16 de abril de 2009

La diversidad humana

En mi primer libro, Nihilismo y acción (1970), incluí un ensayito sobre Moby Dick cuya lectura aún sigo soportando sin mayor sonrojo. Empezaba así. "Cada hombre se parece más a todos los hombres que a ese arbitrario y simple fantasma que llamamos él mismo". Expresa una convicción que he ido reforzando con los años. Aunque ahora esté de moda insistir en que la riqueza humana es nuestra inagotable diversidad y hasta nuestras irreductibles diferencias culturales, siempre he creído que lo verdaderamente precioso para nosotros -intelectual y prácticamente- es nuestra fundamental semejanza. Gracias a ella podemos comprender las necesidades y anhelos de los otros, colaborar con ellos y aprender de todos, traducir ideas y compartir las historias o los poemas. Somos seres simbólicos y por tanto hechos para resultar inteligibles los unos para los otros. Nuestras distintas formas -Holderlin dijo: "el espíritu gusta darse formas"- son la vivacidad de nuestra condición, pero lo que tenemos en común es su fundamento. Por ejemplo, es mucho más esencial que todos los humanos posean lenguaje que el que hablen esta o aquella lengua...

Fernando Savater

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