30 de septiembre de 2011

Estoy toqueteando el diseño del blog, probando las nuevas plantillas dinámicas de Blogger. (Aunque he puesto por defecto la "timeslide", podéis cambiar la vista eligiendo entre siete que aparecen en la parte superior izquierda.) Creo que están pensadas para blogs más visuales que el mío, aunque creo que no quedan del todo mal, y tienen la gracia de que se pueden ver un montón de entradas a la vez.

Sin embargo, es probable que vuelva en breve al diseño anterior, sobre todo porque con esta nueva plantilla no se pueden ver los "gadgets" (como los enlaces a los blogs de mis amiguitos), que sé que a algunas les son muy útiles. Y además, no se pueden cambiar fácilmente los colores del fondo y del texto; sólo permite elegir la imagen de fondo (que se supone que es una hoja de cuaderno, por si no se nota).

[Update: En efezto, quité las plantillas dinámicas, aunque no pude contenerme y tuve que cambiar colorines y tipos de letra para quedarme a gusto, qué le vamos a hacer...]

29 de septiembre de 2011

Vivir y escribir

Como tantas veces, tengo ganas de escribir pero no se me ocurre nada que me interese lo suficiente como para dedicarle un rato (de hecho, he estado a punto de volver a escribir sobre Zoe Muth, y en particular sobre esta canción, que voy a acabar convirtiendo en otro de mis himnos... ¡De la que os habéis librado! :-P)

Sin embargo, al contrario que en esas ocasiones anteriores, ahora no es porque no estén pasando cosas en mi vida (en un rato me voy para mi pisito a seguir montando muebles... el gran día está al caer :)

Me estoy dando cuenta últimamente de que hay más disociación de la que yo creía entre lo que vivo y lo que escribo. Tengo la impresión de que apenas he hablado del proceso de cambio de vida en el que estoy. Supongo que necesito digerirlo más para poder decir algo aquí.

Hala :)

25 de septiembre de 2011

Modas

"Hay almas ingenuas que se creen que no siguen las modas. Con esos espíritus puros es mejor no discutir porque viven convencidos de su diferencia. Bastaría que nos mostraran un retrato de hace veinte años para hacerles notar que hasta en las patillas se aprecia que uno es parte de su tiempo. En las patillas de los hombres y en las cejas de las mujeres. No se sabe quién convenció a las chicas de los setenta de que se las depilaran hasta esquilmar los poros, y quién nos convenció a las de los ochenta para que luciéramos las cejas en su máximo salvajismo. Este siglo XXI es el de los experimentos capilares. Ves a un hijo tuyo un día y te sorprende con unas patillas de escritor romántico y a la semana siguiente se ha dejado barba de cuáquero. Modas. Personalmente, convivo mejor con este eclecticismo presente que permite que uno componga a su manera su propio personaje. Modas. Todos las seguimos. Más aún los que se definen más refractarios a ellas. Viajo de un lado a otro del Atlántico y observo, con más ternura que sarcasmo, que todos los jóvenes se parecen. De la misma forma que se parecían esos jóvenes más papistas que el Papa que con su hippismo atildado inundaron Madrid en agosto, se parecen entre sí esos otros más audaces, creadores espontáneos de tendencias que más tarde copiarán las revistas del ramo."

Elvira Lindo, "Bares de viejo", en El País de hoy.

23 de septiembre de 2011

Ruibal & Barcelona

Hoy tengo cita con el maestro.

Aplacado ya con los años el furor inicial por su música, en los últimos tiempos prefiero dosificarlo. O quizá no sea eso, sino simplemente que hace tiempo que no me encuentro en ese estado de bendita ansiedad, casi a las puertas del éxtasis, que Ruibal tan bien describe en sus canciones. Sé que es inútil desearlo, pero cuánto me gustaría volver a sentirme así, y que su música vuelva a desatar torbellinos en mi interior.

Sea como sea, y aunque esta noche no arda Barcelona (¿o sí?), lo recibiremos como se merece :)

20 de septiembre de 2011

Personajes y personas

Ayer vi Diamante de sangre, una peli de hace ya unos años que creo recordar que en su momento recibió buenas críticas (y que en IMDB tiene un 8, una puntuación muy alta).

Me pareció entretenida, aunque muy poco creíble, tanto la historia en general como, en particular, el personaje de periodista intrépida que interpreta la hermosa Jennifer Connelly (¡ojazos!).



Cada vez que hablaba, salían de su boca frases que una persona real nunca diría, y menos aún en la situación en la que las dice (en mitad de África, hablando con gente que conoce tan bien como ella, o mejor, la miseria de la región). Todos sus diálogos están plagados de lugares comunes del peor buenismo progre occidental y su expresión de indignación es tan impostada que parece que ni ella misma se la acaba de creer. No se me ocurren ahora mismo ejemplos concretos (es un decir, porque en realidad eran todo abstracciones), porque tenían tan poca chica que ya se me han olvidado.

Me hizo pensar en lo difícil que es conseguir que una historia particular, personal, trascienda sus limitaciones intrínsecas sin caer en despersonalizaciones como esta. Y en el arte de quienes logran contar historias universales a través de personas, no personajes.