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11 de febrero de 2010

Guerra a la coma (2)


Esto ya lo comenté en su día, pero insisto porque cada vez me lo encuentro con más frecuencia, incluso en los medios de comunicación o, como en el ejemplo que pongo abajo, en textos de la Administración:
Uso incorrecto de la coma (en la Ortografía de la lengua española (aquí en pdf) de la Real Academia Española, pág. 44):

Debe evitarse separar el sujeto y el predicado mediante coma. Ejemplos de incorrección:

*Las estanterías del rincón, estaban perfectamente organizadas.
*Un desgraciado incidente, ocasionó la dimisión de la junta directiva.


Se exceptúan [...] los casos en que media un inciso entre sujeto y predicado. Ejemplos:

La medicina preventiva, como ya ha quedado apuntado anteriormente, permitirá evitar la enfermedad en breve plazo.

La presencia de la protagonista de la película, que vestía un espectacular traje de noche, produjo muy diferentes comentarios.

Pues acabo de leer en la web del Centro de Transferencia de Tecnología, dependiente del antiguo Ministerio de Administraciones Públicas, ("Gobierno de España"...) este párrafo (en el apartado "Finalidad del proyecto") que no desaprovecha la ocasión de meter una coma donde no debe:

El Servicio de verificación de datos de identidad y datos de residencia, permite que cualquier organismo de la Administración, pueda verificar dichos datos, sin necesidad de solicitar la aportación de los correspondientes documentos acreditativos, permitiendo así hacer efectiva esta supresión.

Algo que también me encuentro con frecuencia en los turrones (aka informes jurídicos) de la Agencia Española de Protección de Datos que me tengo que leer casi a diario. Como muestra, un botón:

La consulta plantea, si la entrada en vigor de la Ley 25/2009, de 27 de diciembre, de modificación de diversas leyes para su adaptación a la Ley sobre el libre acceso a las actividades de servicios modifica el criterio hasta ahora mantenido por la Agencia Española de Protección de Datos en relación con el tratamiento de las imágenes a través de sistemas de videovigilancia por razones de seguridad.

21 de febrero de 2008

Délires variés

Dans le cadre d'une série d'émissions sur Maurice Ravel diffusée jadis sur les antennes de France-Musique, le responsable de ladite série mit d'emblée en garde ses auditeurs contre la tentation de percer de force la personnalité un peu énigmatique de l'auteur du Boléro - musicien qui, au dire de Roland Manuel "n'avait d'autre secret que le secret de son génie" ― tentative selon lui toujours décevante. Il raconta à ce sujet la mésaventure arrivée à l'un de ses proches, qui a sa place ici car elle résume de manière parfaite l'échec qui attend celui qui entend découvrir l'intimité psychologique d'une personne et ce que j'appelle son"identité personelle".

L'ami en question, fils d'un imprimeur ― mais imprimeur de quartier, c'est-à-dire d'affiches et d'affichettes, de billets, de formules pouvant être utilisées par de nombreuses personnes ou collectivités dans telle ou telle circonstance : cette précision peut seule mettre sur la voie de la solution de l'énigme proposée aux auditeurs de France-Musique par le présentateur de l'émission et est indispensable à la compréhension de sa solution, comme on va le voir ―, reprit à la mort de son père la succession de l'imprimerie et, en faisant l'inventaire des lieux au lendamain des funérailles, tomba sur une épaisse enveloppe cachetée portant, inscrite de l'écriture de son père, la mention A ne pas ouvrir. Déferant au voeu posthume de son père, et quoique rongé para la curiosité, notre imprimeur respecta le secret paternal pendant environ six années, longues à passer, au terme desquelles il se décida à violer le secret et à ouvrir l'enveloppe. Ce qu'il trouva dans l'enveloppe, je vous le laisse deviner, ajouta le musicologue ; mais je vous livrerai la clef de l'énigme à la fin de cette série d'émissions, soit vendredi prochain vers midi. C'est ainsi que nous dûmes attendre cinq jours, l'émission ayant débuté un lundi matin, qui furent également longs à passer, pour apprendre que l'enveloppe contenait une centaine d'étiquettes identiques sur lesquelles était imprimée la mention qui figurait sur l'enveloppe : A ne pas ouvrir.

