sus padres; que los hijos "no están obligados a repetir los errores (o los aciertos)" de sus mayores.
También me llevé una sorpresa agradable cuando Savater, al que tenía por moderadamente tecnófobo (quizá simplemente porque su actitud ante las nuevas tecnologías es algo más escéptica que la que impera, que la mía), alabó las virtudes de Internet como medio para el ejercicio de la acción política, llegando a afirmar que la existencia de UPyD, el partido al que presta su apoyo y que contribuyó a fundar, sería imposible sin la Red.
24 de marzo de 2010
Savater
Esta tarde, aquí en Toledo, reencuentro con don Fernando, que nos hablará de "El Espacio Público de la Ciudadanía".
Y yo con una contractura sobrevenida en la espalda que me ha dejado tieso.
Por cierto, que esta mañana he estado a punto de tener una iluminación relacionada con Savater:
Escuchando una conversación con Leon Wieseltier, editor literario de The New Republic, éste ha explicado que para él hay dos tipos de racionalistas: de un lado, los que no quieren prestar atención a las tendencias irracionales, a la parte oscura, ¿animal?, de los seres humanos, para evitar así dignificarlas, darles entrada en el debate intelectual; de otro, aquéllos a los que es precisamente esta faceta sombría, antimoderna, la que más los estimula.
Savater es sin duda de estos últimos. Y me gusta pensar que me ha enseñado a apreciar la luz en las tinieblas.
Hala.
Y yo con una contractura sobrevenida en la espalda que me ha dejado tieso.
Por cierto, que esta mañana he estado a punto de tener una iluminación relacionada con Savater:
Escuchando una conversación con Leon Wieseltier, editor literario de The New Republic, éste ha explicado que para él hay dos tipos de racionalistas: de un lado, los que no quieren prestar atención a las tendencias irracionales, a la parte oscura, ¿animal?, de los seres humanos, para evitar así dignificarlas, darles entrada en el debate intelectual; de otro, aquéllos a los que es precisamente esta faceta sombría, antimoderna, la que más los estimula.
Savater es sin duda de estos últimos. Y me gusta pensar que me ha enseñado a apreciar la luz en las tinieblas.
Hala.
28 de febrero de 2010
Los símbolos
Porque, en efecto, los símbolos del Estado democrático, es decir, la bandera, el himno, los reyes, etcétera, no son una sustancia sentimental para la mayoría de nosotros. Vivimos por y para otras cosas, no obsesionados por proclamar congestiones patrioteras... como por cierto hacen un día sí y otro también los nacionalistas de cualquier cuño. Pero cuando hay algunos enemigos de nuestra convivencia democrática que se toman muy en serio esos símbolos para denostarlos y ultrajarlos, es preciso que los demás nos los tomemos también serenamente en serio para defenderlos. Resulta ridículo y entristecedor que haya cien merluzos en los medios de comunicación progresistas para condenar el gesto enrabietado de Aznar, la dichosa "peineta", pero en cambio para la pitada al himno y a los Reyes en un evento deportivo todos sean disculpas o trivializaciones. Son minoría, no tiene importancia... ejem, ejem. Ya sabemos que el separatismo irredento es minoritario, pero por desgracia lo convierten en importante quienes no lo refutan en la educación o quienes se apoyan en él para sus cambalaches políticos. No vendrá mal hablar de estas cosas con un poco más de fundamento, antes de que todos nos pasemos definitivamente a YouTube o a lo que luego se ponga de moda.
Fernando Savater, en su artículo Lo que sobra y lo que falta en El País de ayer.
Fernando Savater, en su artículo Lo que sobra y lo que falta en El País de ayer.
19 de enero de 2010
Savater, como yo, no cree que el "gratis total" de los productos culturales en Internet sea algo sostenible ni socialmente deseable. Y explica el futuro que (él imagina que) nos espera.
Y de paso, como Muñoz Molina el otro día, le mete una coz al señor Rodríguez Ibarra.
Y de paso, como Muñoz Molina el otro día, le mete una coz al señor Rodríguez Ibarra.
17 de octubre de 2009
Por suerte para todos :-P, hace mucho tiempo que me desenganché de mi adicción a Savater.
Mi respeto, admiración y cariño por él no han disminuido un ápice, pero, aunque sigo acumulando sus libros (tengo ya más de 30...), no los leo (como, por otra parte, no leo los de nadie más).
Sin embargo, revisando algunas de las cosas que he ido escribiendo aquí a lo largo de estos cuatro años (¡!), creo que hay dos ideas que aprendí de él que impregnan el blog:
Hemos de ser fieles a lo que nos produce placer.
Admiramos con lo que hay de admirable en nosotros.
Mi respeto, admiración y cariño por él no han disminuido un ápice, pero, aunque sigo acumulando sus libros (tengo ya más de 30...), no los leo (como, por otra parte, no leo los de nadie más).
