Mostrando entradas con la etiqueta mar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mar. Mostrar todas las entradas

3 de marzo de 2008

O branco mais preto do Brasil

El sábado le tocó a Drexler hacerme compañía mientras me quedaba embobado mirando el mar. Ayer ascendí un peldaño en la escala de lo sublime (¡hala!), y disfruté de la puesta de sol sobre la plata del mar escuchando al grandísimo Vinícius de Moraes, poeta y "diplomata", el blanco más negro de Brasil.

Samba da benção

(Cantado)

É melhor ser alegre que ser triste
Alegria é a melhor coisa que existe
É assim como a luz no coração

Mas pra fazer um samba com beleza
É preciso um bocado de tristeza
É preciso um bocado de tristeza
Senão, não se faz um samba não

(Hablado)

Senão é como amar uma mulher só linda
E daí? Uma mulher tem que ter
Qualquer coisa além de beleza
Qualquer coisa de triste
Qualquer coisa que chora
Qualquer coisa que sente saudade
Um molejo de amor machucado
Uma beleza que vem da tristeza
De se saber mulher
Feita apenas para amar
Para sofrer pelo seu amor
E pra ser só perdão

(Cantado)

Fazer samba não é contar piada
E quem faz samba assim não é de nada
O bom samba é uma forma de oração

Porque o samba é a tristeza que balança
E a tristeza tem sempre uma esperança
A tristeza tem sempre uma esperança
De um dia não ser mais triste não

(Hablado)

Feito essa gente que anda por aí
Brincando com a vida
Cuidado, companheiro!
A vida é pra valer
E não se engane não, tem uma só
Duas mesmo que é bom
Ninguém vai me dizer que tem
Sem provar muito bem provado
Com certidão passada em cartório do céu
E assinado embaixo: Deus
E com firma reconhecida!
A vida não é brincadeira, amigo
A vida é arte do encontro
Embora haja tanto desencontro pela vida
Há sempre uma mulher à sua espera
Com os olhos cheios de carinho
E as mãos cheias de perdão
Ponha um pouco de amor na sua vida
Como no seu samba

(Cantado)

Ponha um pouco de amor numa cadência
E vai ver que ninguém no mundo vence
A beleza que tem um samba, não

Porque o samba nasceu lá na Bahia
E se hoje ele é branco na poesia
Se hoje ele é branco na poesia
Ele é negro demais no coração

(Hablado)

Eu, por exemplo, o capitão do mato
Vinicius de Moraes
Poeta e ex diplomata
O branco mais preto do Brasil
Na linha direta de Xangô, saravá!
A bênção, Senhora
A maior ialorixá da Bahia
Terra de Caymmi e João Gilberto
A bênção, Pixinguinha
Tu que choraste na flauta
Todas as minhas mágoas de amor
A bênção, Sinhô, a benção, Cartola
A bênção, Ismael Silva
Sua bênção, Heitor dos Prazeres
A bênção, Nelson Cavaquinho
A bênção, Geraldo Pereira
A bênção, meu bom Cyro Monteiro
Você, sobrinho de Nonô
A bênção, Noel, sua bênção, Ary
A bênção, todos os grandes
Sambistas do Brasil
Branco, preto, mulato
Lindo como a pele macia de Oxum
A bênção, maestro Antonio Carlos Jobim
Parceiro e amigo querido
Que já viajaste tantas canções comigo
E ainda há tantas por viajar
A bênção, Carlinhos Lyra
Parceiro cem por cento
Você que une a ação ao sentimento
E ao pensamento
A bênção, a bênção, Baden Powell
Amigo novo, parceiro novo
Que fizeste este samba comigo
A bênção, amigo
A bênção, maestro Moacir Santos
Não és um só, és tantos como
O meu Brasil de todos os santos
Inclusive meu São Sebastião
Saravá! A bênção, que eu vou partir
Eu vou ter que dizer adeus

(Cantado)

Ponha um pouco de amor numa cadência
E vai ver que ninguém no mundo vence
A beleza que tem um samba, não

Porque o samba nasceu lá na Bahia
E se hoje ele é branco na poesia
Se hoje ele é branco na poesia
Ele é negro demais no coração

Vinícius de Moraes y Baden Powell

1 de marzo de 2008

Con el anhelo dirigido hacia ti...

No dejaremos huella,
sólo polvo de estrellas...


Ligereza, poder dejar de pensar (como pienso), de ser quien soy

La pena (¿la pena?) se va, se va, se fue

Atrapado por las palabras, intentando sentir, sólo sentir

Sólo quiero verte bailar,
quisiera verte girando
girando y mirándome mirar

Esta necesidad de hablar, de comunicar lo que siento, este anhelo sin dirección definida, sin objetivo. O, seamos honestos, dirigido, una y otra vez, a quien no siente el anhelo (¿precisamente porque no siente el anhelo?)...