Ce que l'imprimeur junior avait pris pour une injonction testamentaire n'était ainsi que le simple repère par lequel son père avait signalé l'enveloppe où se trouvait le stock d'une formule banale destinée à sa clientèle. Le présentateur de l'émission avait pris soin de nous prévenir, dès le lundi, que la violation du secret s'était révélée décevante, ― second indice en somme, après la précision sur la nature de l'imprimerie gérée par ses amis ; mail il aurait fallu un Sherlock Holmes pour savoir les utiliser. Pour décévante, elle le faut au-delà de toute attente ; et on s'imagine aisément la mine du fils que dut regretter amèrement ces six années taraudées par une incertitude lacinante ; un peu comme l'heroïne de La parure, dans Maupassant, regrette à la fin de la nouvelle sa vie perdue à rembourser un bijou réputé de grande valeur et qui se révèle finalement n'avoir jamais été qu'un faux. Non seulement l'enquêteur ne trouve rien, mais il trouve quelque chose qui est si l'on peut dire encore moins que rien : la simple répétition d'une formule qu'il connaissait déjà et avait ressassée pendant six ans, formule dont les imprimés enfin décachetés figurent une cruelle et ironique réplique. Cauchemar de structure abyssale, d'éternellement différer à ouvrir quelque chose alors qu'il n'y a rien à ouvrir, sinon l'invitation à ne pas ouvrir répétée à l'infini, comme par le fait d'une machine détraquée dont on ne peut plus interrompre la production.

Clément Rosset, en Loin de moi. Étude sur l'identité

Ahí queda eso.

:-P

Si tengo un (buen) rato, me dedicaré a traducirlo.

Si no lo hago, y no lo entendéis, tampoco os perdéis demasiado.

Es sólo una bella y divertida metáfora de algo parecido a lo que decía la canción de jefe Van que copié el otro día, con la diferencia de que Rosset afirma no sólo que no se puede conocer en realidad a una persona, sea otro o uno mismo, sino que "el conocimiento de uno mismo es a la vez inútil y nada apetecible. El que se examina con frecuencia no avanza apenas hacia el conocimiento de sí mismo. Y cuanto menos nos conocemos, mejor nos encontramos."

Edito: le he dedicado un ratillo (se nota que hoy me aburro...) y he traducido à ma façon, dentro de mis limitaciones y con la inestimable ayuda de wordreference, el texto:

En el marco de una serie de programas sobre Maurice Ravel emitida hace tiempo en France-Musique, el responsable de la citada serie puso de entrada en alerta a sus oyentes contra la tentación de penetrar a la fuerza en la personalidad un poco enigmática del autor del Bolero ― músico que, en palabras de Roland Manuel "no tenía otro secreto que el secreto de su genio" ― intento según él siempre engañoso. Al respecto, contó la desventura que le ocurrió a uno de sus próximos, que tiene sitio aquí porque resume de forma perfecta el fracaso que espera a quien espera descubrir la intimidad psicológica de una persona y eso que yo llamo su "identidad personal".

El amigo en cuestión, hijo del dueño de una imprenta ― pero impresor de barrio, es decir, de carteles, octavillas y formularios que podían ser utilizados por numerosas personas o colectivos en tal o cual circunstancia: esta precisión puede conducir a la solución del enigma propuesto a los oyentes de France-Musique por el presentador del programa y es indispensable para la comprensión de su solución, como veremos ―, se hizo cargo de la imprenta a la muerte de su padre y, haciendo inventario al día siguiente del funeral, se encontró con un grueso sobre sellado, que llevaba, con la letra de su padre, la inscripción No abrir. Respetando el deseo póstumo de su padre, aunque carcomido por la curiosidad, nuestro impresor respetó el secreto paterno durante unos seis años, que pasaron lentamente, tras los cuales se decidió a violar el secreto y abrir el sobre. Lo que encontré dentro, os dejo adivinarlo, añadió el musicólogo; pero os daré la clave del enigma al final de esta serie de programas, el viernes que viene alrededor de mediodía. Así que debimos esperar cinco días, ya que el programa había comenzado un lunes por la mañana, que también pasaron lentamente, para enterarnos de que el sobre contenía un centenar de etiquetas idénticas sobre las que esta impresa la frase que figuraba en el sobre: No abrir.