Sin embargo, revisando algunas de las cosas que he ido escribiendo aquí a lo largo de estos cuatro años (¡!), creo que hay dos ideas que aprendí de él que impregnan el blog:
Hemos de ser fieles a lo que nos produce placer.
Admiramos con lo que hay de admirable en nosotros.
10 de junio de 2009
¿Son compatibles la ciencia y la religión? ¿Es compatible la poesía amorosa y la ginecología?
Las respuestas a éstos y muchos otros interrogantes, en el artículo de ayer de Savater en El País.
(Otra perla: Con el pretexto de que la ciencia no resuelve todos los enigmas de la naturaleza, aconsejan recurrir a la religión aunque no resuelva ninguno. Trampas de la fe, que también se dan en otros campos: como el capitalismo tiene muchos defectos, apliquemos el comunismo que sólo tiene defectos, etcétera.)
(Otra perla: Con el pretexto de que la ciencia no resuelve todos los enigmas de la naturaleza, aconsejan recurrir a la religión aunque no resuelva ninguno. Trampas de la fe, que también se dan en otros campos: como el capitalismo tiene muchos defectos, apliquemos el comunismo que sólo tiene defectos, etcétera.)
30 de abril de 2009
De mis incursiones en las librerías londinenses (Foyle's incluida, gracias, c.) y cantabrigenses, además de demasiados libros que se suman a mis ya demasiados libros (y cómo me gusta a mí eso...), acabé comprándome (gracias al empujoncito final de D) un lector de libros electrónicos, el Sony Reader, que acabará siendo, románticos adoradores del papel aparte ;-), el formato más habitual de lectura para quienes somos incapaces de concentrarnos al leer de una pantalla de ordenador (o sea, retroiluminada).
En fin, que esa compra hizo que ayer me pasase un rato desechando papeles varios que habían tomado al asalto la sobrepoblada mesa de mi pequeña habitación. Y entre ellos, un texto de Savater (sí, Savater de nuevo, qué pasa), publicado hace unos meses en la revista hispano-mexicana Letras Libres, del que, antes de que acabe en el contenedor azul, quiero dejar aquí esta magnífica frase:
Fernando Savater, en "¿Es tolerable la tolerancia religiosa" (Letras Libres de marzo de 2009).
En fin, que esa compra hizo que ayer me pasase un rato desechando papeles varios que habían tomado al asalto la sobrepoblada mesa de mi pequeña habitación. Y entre ellos, un texto de Savater (sí, Savater de nuevo, qué pasa), publicado hace unos meses en la revista hispano-mexicana Letras Libres, del que, antes de que acabe en el contenedor azul, quiero dejar aquí esta magnífica frase:
La poesía que se toma científicamente en serio a sí misma y pretende tener una explicación del cosmos mejor que la ofrecida por el método científico es lo que suele llamarse “religión”: su única excusa es que se trata de una supervivencia del pasado en que la ciencia era menos que un esbozo y por entonces cumplió la función de calmar la incertidumbre de la ignorancia... tapando la ignorancia con leyendas. En la acera de enfrente está la actitud de quienes confunden el experimento con la experiencia, decidiendo que toda pretensión de significado simbólico –es decir, poético– que no se atenga al materialismo que da cuenta exterior de los efectos y las causas es un engaño nocivo, voluntario o involuntario. Esta pretensión reductora no es, claro, científica sino cientifista –es decir que convierte a la ciencia en ideología– y su única excusa es que responde a la secular agresión contra el conocimiento verificable de las instituciones religiosas, poderosas e inquisitoriales antaño pero también hoy en demasiadas ocasiones y lugares.
Fernando Savater, en "¿Es tolerable la tolerancia religiosa" (Letras Libres de marzo de 2009).
16 de abril de 2009
La diversidad humana
En mi primer libro, Nihilismo y acción (1970), incluí un ensayito sobre Moby Dick cuya lectura aún sigo soportando sin mayor sonrojo. Empezaba así. "Cada hombre se parece más a todos los hombres que a ese arbitrario y simple fantasma que llamamos él mismo". Expresa una convicción que he ido reforzando con los años. Aunque ahora esté de moda insistir en que la riqueza humana es nuestra inagotable diversidad y hasta nuestras irreductibles diferencias culturales, siempre he creído que lo verdaderamente precioso para nosotros -intelectual y prácticamente- es nuestra fundamental semejanza. Gracias a ella podemos comprender las necesidades y anhelos de los otros, colaborar con ellos y aprender de todos, traducir ideas y compartir las historias o los poemas. Somos seres simbólicos y por tanto hechos para resultar inteligibles los unos para los otros. Nuestras distintas formas -Holderlin dijo: "el espíritu gusta darse formas"- son la vivacidad de nuestra condición, pero lo que tenemos en común es su fundamento. Por ejemplo, es mucho más esencial que todos los humanos posean lenguaje que el que hablen esta o aquella lengua...
Fernando Savater
Fernando Savater
21 de enero de 2009
Pasado
Ayer, Savater en pleno Barrio de Salamanca.
