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10 de noviembre de 2011

Work on stuff that matters

Desde que lo vi esta mañana, poco después de escribir el post, tenía intención de poner este vídeo que mencioné allí. En él, Brewster Kahle explica en una de las míticas charlas TED lo que hace en el Internet Archive para llevar toda la cultura (libros, música, vídeos...) que hemos ido acumulando a lo largo de la historia a cualquier lugar adonde llega internet. Sé que es largo (20 minutillos) y ni crixto se lo va a tragar, pero merece muchísimo la pena (y está subtitulado en español).

Ahora que lo pienso, lo que cuenta Kahle sintoniza de maravilla con el manifiesto Holstee al que me acabo de referir. Es evidente que a Kahle le encanta lo que hace; pero es que, además, lo que hace, como diría Tim O'Reilly, es importante, it matters:

Lágrimas

Quienes me conocéis lo habréis visto más de una vez: en el momento más inesperado, los ojos se me llenan de lágrimas. Normalmente trato de disimularlo con alguna excusa ("se me ha metido algo en el ojo", "me molesta la luz"), pero creo que pocas veces cuela. Lo cierto es que soy un llorón, o un "lagrimón", porque tengo una facilidad extraordinaria para soltar una lágrima por las cosas más peregrinas.

Me acaba de pasar (me está volviendo a pasar solo de pensarlo...) con la sobredosis de portentos que me he metido en vena en estos últimos diez minutos, mientras desayunaba aún de madrugada (ahora empieza a amanecer; estas cosas también me pasan a menudo).

He visto este vídeo sobre las tripas de internet, en particular sobre el súper nudo de comunicaciones situado en un edificio en Manhattan delante del cual creo haber pasado alguna vez (y que confundo por cierto con la megasede de Google en NYC, del mismo estilo y que también aparece brevemente en el vídeo):



Al vídeo he llegado, como a tantos otros sitios fantásticos últimamente, gracias a la web Brain Pickings, donde también he encontrado esta entrada sobre las "bibliotecas repensadas", que me ha acabado llevando a la web de la New York Public Library, en particular a una serie de charlas que tienen lugar, imagino, en su imponente sede principal, en la 42 con la Quinta Avenida. Antes de ayer, participó en ellas Umberto Eco; hoy, 10 de noviembre, uno puede (si paga los 25 dólares de rigor), ver y escuchar hablar en directo a Gilberto Gil; la semana que viene, a Diane Keaton; dentro de diez días, a Joan Didion... (Esta es una de las muchas cosas que me fascinan de Nueva York, aunque sé que, si viviese allí, probablemente no tendría tiempo o dinero para aprovecharlas.) Para mi recocijo, he descubierto que muchas de esas charlas están disponibles en vídeo o como podcasts (iTunes) (por cierto, una de las más populares con diferencia parece ser la de Javier Marías; también están Salman Rushdie, Daniel Barenboim, Ferran Adrià o António Lobo Antunes...).

En esa misma entrada de Brain Pickings aparece un vídeo de Brewster Kahle, fundador del extraordinario Internet Archive. Hace unos meses puse aquí un vídeo de Kahle (mismo adjetivo, como el ajo...) en el que hablaba sobre el futuro del libro (entre otras muchísimas cosas, tan importantes o más, el IA organiza una conferencia anual sobre el futuro del libro titulada Books In Browsers, que es una de mis ideas del paraíso... :-P)

En fin, que esta mañana, de pronto, los ojos se me han llenado de lágrimas.

Hala.

26 de julio de 2011

Mañana

Mañana es mi último día en Toledo.
No más coger el coche a las 6 y media de la mañana, apenas levantado.
No más muchas otras cosas que ahora no tengo ganas de escribir aquí, la verdad.
Lo que sí diré es esto: es raro.

20 de julio de 2011

Seven more days, all I gotta do is survive

I been good, I been good while I been waitin’
Maybe guilty of hesitatin’, I just been holdin’ on
Seven more days, all that’ll be gone


Bob Dylan

(En Spotify solo he encontrado una versión de Ron Wood.)

12 de julio de 2011

tic tac...

A estas horas, aquí



Habría que bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo,
dejar mi cuarto encerrado
y bajar a bailar entre borrachos.
Uno es un tonto en una cama acostado,
sin mujer, aburrido, pensando,
sólo pensando.

No tengo hambre de amor, pero no quiero
pasar todas las noches embrocado
mirándome los brazos,
o, apagada la luz, trazando líneas con la luz del cigarro.
Leer o recordar,
o sentirme tufos de literato,
o esperar algo.

Habría que bajar a una calle desierta
y con las manos en las bolsas, despacio,
caminar con mis pies e irles diciendo:
uno, dos, tres, cuatro...
Este cielo de México es oscuro,
lleno de gatos,
con estrellas miedosas
y con el aire apretado.
(Anoche, sin embargo, había llovido
y era fresco, amoroso, delgado.)