Lo que el joven impresor había tomado como un mandato testamentario no era pues más que la simple referencia con la que su padre había marcado el sobre donde guardaba la provisión de un formulario banal destinado a su clientela. El presentador del programa había tomado la precaución de prevenirnos, desde el lunes, de que la violación del secreto había resultado decepcionante, ― segundo indicio, en fin, tras la precisión de la naturaleza de la imprenta que dirigían sus amigos; pero habría hecho falta un Sherlock Holmes para saber utilizarlos. Decepcionante, lo fue más allá de lo que cabía esperar ; uno se imagina fácilmente la cara del hijo que debió lamentar amargamente los seis años atormentados por una incertidumbre lacerante; un poco como la heroína de La parure, de Maupassant, lamenta al final de la historia haber perdido su vida para pagar por una joya que se suponía de gran valor pero que finalmente se revela como una falsificación. No sólo el investigador no encuentra nada, sino que encuentra algo que podríamos decir que es aún menos que nada: la simple repetición de un formulario que ya conocía y al que había estado dándole vueltas durante seis años, formulario cuyas impresiones finalmente desveladas parecen una cruel e irónica respuesta. Pesadilla de estructura abismal, retrasar eternamente la apertura de algo cuando no hay nada que abrir, más que la invitación de no abrir repetida hasta el infinito, como la que haría una máquina estropeada y que no podemos parar.

16 de enero de 2008

Aun así

Sigo con otro de mis rollos preferidos, otro ejemplo de tilde diacrítica que la mayoría de la gente, incluidos muchos periodistas, utiliza mal: aun /aún.

El Diccionario Panhispánico de Dudas dice lo siguiente:

aún/aun. Este adverbio oscila en su pronunciación entre el hiato [a - ún] y el diptongo [aun], dependiendo de diferentes factores: su valor semántico, su situación dentro del enunciado, la mayor o menor rapidez o énfasis con que se emita, el origen geográfico del hablante, etc. Dado que no es posible establecer una correspondencia unívoca entre los usos de esta palabra y sus formas monosílaba (con diptongo) o bisílaba (con hiato), es preferible considerarla un caso más de tilde diacrítica.

a) La palabra aún lleva tilde cuando puede sustituirse por todavía (tanto con significado temporal como con valor ponderativo o intensivo) sin alterar el sentido de la frase:

Aún la espera;

Este modelo tiene aún más potencia

Tiene una biblioteca de más de cinco mil volúmenes y aún se queja de tener pocos libros

Aún si se notara en los resultados..., pero no creo que mejore

Ahora que he vuelto a ver la película, me parece aún más genial.

b) Cuando se utiliza con el mismo significado que hasta, también, incluso (o siquiera, con la negación ni), se escribe sin tilde:

Aprobaron todos, aun los que no estudian nunca

Puedes quejarte y aun negarte a venir, pero al final iremos

Ni aun de lejos se parece a su hermano.

Cuando la palabra aun tiene sentido concesivo, tanto en la locución conjuntiva aun cuando, como si va seguida de un adverbio o de un gerundio, se escribe también sin tilde:

Aun cuando no lo pidas [= aunque no lo pidas], te lo darán

Me esmeraré, pero aun así [= aunque sea así], él no quedará satisfecho

Me referiré, aun brevemente [= aunque sea brevemente], a su obra divulgativa

Aun conociendo [= aunque conoce] sus limitaciones, decidió intentarlo.


A mí me molesta particularmente encontrarme con frecuencia escrito "aún así", incluso en textos literarios o periodísticos que se supone que han pasado el filtro de una o varias correcciones.

13 de diciembre de 2007

La tilde diacrítica

Hoy toca turroncillo ortográfico.

Anoche hablaba con F., una nueva amiga estadounidense, sobre lo mal que los españoles de nuestra edad escribimos en castellano. En particular yo le contaba que muy poca gente se preocupa de colocar correctamente las tildes, mayormente porque ya nadie conoce las reglas de acentuación.

A mí éste es un tema que me interesa, me gusta poner cuidado al escribir y trato de evitar las faltas de ortografía, incluyendo las de acentuación.