Entre el público, unas cuantas elegantes señoras con abrigos de visón.
El tema: El librepensador. (En breve, disponible en mp3 en la web de la Fundación Juan March)
Su legendaria elocuencia, las bromas y pequeñas maldades con las que se mete al auditorio en el bolsillo (No need for that, a mí ya me tenía desde el principio...)
Pero algo falla. Algo me falta.
Casi todo me suena a conocido, a déjà entendu. (Supongo que es normal, teniendo en cuenta que mi personal "Biblioteca Savater" se aproxima ya a los treinta títulos...)
Y me doy cuenta de que lo que sucede es que estoy en otra onda: me paso el día leyendo sobre el futuro, sobre las posibilidades de Internet, las nuevas formas de comunicación...
Y de pronto Savater me suena antiguo. Aunque sé que no lo es, y sé que tiene razón en gran parte de lo que dice.
Pero eso no basta ahora mismo para mantener mi interés.
:-)
Entre el público, unas cuantas elegantes señoras con abrigos de visón.
El tema: El librepensador. (En breve, disponible en mp3 en la web de la Fundación Juan March)
Su legendaria elocuencia, las bromas y pequeñas maldades con las que se mete al auditorio en el bolsillo (No need for that, a mí ya me tenía desde el principio...)
Pero algo falla. Algo me falta.
Casi todo me suena a conocido, a déjà entendu. (Supongo que es normal, teniendo en cuenta que mi personal "Biblioteca Savater" se aproxima ya a los treinta títulos...)
Y me doy cuenta de que lo que sucede es que estoy en otra onda: me paso el día leyendo sobre el futuro, sobre las posibilidades de Internet, las nuevas formas de comunicación...
Y de pronto Savater me suena antiguo. Aunque sé que no lo es, y sé que tiene razón en gran parte de lo que dice.
Pero eso no basta ahora mismo para mantener mi interés.
:-)
4 de noviembre de 2008
Cuatro horas con Savater
De la página de la Fundación Juan March me dediqué el otro día a bajarme una pila de charlas con las que pretendo entreter mis viajes diarios a Toledo.
Hay un poco de todo: historia de la ciencia, literatura, filosofía...
Yo, como un niño pequeño y ansioso, he empezado por el dulce más goloso, el que estaba seguro de que me iba a gustar: cuatro horas escuchando a Savater hablar sobre "Ética sin ideologías", para volver a disfrutar de su facilidad de palabra, su extrema claridad, su capacidad para la metáfora y la analogía, su sentido del humor socarrón y con un pelo de mala leche, su entusiasmo, su sensual, terrenal, luminosa inteligencia.
Savater, que, en particular en los últimos años, se ha convertido en un personaje polémico, incómodo para mucha gente, es para mí una de esas personas que hacen la vida mejor.
Cuánto se equivoca, qué corto se queda quien piense que él es únicamente, o sobre todo, el desabertzalador al que saludaba Sabina en uno de sus Ciento volando de catorce:
Niégate a barnizar el inclemente
muro de san Fermín con trampantojos,
llámanos por el nombre de la gente,
ayúdanos a andar, que andamos cojos.
Descalabra el establo y el casino,
desabertzala la kale borroka,
cuéntanos el secreto, y a Sabino
dale con los maquetos en la boca.
Por el Voltaire que nos desenmascara,
por la daga en la llaga del espanto,
por tu camisa limpia y tu cuchara,
por la oreja Van Gogh del tartamudo,
por la guerra a la paz del campo santo,
Fernando Savater, yo te saludo.
Joaquín Sabina
Hay un poco de todo: historia de la ciencia, literatura, filosofía...
Yo, como un niño pequeño y ansioso, he empezado por el dulce más goloso, el que estaba seguro de que me iba a gustar: cuatro horas escuchando a Savater hablar sobre "Ética sin ideologías", para volver a disfrutar de su facilidad de palabra, su extrema claridad, su capacidad para la metáfora y la analogía, su sentido del humor socarrón y con un pelo de mala leche, su entusiasmo, su sensual, terrenal, luminosa inteligencia.
Savater, que, en particular en los últimos años, se ha convertido en un personaje polémico, incómodo para mucha gente, es para mí una de esas personas que hacen la vida mejor.
Cuánto se equivoca, qué corto se queda quien piense que él es únicamente, o sobre todo, el desabertzalador al que saludaba Sabina en uno de sus Ciento volando de catorce:
Niégate a barnizar el inclemente
muro de san Fermín con trampantojos,
llámanos por el nombre de la gente,
ayúdanos a andar, que andamos cojos.
Descalabra el establo y el casino,
desabertzala la kale borroka,
cuéntanos el secreto, y a Sabino
dale con los maquetos en la boca.
Por el Voltaire que nos desenmascara,
por la daga en la llaga del espanto,
por tu camisa limpia y tu cuchara,
por la oreja Van Gogh del tartamudo,
por la guerra a la paz del campo santo,
Fernando Savater, yo te saludo.
Joaquín Sabina
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