...the smell of you still in my hands
as I bring the cup up to my lips...
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11 de noviembre de 2011
11 de octubre de 2011
Se desean
Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.
Oliverio Girondo
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.
Oliverio Girondo
8 de octubre de 2011
Piel
Con lo que me gusta a mí hacerlo
Soy incapaz de poner palabras
A lo que siento
Cuando la toco
En lugar de seguir intentándolo
Seguro como estoy de acabar frustrado
Desisto y me limito a maravillarme
Ante uno más de los misterios de la vida
Tu piel
Soy incapaz de poner palabras
A lo que siento
Cuando la toco
En lugar de seguir intentándolo
Seguro como estoy de acabar frustrado
Desisto y me limito a maravillarme
Ante uno más de los misterios de la vida
Tu piel
3 de octubre de 2011
2 de octubre de 2011
Besos
You came to me this morning
And you handled me like meat
You'd have to be a man to know
How good that feels, how sweet
[...]
Leonard Cohen
28 de abril de 2011
20 de noviembre de 2010
18 de septiembre de 2010
Vivir en los pronombres
Quizás si volvemos tantas veces, si echamos tanto de menos la ciudad cuando la ausencia se hace demasiado larga, es porque aquí recobramos con más intensidad la parte de nosotros que es exclusivamente nuestra, el espacio en el que no hay nadie más, la zona inviolable de secreto que es la médula y la materia misma de la que está hecho el vínculo entre dos amantes, el Jordán en el que se sumergen para quedarse limpios de todo lo que la vida en común, las rutinas y las obligaciones les han ido agregando. Un hombre y una mujer, un hombre y otro hombre, una mujer y otra mujer, necesitan replegarse de vez en cuando al paraíso que está siempre en los orígenes, al despojamiento de los primeros encuentros, cuando no eran más que ellos mismos, el uno frente al otro, cuando el mundo exterior quedaba rigurosamente cancelado más allá de la habitación en la que se encerraban para amarse y cuando sólo tenían en común el deseo y el asombro del reconocimiento: ni hijos, ni padres, ni ninguna clase de parientes, ni propiedades, ni costumbres, ni sobreentendidos, ni recuerdos compartidos que fueran más allá del día cercano en que se conocieron, ni propósitos que se alejaran demasiado hacia el porvenir.
Antonio Muñoz Molina en "Ventanas de Manhattan"
Este hermoso texto dice en prosa algo parecido a lo que expresa en verso, más exaltado, un poema de Pedro Salinas que copié aquí hace tiempo.
Antonio Muñoz Molina en "Ventanas de Manhattan"
Este hermoso texto dice en prosa algo parecido a lo que expresa en verso, más exaltado, un poema de Pedro Salinas que copié aquí hace tiempo.
26 de mayo de 2010
Amor y (no) porno
Ayer, en una comida de hombres para despedir al crack de JM, asimilando las enseñanzas de nuestro común maestro A, hablamos una vez más de mujeres.
Estuve tentado ayer, al empezar a escribir este post al que tantas vueltas le estoy dando (más técnicas, con Google Wave, que de contenido), de contar algún detalle sobre la conversación, aun arriesgándome a romper el ancestral pacto de silencio que nos obliga a nosotros (los hombres) a no desverlarles jamás a ellas (vosotras) el contenido de conversaciones como ésa ;-).
Finalmente, el desvarío tomó otros derroteros y me centré en lo que me había llevado a escribir in the first place: el vídeo de Cindy Gallop titulado Make love not porn (Haced el amor, no porno) que encontré en fora.tv, uno de mis inagotables filones de conocimiento (¿quizá alguna vez sabiduría?).
Creo que el vídeo me llamó tanto la atención precisamente porque enlazaba con algo de lo que habíamos hablado en el restaurante (o, más precisamente, sobre lo que yo siempre pienso, aunque no siempre digo, cuando hablo de mujeres): la suerte que tenemos, en esta época que nos ha tocado vivir, de poder mantener, con todas sus limitaciones y tensiones, relaciones de igual a igual entre hombres y mujeres; o mejor, entre un hombre y una mujer.
En fin, que el discurso, breve, directo y sin tapujos de Cindy Gallop me impresionó.
[Si el vídeo incrustado no carga, como me pasa a mí, podéis verlo pulsando aquí o en el enlace del párrafo siguiente.]
Con más tiempo, me dedicaría a trascribirlo entero (ver más abajo), aunque el título es bastante explícito por sí solo.