Entre éstas, hay una que comete incluso mucha gente que en general acentúa correctamente: me refiero al uso de la tilde diacrítica, la que se utiliza para diferenciar entre dos palabras que, aun escribiéndose de la misma forma, tienen significados diferentes. Por ejemplo: tú (pronombre) y tu (adjetivo posesivo); éste (pronombre) y este (adjetivo demostrativo), y así tantos y tantos.

Pues bien, la tilde diacrítica, como su propio nombre indica, se utiliza para distinguir entre dos palabras, por lo que es necesario que estas dos palabras existan para que se pueda utilizar.

Y aquí viene el error: hay mucha gente que, supongo que por analogía con el pronombre personal de primera persona , escribe *tí, con tilde. Pero esto no es correcto, porque al contrario que en la primera persona, donde el adjetivo posesivo es mi, en la segunda es tu, y no ti, por lo que no hay posible confusión y no cabe la tilde diacrítica.

Tres cuartos de lo mismo sucede con *ésto, que es igualmente incorrecto, porque no hay posible confusión entre el pronombre y un inexistente adjetivo demostrativo (se dice este coche, pero no esto lo-que-sea). Aunque sí se puede acentuar el pronombre demostrativo plural, éstos, porque el adjetivo demostrativo en plural es estos (y no *estes), y cabe la confusión entre uno y otro.

Buscando referencias para esto que digo, acabo de aprender algo en la página de la RAE, algo que yo no hago bien: "Los pronombres demostrativos no deben tildarse cuando no exista riesgo de ambigüedad en su interpretación". (Y, ya puestos, veo que lo mismo sucede con sólo/solo: "El adverbio solo no debe tildarse cuando no exista riesgo de ambigüedad en su interpretación").

Es decir, únicamente en las frases en las que existe posibilidad de confusión entre adjetivo y pronombre demostrativo se deberá acentuar este último. El ejemplo de la RAE, algo rebuscado:

¿Dónde encontraron esos documentos secretos? (Sin tilde, esos se interpreta como adjetivo que modifica al sustantivo documentos; el sujeto de la oración no está expreso).

¿Dónde encontraron ésos documentos secretos? (Con tilde, ésos se interpreta como pronombre en función de sujeto de la oración: ‘esos individuos, esas personas’).

Yo, hasta ahora, acentuaba siempre tanto los pronombres demostrativos (éste, ése, aquél) como el adverbio sólo. (No hay más que ver las tildes en los párrafos tercero y cuarto de este desvarío: "éste es un tema", "entre éstas"...)

Todo este rollo me sirve a mí para aprender este detalle; espero que también le haya servido a algún intrépido y aburrido lector, si es que alguien ha aguantado el turrón entero.

De lo que estoy seguro es de que habrá algún cabrón que pensará que lo debería haber escrito en el otro blog...

17 de octubre de 2007

Ni sacando los artículos pesados a otro blog voy a conseguir libraros de mis obsesiones identitarias...

En uno de los que colgué ayer en Turrones..., Pedro Larrea escribe algo que me resuena profundamente, y más aún después de la experiencia del fin de semana en Zamora:

Explican los psicólogos que la identidad personal es la resultante de una elaboración compleja en la que intervienen dialécticamente tanto las representaciones que un sujeto tiene acerca de sí y de su proyecto de vida, como las representaciones que luego transmite a los demás y las que éstos a su vez le rebotan. La identidad es, por tanto, una autodefinición, un autoconcepto, la máscara-persona (como intuyeron los griegos), cuya significación compartida posibilita la vida social. Algo similar sucede en el plano colectivo. La identidad nacional no es una esencia objetiva que fluye a lo largo de la historia manifestando el espíritu de cada pueblo, como afirma el romántico. Tampoco es una invención carente de realidad y fabulada por las elites locales para mantener sus privilegios ante la amenaza universalista. Es una autorrepresentación, pero construida a partir de hechos diferenciales constatables y generadora de intensos sentimientos de pertenencia. Es una autoimagen que opera como memoria histórica, fuerza movilizadora y proyección de los deseos colectivos, eficacísima proveedora de sentido y capaz de explosionar, merced a su componente libidinoso, como un arma de opresión o como un grito de libertad.
Creo que de aquí viene mi interés por los nacionalismos: no es tanto un interés político, que también (opino que cuanto más lejos estén los sentimientos de la política, mejor), sino sobre todo personal, a raíz de mis problemas con mi identidad particular...