Hoy habría que pasármela llorando
en una acera húmeda, al pie de un árbol,
o esperar un tranvía escandaloso
para gritar con fuerzas, bien alto.
Si yo tuviera un perro podría acariciarlo.
Si yo tuviera un hijo le enseñaría mi retrato,
o le diría un cuento
que no dijera nada, pero que fuera largo.
Yo ya no quiero, ¡no!, yo ya no quiero
seguir todas las noches vigilando
cuándo voy a dormirme, ¡cuándo!

Yo lo que quiero es que pase algo,
que me muera de veras
o que de veras esté fastidiado,
o cuando menos que se caiga el techo
de mi casa un rato.
La jaula que me cuente sus amores con el canario.
La pobre luna, a la que todavía le cantan los gitanos,
y la dulce luna de mi armario,
que me digan algo,
que me hablen en metáforas
como dicen que hablan,
este vino es amargo,
bajo la lengua tengo un escarabajo.

¡Qué bueno que se quedara mi cuarto
toda la noche solo, hecho un tonto, mirando!

Jaime Sabines

11 de julio de 2011

La cuenta atrás sigue su curso, empiezan las despedidas y se me están haciendo raras.

Por un lado, aunque sé que lo harán, mucho y de repente, me cuesta terminar de creerme que las cosas vayan a cambiar. De momento, sigo viniendo a Toledo cada día y mi rutina diaria apenas ha cambiado desde que tomé la decisión de pirarme.

Por otro, sigo en estado poco comunicativo. La gente me pregunta cómo lo vivo, si estoy ilusionado o si me entra el cague. A todo respondo que sí con monosílabos. Me cuesta ir más allá. Mucho más que hablar de lo que puede pasar, necesito vivirlo, cambiar de aires, desperezarme, espabilar. Crecer.

6 de julio de 2011

Aún queda mucho, muchísimo, pero a ratos esta es la sensación.

Y no hablo sólo de mí sino, por ejemplo, de la pedazo de crack de la señorita elisewin.

;)

29 de junio de 2011

Tanto tiempo todo tan atascado
Un pequeño (gran) paso
Y algo que estaba completamente parado
Se pone en marcha
Y compruebo (ya lo sabía, claro) que no estoy solo
Que estáis ahí conmigo (¡gracias!)
¡A ver quién para esto ahora!

:-P

24 de junio de 2011

8 de mayo de 2011

Richard Nash: Publishing 3.0

Creo que cualquiera que pretenda hacerse una idea de por dónde va a ir la industria editorial en el siglo XXI debería escuchar lo que dice Richard Nash.




(He transcrito el contenido del vídeo en inglés, pero no he sabido cómo hacer para que aparezcan los subtítulos por defecto, así que hay que seleccionarlos en el recuadro bajo el vídeo.)

26 de marzo de 2011

Por fin

He conseguido acumular la rabia conmigo mismo que necesitaba para salir del estado de autcompasión en el que llevo tanto tiempo.

Se acabaron los lloros y las mierdas varias.

Adelante, Marquitos: te mereces mucho más y te lo puedes dar, así que déjate de gilipolleces y hazlo.

¡Brilla!

16 de septiembre de 2010

Pantallas

Preparando el viaje a NYC (oh, yeah!), mitómano como soy, recurrí a una de mis fuentes predilectas sobre la Gran Manzana, Antonio Muñoz Molina.

Ayer, viniendo para Barcelona en el Ave, leí un artículo suyo titulado "De viaje al futuro", que imaginé hablaría de cómo lo que sucede allí presagia lo que viviremos aquí un tiempo después. Y así resultó, pues trata de la tiranía de las pantallas ubicuas: móviles, televisiones, ordenadores... y el triste futuro (presente) que eso nos depara:
Una pantalla es una ventana por la que nos asomamos al mundo, pero también, en la acepción antigua de la palabra, es una barrera contra él, un muro en el que se proyectan sombras bidimensionales, simulacros de la realidad que pueden parecérsele mucho pero que deberíamos tener mucho cuidado en no confundir con ella. Las ventajas deslumbrantes de la tecnología traen consigo el efecto no reconocido de favorecer en cada uno de nosotros un aislamiento hipnotizado que tiene algo del engaño y de la dependencia de una droga poderosa. Usamos el teléfono móvil y la conexión a internet no tanto para mantener el contacto con los que están lejos como para evitar todo roce y casi toda relación con quien tenemos delante. La cápsula de los auriculares sella nuestra definitiva lejanía. ¡Qué futuro más triste!
Y yo, que estoy enganchado a ellas (¡qué coño hago aquí escribiendo esto en lugar de andar de paseo por Gràcia!), tuve que darle la razón cuando, al terminar de leerlo (en papel, por cierto, aunque fuese por mera casualidad), levanté la vista y comprobé que todos mis compañeros de vagón estaban enfrascados en sus respectivos aparatitos, desde el portátil a la consola de videojuegos, o concentrados en la película inane con que Renfe nos amenizaba el viaje.