Ése es también el nombre de su sitio web, makelovenotporn.com, de donde he sacado este pantallazo y donde hay varias comparaciones como ésta entre el mundo del porno y el mundo real:
Aunque espero que el texto de la imagen resulte suficientemente obvio para much@s (si no, mal vamos... ;-), lo que con lenguaje claro y directo transmite Gallop es que, en esta época en que el porno duro está más accesible que nunca a través de Internet, y en que los jóvenes empiezan a verlo a edades cada vez más tempranas, si los adultos no les enseñamos la diferencia entre lo que esas películas muestran (fantasías de hombres, para hombres, en general evidente y extremadamente machistas) y la realidad de las relaciones sexuales, están abocados a una vida sexual, y por tanto, a una vida emocional, limitada, empobrecida, desgraciada.
Y esto, como bien dice la señora Gallop, no se arregla evitando que accedan al porno, cosa que conviene asumir que es prácticamente imposible, sino sirviendo de contrapeso, educándolos, mostrándoles que esos delirios masculinos, mecánicos, repetitivos, completamente previsibles, poco tienen que ver con la complejidad, la riqueza, la sutileza y la potencia de la forma más intensa que los humanos tenemos de relacionarnos: el sexo.
Mi transcripción (work in progress haciendo pruebas con Google Wave):
Estuve tentado ayer, al empezar a escribir este post al que tantas vueltas le estoy dando (más técnicas, con Google Wave, que de contenido), de contar algún detalle sobre la conversación, aun arriesgándome a romper el ancestral pacto de silencio que nos obliga a nosotros (los hombres) a no desverlarles jamás a ellas (vosotras) el contenido de conversaciones como ésa ;-).
Finalmente, el desvarío tomó otros derroteros y me centré en lo que me había llevado a escribir in the first place: el vídeo de Cindy Gallop titulado Make love not porn (Haced el amor, no porno) que encontré en fora.tv, uno de mis inagotables filones de conocimiento (¿quizá alguna vez sabiduría?).
Creo que el vídeo me llamó tanto la atención precisamente porque enlazaba con algo de lo que habíamos hablado en el restaurante (o, más precisamente, sobre lo que yo siempre pienso, aunque no siempre digo, cuando hablo de mujeres): la suerte que tenemos, en esta época que nos ha tocado vivir, de poder mantener, con todas sus limitaciones y tensiones, relaciones de igual a igual entre hombres y mujeres; o mejor, entre un hombre y una mujer.
En fin, que el discurso, breve, directo y sin tapujos de Cindy Gallop me impresionó.
[Si el vídeo incrustado no carga, como me pasa a mí, podéis verlo pulsando aquí o en el enlace del párrafo siguiente.]
Con más tiempo, me dedicaría a trascribirlo entero (ver más abajo), aunque el título es bastante explícito por sí solo.
Ése es también el nombre de su sitio web, makelovenotporn.com, de donde he sacado este pantallazo y donde hay varias comparaciones como ésta entre el mundo del porno y el mundo real:
Aunque espero que el texto de la imagen resulte suficientemente obvio para much@s (si no, mal vamos... ;-), lo que con lenguaje claro y directo transmite Gallop es que, en esta época en que el porno duro está más accesible que nunca a través de Internet, y en que los jóvenes empiezan a verlo a edades cada vez más tempranas, si los adultos no les enseñamos la diferencia entre lo que esas películas muestran (fantasías de hombres, para hombres, en general evidente y extremadamente machistas) y la realidad de las relaciones sexuales, están abocados a una vida sexual, y por tanto, a una vida emocional, limitada, empobrecida, desgraciada.
Y esto, como bien dice la señora Gallop, no se arregla evitando que accedan al porno, cosa que conviene asumir que es prácticamente imposible, sino sirviendo de contrapeso, educándolos, mostrándoles que esos delirios masculinos, mecánicos, repetitivos, completamente previsibles, poco tienen que ver con la complejidad, la riqueza, la sutileza y la potencia de la forma más intensa que los humanos tenemos de relacionarnos: el sexo.
Mi transcripción (work in progress haciendo pruebas con Google Wave):
14 de marzo de 2010
Tacto
Hoy, mañana de domingo soleado (¡por fin!), ideal para salir de paseo al campo con Lúa (como pienso hacer en un ratito), lo que me pide el cuerpo no es eso, sino otro cuerpo: piel con piel, una vez más.
No va a ser, no lo va a haber. Not today, anyway.
Y no pasa nada. Sólo que hacía demasiado tiempo que no escribía aquí. Y a falta de algo de más enjundia, ahí queda esto.
Hala.
1 de marzo de 2010
Afinando
Tarde aprendiendo Drupal. Con musiquilla de fondo.
Tranquilidad. Casi alegría.
Qué fácil puede ser todo cuando el detector está en on.
Y más fácil aún si suena esto:
(Que para mí, por razones que no vienen al caso, es prácticamente sinónimo de sexo :-P)
Tranquilidad. Casi alegría.
Qué fácil puede ser todo cuando el detector está en on.