15 de octubre de 2007

Nota de la redacción

A quien pudiera interesar, aviso que la crónica del viaje a Bercianos está aún en el horno.

Entre tanto, en atención a mis siempre escasos pero muy valorados y queridos lectores, y con la única intención de ahorrarles molestos empachos de esos turrones a los que, por algún oscuro motivo, yo soy adicto, he creado otro blog donde daré rienda suelta al copy paste que amenzaba con llevarse por delante los genuinos, personales e intransferibles desvaríos varios.

Advertidos quedan. Pasen y lean.

P.D: para los golosos incurables, debo decir que el artículo que inaugura el blog paralelo merece, y mucho, la pena.

17 de julio de 2007

Youssou

No sólo tengo esto con telarañas, sino que cada vez que cuelgo algo me limito a copiar y pegar. Eso sí, siempre son cosas que a mí me han interesado o emocionado.

Esta vez tenía pensado desde hace unos días copiar las últimas páginas del último libro que he leído, y aún no descarto hacerlo, porque es de las cosas que más me han emocionado en muchísimo tiempo, aunque probablemente quien lo lea no entenderá por qué. Supongo que, en parte, porque lo leí en un momento de crisis absoluta (que, informo, sigue abierta), en el avión de vuelta de Berlín, la semana pasada.

Pero hoy no será eso lo que pondré aquí, sino turroncete casero, calidad suprema.

Como sabréis quienes me conocéis, soy un adicto a la música. Llevo años ordeñando la internet, soulseek mediante, tratando siempre de descubrir, a veces redescubrir, nuevas voces, nuevos ritmos que, dados mis gustos musicales más bien clásicos, de nuevos suelen tener poco...

Sin embargo, no tengo ningún conocimiento de teoría musical, y menos aún sé tocar algún instrumento. Simplemente siento la música, me emociona, me conmueve. Y con suerte, además de eso, que es realmente lo importante, hay veces en que me hace pensar.

Anoche, por ejemplo, en el conciertazo del gran Youssou N'Dour.

Ha sido la segunda vez que veo en concierto, después de la extraordinaria experiencia de hace un par de años, con mi amiga C.

Y ayer se repitió el milagro.

Como esperaba, en el público, al menos en el foso delante del escenario del Conde Duque, abundaban los jóvenes senegaleses, esos míticos negrazos que tanto me impresionan. Hace dos años, sin embargo, esto me sorprendió mucho. Entonces, la entrada costaba más de 30 euros, y yo suponía que el público estaría formado mayoritariamente por gente más o menos como yo, jovenzuelos con ínfulas culturetas en búsqueda de estímulos exóticos, blanquitos hipijillos en fin. Y sin embargo, los inmigrantes senegaleses llenaban la mitad del aforo de la Sala Arena, bailando como sólo ellos pueden, cantando emocionados todas las letras de esta megaestrella africana.

Veo que se me está yendo la inspiración, así que intentaré abreviar :-)

Tuve anoche sentimientos encontrados.

Por un lado, gocé con la poderosa música de N'Dour, me dejé llevar, bailé lo más negro que pude (mención especial para mi camisa "hawaiana" ;-), regalo de L…), me quedé con ganas de más.

Por otro lado, sentía que algo era falso, incómodo. En realidad, no tenía nada que ver con la música, maravillosa, sino con sus circunstancias: Youssou N'Dour, cantante y compositor extraordinario (a juzgar por la emoción con que recitan las letras de sus canciones sus jóvenes compatriotas, letras sobre la inmigración, sobre la cara oculta de África, sobre las desigualdades entre los países enriquecidos y los empobrecidos, como Senegal), es sin embargo un hombre muy rico que, en un país rico, canta para un público, pese a todo lo dicho, mayoritariamente blanco, y más o menos rico.

No consigo explicar bien la sensación que tuve anoche, quizá podría llamarlo simplemente mala conciencia por las desigualdades que, aunque disimuladas anoche, yo no podía dejar de ver.