Tengo tu sonrisa en una esquina
de mi salvapantallas

Brindo por las veces que perdimos
las mismas batallas

(Y se entromete en mi kabeza el macarra de Calamaro:)

Brindo porque recuerdo tu cuerpo
pero olvidé tu cara

Porque no tienes cara, ya no tienes cara, aún no tienes cara...

En la puta gloria en la playa, sol, olas, brisa, Drexler. Y, sin embargo, la necesidad de escribirlo (¿vivirlo para escribirlo?) y que lo leas tú (¿¿quién eres tú??)

Oigo una voz que me llama, casi un suspiro:
Rema, rema, rema

Creo que he visto una luz,
al otro lado del río

Yo voy muy serio remando,
y muy adentro sonrío

Creo que he visto una luz,
al otro lado del río

Ven conmigo, ven conmigo, ven conmigo

Y las únicas que vienen, las que acuden a mi llamada, son las gaviotas, que se posan en el mar frente a mí.

Y se acaba Drexler. Y llega Lenine.

Y las gaviotas se van.

Y yo me voy con ellas.

27 de febrero de 2008

Salobreña


He decidido bajar este fin de semana a ver el mar. Ya toca.

Me voy solo.

Durante mucho tiempo, me he tenido por una persona solitaria y poco social.

Creo que lo primero es verdad, porque necesito un buen rato cada día para poder pensar en mis mis cosas (últimamente, para poder escribir sobre ellas aquí), sin que nadie me distraiga (=moleste).

Pero no es cierto que sea un asocial. Al contrario, necesito también pasar tiempo con mis amigos, con mis padres. Me he ido dando cuenta de que cuando me entran ganas de estar solo es porque mis ánimos flaquean.

Y quizá eso es lo que me pasa ahora, aunque yo creo que no. Ya veremos cómo vuelvo.

El caso es que bajo a ver el mar a Salobreña, donde viví uno de los momentos más especiales de mi vida, del que pensé que ya había dado cuenta aquí pero que no he sido capaz de encontrar. Así que lo voy a hacer ahora.

No recuerdo exactamente cuándo fue, ni siquiera en qué época del año. Tampoco estoy del todo seguro de que fuese al atardecer, porque se mezclan en mi mente la imagen del sol poniéndose sobre el mar y la de esa luz mediterránea, de mediodía, que asocio inevitablemente con esa playa.

Así que, para que os hagáis una idea, he puesto esas dos fotos.

Tampoco sé si había bebido o fumado algo, aunque es bastante probable, porque muchas veces he bajado a la orilla con una cerveza o con un petilla que me ayudaban a disparar la mente.

De lo que sí me acuerdo perfectamente es de estar en la playa, mirando el mar y pensando, como tantas otras veces, en cuánta gente, a lo largo de los siglos, ha mirado a este mar, el Mediterráneo, desde ésta y desde tantas otras playas, en Europa, en África, en Asia.

Allí me pasa a menudo: pienso en el tiempo, en los centenares, miles de años que lleva el mar lamiendo la orilla. En lo efímeros e insignificantes que somos en comparación los seres humanos. En cuántos antes que yo se habrán sentido sobrecogidos por la inmensidad del mar.

Estas ideas, como digo, no eran nuevas. Pero esa vez, en lugar de quedarme ahí, de contentarme con sentir el desdén del inabarcable océano ante mis desvaríos, me pasó algo que, hélas!, no se ha repetido: tuve un sentimiento (no pensé, sentí) de pertenencia, de unidad con el cielo, el mar, la tierra. De repente, yo no era ya ese diminuto ser humano que admira la inmensidad y la absoluta indiferencia de la Naturaleza. Ahora era parte de ella, como los cantos de la playa, el agua o el poderoso sol.

No fue, aunque lo pueda parecer, una experiencia mística. Fue, al contrario, algo absolutamente terrenal. Ni por un momento pensé en algo parecido a un dios, o en que yo fuese a permanecer de alguna manera tras mi muerte. Era perfectamente consciente de que, más pronto que tarde, yo desaparecería, dejaría de ser, pero todo lo que me rodeaba seguiría ahí.

No creo en dios, ni en ningún ente (alma, energía...) trascendental y que sobreviva tras nuestra muerte. Sé que ahí termina nuestra aventura, que sólo existimos durante un instante brevísimo. Que, como dice Drexler, somos nada más (y nada menos) que:

un enjambre de moléculas
puestas de acuerdo
de forma provisional.
Un animal prodigioso
con la delirante obsesión
de querer perdurar

Pero, precisamente por eso, ese momento es uno de los más intensos e importantes de mi vida.