Y más fácil aún si suena esto:
(Que para mí, por razones que no vienen al caso, es prácticamente sinónimo de sexo :-P)
14 de enero de 2010
25 de diciembre de 2009
No me hizo Esteban, ni esta vez ni las siguientes, la tonta pregunta de si me había gustado, ni ponderó que yo era una maravilla, una diosa en la cama (pocos días después me diría —y eso sí debía de ser cierto, y eso sí me halagó— que nunca había encontrado a una mujer que hiciera el amor con tanta alegría). Y, sin embargo, tuvieron que transcurrir meses —ya vivíamos juntos— para que yo descubriera con estupor —una tarde cualquiera, en nada distinta a las demás, una de tantas tardes de sábado en que él no trabajaba y nos acostábamos para la siesta— que de mi propia sexualidad, yo, tan proclive los últimos tiempos a los juegos eróticos, ignoraba lo esencial; para que descubriera una calidad específica de placer de la que no tenía indicios y que no había añorado jamás, ni había buscado con éste ni con ningún otro hombre anterior, pues ignoraba, no sólo en qué consistía y cómo se alcanzaba, sino incluso que existiera, una dimensión de goce de mi cuerpo —siempre más sabio el cuerpo, siempre más certero y sutil que lo que llamamos espíritu— había estado, no obstante, aguardando, sin ser yo consciente de espera alguna, hasta que llegó Esteban, y con él la felicidad.
Esther Tusquets, en Confesiones de una vieja dama indigna
Esther Tusquets, en Confesiones de una vieja dama indigna
19 de diciembre de 2009
Muslo
Pocas palabras hay que me resulten más eróticas que ésta, que provoquen en mí mayor concupiscencia.
Aunque se me ocurre una: muslos.
Aunque se me ocurre una: muslos.
26 de octubre de 2009
El sexo en siete lecciones
1. Gozo y tortura
que el Tártaro yel Cielo
-uña de carne- desempeñan.
Al sexo y su desorden milagroso,
a su perfecto matrimonio; ,
de beso y abrelatas, sucumbimos.
A la gloria del sexo,
a su desenfrenado latrocinio,
su avaricia impecable,
alto, cedemos.
2. Y por estar a flote,
por ser la superficie de la espuma en la piel,
por ser lo más visible y general,
por ser el más común lugar del paraíso visitado,
el sexo, lo evidente,
lo que a todos iguala,
lo esencial -sabia era Eva,
ingenuo Segismundo-,
por ser el sexo algo tan real,
lo único real acaso,
sólo se existe y vive a su merced.
No es reducible el sexo a números ni a ciencia,
no es cosa comprensible,
no es natural ni humano
y la divinidad lo desconoce.
Lo real no está sujeto a inquisición.
3. El tiempo escaso por costumbre
y, por la costumbre, frágil,
no basta para el amor
y es demasiado para el sexo.
Pero si en sexo se midiera el tiempo
si el sexo -el gozo, mejor dicho- fuera
una unidad de tiempo,
sería la más pequeña
que el reloj pudiera imaginar,
la apenas registrable,
el átomo del tiempo.
4. Ni el denodado goce de los cuerpos,
ni el carnívoro roce de las bocas,
ni las fieras sensuales de los dedos,
ni las mejillas ardorosas,
ni el sudor refrescante de los pechos
-su rima encantadora-,
ni el tacto delicioso de los muslos,
ni la plata del pubis,
ni las caudas azules y viriles,
son suficientes para el sexo.
La plena saciedad misma, no basta.
Lacios los cuerpos tras el goce, exhaustos,
bebidos uno a otro hasta las plantas,
sueñan, despiertos, con el sexo.
Sólo han probado, sólo empiezan a hervir.
La saciedad más absoluta
es siempre, apenas, el principio.
5. El cuerpo es siempre virgen para el sexo.
El cuerpo siempre, Paul, recomenzando.
Y el cuerpo eterno, el fiero eterno cuerpo
muere antes que el sexo.
6. Y nada de que el sexo
sólo con amor es sexo.
El sexo es siempre amor,
nunca el amor es sexo.
El amor no es amor,
el sexo es el amor.
No hay sexo sin amor
pero hay amor sin sexo, y no lo es.
Todo amor sin sexo es corruptible.
Sólo una advertencia:
es ya desgracia conocida
que el sexo y el amor no sean posibles
sino con personas,
con almas y con cuerpos de cuatro dimensiones,
con seres existentes,
y nunca con fantasmas o sombras pasajeras,
mucho menos con plantas o gallinas.
7 (y última). El sexo es una cosa
que se embellece cuando se la mira.
Y la prostitución es su magnífico revés,
su negación perfecta,
su ausencia depresiva.
El sexo es este Dios moldeado
por su más portentosa y vil creatura.
Eduardo Lizalde
que el Tártaro yel Cielo
-uña de carne- desempeñan.
Al sexo y su desorden milagroso,
a su perfecto matrimonio; ,
de beso y abrelatas, sucumbimos.