Mezclada además con la constatación de que, por mucho que lo intentemos disimular, por mucho que yo trate de convencerme de lo contrario, la música es un espectáculo, una exhibición en la que el artista siempre acaba, más o menos, dando a su público lo que éste espera, como cuando Youssou N'Dour, después de todo un recital de enérgicos ritmos africanos, termina regalando a los europeos esa Seven seconds que, sin embargo, no deja de ser una bonita canción. O como cuando Dylan, de quien tantas veces se ha dicho que es el más libre de los grandes, que parece despreciar a su público cuando no se digna a levantar la vista de su piano ni siquiera una vez en todo el concierto, vuelve a tocar por millonésima vez su Blowin' in the wind, para que todos podamos corear ese himno cuasi religioso que tan lejos le queda a él, y a nosotros…

En fin, acabé desbarrando, as usual.

Pero lo dicho, la música de Youssou me hizo sentir, moverme y pensar. ¿Se puede pedir más?

No lo sé. Pero de momento, pasado mañana, Tiken Jah Fakoly en el Círculo de Bellas Artes...

5 de marzo de 2007

Decálogo para crear un Estado anacional

Cada vez más me viene a la memoria una frase que para mí es el inicio de la modernidad: 'Etsi Deus non daretur', como si Dios no existiera. Primero aplicado por Grocio al Derecho y después por la Ilustración a la ciencia y la política; es el gran invento europeo. Es tan importante esta afirmación que seguramente es el único requisito que podemos plantear, aún hoy, a la hora de definir las normas de lo público que hace posible la convivencia con otras naciones y otras religiones.

De esta afirmación surgen el desarrollo científico y el Estado aconfesional. Esta afirmación no niega a Dios, no se enfrenta a él. Simplemente dice que las normas generales de convivencia deben construirse como si no existiera. Creo llegado el momento de aplicar la misma afirmación sobre las naciones. Hay que construir el entramado institucional, las normas que definen lo público 'Etsi natio non daretur'

Con el Estado aconfesional hemos terminado en Europa con las guerras de religión, con el Estado anacional debemos terminar con las luchas nacionalistas. No se trata de enfrentar a un nacionalismo otro ya existente. No se trata tampoco de negar la existencia de los nacionalismos o naciones. Se trata de definir las instituciones, las normas que regulan lo público para todos los ciudadanos como si la nación no existiera, de forma que todos, los de un nacionalismo u otro y, cada vez más, los de ninguno, acepten como suyo el nuevo Estado. He aquí mi decálogo para un Estado anacional.

1.Prescripción de todas las violencias nacionalistas ejercidas con anterioridad. Con ello se quiere decir prescripción de toda responsabilidad por violencias de motivación nacionalista, de la responsabilidad colectiva o histórica en concreto. La responsabilidad debe ser únicamente personal y sólo de las personas vivas. No podemos reivindicar el desagravio de la invasión navarra por el duque de Alba (por cierto, en la vanguardia iban abendaños arratianos) ni hacer un juicio penal a Sabino Arana. No se pueden pedir compensaciones (o castigos) colectivos por violencias ejercidas en la historia pasada.

2. Se define el Estado únicamente como un espacio jurisdiccional que ampara los derechos y provee de los servicios necesarios a los ciudadanos. El Estado debe abandonar todo añadido nacional obligatorio para todos sus ciudadanos.

3. Se reconocerá la distribución territorial realmente existente en la actualidad, renunciando a cualquier reivindicación de otro territorio ya existente. Con ello no se quiere decir que no se puedan o deban modificar las distribuciones territoriales dentro de la Unión Europea. Lo que se afirma es que ningún distrito territorial de la Unión puede definir como constitutivo de su propia entidad un territorio ajeno. Centroeuropa, que los tres últimos siglos ha vivido con fronteras móviles, ha terminado aceptando las realmente existentes. Alemania, en 1990, reconoce el Oder-Neisse/Odra-Nysa como frontera estable y definitiva, renunciando a las reivindicaciones de la zona que pertenece a la República polaca. Lo mismo ha hecho Polonia con sus actuales fronteras. No han sido decisiones fáciles. Todo polaco adulto recita de memoria el inicio de 'Pan Tadeus', su epopeya nacional: 'Lituania, patria querida, sólo quien te ha perdido sabe apreciarte'. Muchos de los millones de alemanes expulsados de sus tierras el año 1945 guardan aún la llave de su antigua casa. El caso tal vez más interesante es el irlandés. La constitución de la República de Irlanda incluía los condados del norte como parte constitutiva de Irlanda. Después de los acuerdos de Stormont modificó su constitución renunciando a esta pretensión. Obviamente, el caso navarro, con el escudo del Gobierno vasco con un cuartel vacío, salta inmediatamente con este ejemplo y, claro, el peñón de Gibraltar también asoma su nariz.

4. No está en nuestra mano escoger en qué espacio jurisdiccional nacemos y tenemos derecho a permanecer en él, o a cambiar, sea cual fuere nuestra identidad nacional. El territorio no tiene un propietario histórico con derechos exclusivos. El territorio pertenece a todas las personas que viven en él. Es sólo un ámbito de desarrollo. Ninguna persona verá reducidas o mermadas sus oportunidades personales a causa de su identidad nacional.

5. La identidad nacional o la religión no se pueden someter a votación. Ninguna sociedad puede decidir por mayorías cuál es su identidad nacional común. Debe ser una elección personal libre e individual y esta elección será amparada y protegida por el Estado. A nadie se le ocurre hoy someter a votación si los vascos debemos ser católicos o no, aunque el 99% decidiera que sí, el 1% restante tiene derecho a no ser católico y que el Estado al que pertenece tampoco lo sea. La identidad no se vota, es elección personal. Si el Estado confesional no pudo resolver la problemática de diferentes religiones, el Estado nacional tampoco puede resolver los problemas de diferentes identidades nacionales.

6. Las decisiones sobre la organización institucional son competencia exclusiva de las personas vivas. La historia, los muertos, los montes o los ríos no tienen derecho a voto. Las grupos sociales pueden tener diferentes preferencias y arraigos sobre instituciones históricas; unos pueden querer mantenerlos y otros modificarlos o suprimirlos, otros incluso recuperarlos, pero en ningún caso son fuente de derecho. Nadie tiene un derecho añadido porque en el territorio donde habita en la actualidad otras sociedades tuvieran instituciones diferentes.

7. La historia es patrimonio común. Debe desnudarse de toda intencionalidad nacional a la historia, ésta debe ser planteada como la historia de las sociedades que han habitado los territorios europeos.

8. Toda modificación territorial debe cumplir necesariamente los siguientes requisitos:

a) Que la nueva organización ofrezca más libertad a los ciudadanos.

b) Que la nueva organización mejore la igualdad de oportunidades.

c) Que sea ampliamente amparada por la población.

d) Que la nueva distribución territorial no margine grupos de ciudadanos.

9. No es posible suscribir un nuevo contrato social desde la nada con adscripciones voluntarias porque no existe la opción de no firmarlo. Nacemos obligatoriamente con un contrato social. Toda modificación de contrato debe plantearse desde la situación realmente existente y debe ser motivado. Esta modificación debe plantear una mejora para todos los ciudadanos. Debe, además, plantear los costes de la modificación y éstos deben ser sustancialmente menores que las mejoras que propone.

10. Termino el décimo punto planteando un problema. Las instituciones públicas no pueden funcionar apoyadas exclusivamente en el ejercicio de la violencia legal. Es absolutamente necesario que las personas asuman estas instituciones y que tengan una identificación suficiente con ellas como para defenderlas y asumirlas como propias. El nacionalismo nos ha ofrecido unos mecanismos muy eficaces en esta identificación. Si planteamos un Estado anacional debemos construir otros mecanismos de identificación que garanticen el apoyo a las instituciones públicas. No parece a corto plazo una tarea fácil.

Andoni Unzalu (El Correo, 4 de diciembre de 2005)

Estoy de acuerdo, no parece a corto, ni a medio, ni siquiera a largo plazo un tarea fácil. De hecho, a veces me da la sensación de que la tendencia es en sentido contrario, pero a mí me ha gustado leerlo, pensarlo. Algo así como Imagina que la nación no existe.