A la gloria del sexo,
a su desenfrenado latrocinio,
su avaricia impecable,
alto, cedemos.
2. Y por estar a flote,
por ser la superficie de la espuma en la piel,
por ser lo más visible y general,
por ser el más común lugar del paraíso visitado,
el sexo, lo evidente,
lo que a todos iguala,
lo esencial -sabia era Eva,
ingenuo Segismundo-,
por ser el sexo algo tan real,
lo único real acaso,
sólo se existe y vive a su merced.
No es reducible el sexo a números ni a ciencia,
no es cosa comprensible,
no es natural ni humano
y la divinidad lo desconoce.
Lo real no está sujeto a inquisición.
3. El tiempo escaso por costumbre
y, por la costumbre, frágil,
no basta para el amor
y es demasiado para el sexo.
Pero si en sexo se midiera el tiempo
si el sexo -el gozo, mejor dicho- fuera
una unidad de tiempo,
sería la más pequeña
que el reloj pudiera imaginar,
la apenas registrable,
el átomo del tiempo.
4. Ni el denodado goce de los cuerpos,
ni el carnívoro roce de las bocas,
ni las fieras sensuales de los dedos,
ni las mejillas ardorosas,
ni el sudor refrescante de los pechos
-su rima encantadora-,
ni el tacto delicioso de los muslos,
ni la plata del pubis,
ni las caudas azules y viriles,
son suficientes para el sexo.
La plena saciedad misma, no basta.
Lacios los cuerpos tras el goce, exhaustos,
bebidos uno a otro hasta las plantas,
sueñan, despiertos, con el sexo.
Sólo han probado, sólo empiezan a hervir.
La saciedad más absoluta
es siempre, apenas, el principio.
5. El cuerpo es siempre virgen para el sexo.
El cuerpo siempre, Paul, recomenzando.
Y el cuerpo eterno, el fiero eterno cuerpo
muere antes que el sexo.
6. Y nada de que el sexo
sólo con amor es sexo.
El sexo es siempre amor,
nunca el amor es sexo.
El amor no es amor,
el sexo es el amor.
No hay sexo sin amor
pero hay amor sin sexo, y no lo es.
Todo amor sin sexo es corruptible.
Sólo una advertencia:
es ya desgracia conocida
que el sexo y el amor no sean posibles
sino con personas,
con almas y con cuerpos de cuatro dimensiones,
con seres existentes,
y nunca con fantasmas o sombras pasajeras,
mucho menos con plantas o gallinas.
7 (y última). El sexo es una cosa
que se embellece cuando se la mira.
Y la prostitución es su magnífico revés,
su negación perfecta,
su ausencia depresiva.
El sexo es este Dios moldeado
por su más portentosa y vil creatura.
Eduardo Lizalde
23 de septiembre de 2009
Los amorosos
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor.
Los amorosos viven al día,
no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡qué bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse,
dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.
Jaime Sabines
Extraordinario poema, maravilloso el recitado del propio poeta.
Después de todo el día (todos los días) delante de la pantalla, y por muy enganchado que esté a la inmediatez inmaterial de la red, a la inmensidad de todo lo que me queda por saber, daría mi reino por pasar un ratito con una low-tech lady escuchando, saboreando, oliendo, cantando, llorando (de alegría, no de tristeza, S. ;-) como Sabines.
Añado el vídeo:
21 de septiembre de 2009
Empezando la semanita con alegría
Horas
No queríamos dormir
nos queríamos comer el mundo
No podíamos dejar de estar a solas ni un segundo
Ida y vuelta de la cama
a la alfombra voladora
nos bastaba con dejar pasar
dejar pasar las horas
Horas, horas,
colgados como dos computadoras
Horas, horas,
meta echar carbón en la locomotora
Recorriendo aquel edén
de sólo dos metros cuadrados
¿Que será de aquel colchón, de aquel colchón tan maltratado?
Allá íbamos tu y yo
llevados por el remolino
nos dejábamos caer, caer,
caer hacia el destino
Durante horas, horas,
colgados como dos computadoras
Horas, horas,
meta echar carbón en la locomotora
No queríamos dormir
nos queríamos comer a besos
No queríamos dejar de cometer ni un solo exceso
Nos venía a saludar en el balcón la luna llena
Nos bastaba con dejar morir
dejar morir la pena
Horas, horas,
colgados como dos computadoras
Horas, horas,
meta echar carbón en la locomotora
Jorge Drexler
20 de septiembre de 2009
Regalo
El otro día mencionaba el regalo de Leonard, el mejor regalo: el silencio.
Pero reconozco que ante un regalo como éste, de Le parfum d'Yvonne, no sabría cuál elegir...
:-P
Pero reconozco que ante un regalo como éste, de Le parfum d'Yvonne, no sabría cuál elegir...
:-P
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