Creí que el asunto de la tilde o acento ortográfico estaba zanjado tras el post que le dediqué hace tiempo (y que es de los más visitados del blog, por cierto), pero veo que no todo el mundo lo ha leído con atención (...), así que insisto (¡y que sea la última vez que alguien no me hace caso!).
Hay dos ejemplos concretos que la gente no acaba de escribir bien:
mi/mí:
"Mi" no lleva tilde cuando actúa como adjetivo posesivo ("mi coche es negro", "me gusta mi vida"...) o cuando se refiere a la nota musical; sí la lleva en cambio cuando lo hace como pronombre ("hablan de mí", "para mí no es importante", "no es a mí a quien buscan").
(Recuerdo a mis amables y atentas lectoras que "ti" nunca lleva tilde, pues únicamente puede actuar como pronombre, ya que el adjetivo posesivo de segunda persona del singular es "tu", por lo que no hay posibilidad de anfibología, que diría si fuese aún más pedante...)
si/sí:
No lleva tilde cuando sirve como conjunción ("Si me quisieses, no me harías eso", "No sé si me entiendes.") o cuando se refiere a la nota musical; la lleva cuando actúa como pronombre personal ("Dijo para sí.", "Los peces se comunican entre sí.") o bien como adverbio de afirmación ("Dijo que sí.", "Los peces sí se comunican.").
Hala.
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8 de septiembre de 2010
24 de diciembre de 2009
Antes de que se me olvide, otra cosita que saqué en claro del libro de Benjamín Prado (al final va a resultar que hasta estaba bien y todo...):
Desde hace tiempo busco la manera de expresar la diferencia que hay entre lo que hace, por ejemplo, Sabina, y lo que venden Bisbal y compañía, aunque a todo se le llame música, porque lo es.
Y lo mismo podría valer para los libros (aunque no estoy tan seguro que valga para la literatura, con mayúscula o con minúscula).
Prado dice en algún momento que la diferencia entre estas dos formas de música está en que el artista (no me gusta demasiado la palabra, sobre todo cuando alguien se la aplica a sí mismo) cuando compone, cuando escribe, no tiene en cuenta al público, o al menos, idealmente, no debería tenerlo en cuenta. Por el contrario, el otro tipo de músico (ejemplo paradigmático: el triunfito), compone, elige las canciones, construye sus discos, pensando sobre todo en cómo serán recibidos (=comprados).
Sé que es una distinción muy burda, que la realidad tiene infinitos matices más. Pero a mí me ayuda un poco a poner en palabras lo mismo que el propio Sabina dijo hace unos años cuando le preguntaron algo del estilo de: "¿No le da envidia el éxito de Bisbal, Bustamante y compañía?". A lo que él respondió: "No. No estamos en el mismo negocio", o algo así.
Desde hace tiempo busco la manera de expresar la diferencia que hay entre lo que hace, por ejemplo, Sabina, y lo que venden Bisbal y compañía, aunque a todo se le llame música, porque lo es.
Y lo mismo podría valer para los libros (aunque no estoy tan seguro que valga para la literatura, con mayúscula o con minúscula).
Prado dice en algún momento que la diferencia entre estas dos formas de música está en que el artista (no me gusta demasiado la palabra, sobre todo cuando alguien se la aplica a sí mismo) cuando compone, cuando escribe, no tiene en cuenta al público, o al menos, idealmente, no debería tenerlo en cuenta. Por el contrario, el otro tipo de músico (ejemplo paradigmático: el triunfito), compone, elige las canciones, construye sus discos, pensando sobre todo en cómo serán recibidos (=comprados).
Sé que es una distinción muy burda, que la realidad tiene infinitos matices más. Pero a mí me ayuda un poco a poner en palabras lo mismo que el propio Sabina dijo hace unos años cuando le preguntaron algo del estilo de: "¿No le da envidia el éxito de Bisbal, Bustamante y compañía?". A lo que él respondió: "No. No estamos en el mismo negocio", o algo así.
23 de diciembre de 2009
Ayer, tras el reencuentro en Nueva York, G. y yo retomamos la conversación que quedó abruptamente interrumpida hace 9 años en París.
Ha pasado mucho tiempo, han cambiado muchas cosas. Pero otras, no.
Por ejemplo, como me recordó ella, mi obsesión con las lenguas y los nacionalismos... Y la capacidad para enrollarme ad infinitum.
:-P
Ha pasado mucho tiempo, han cambiado muchas cosas. Pero otras, no.
Por ejemplo, como me recordó ella, mi obsesión con las lenguas y los nacionalismos... Y la capacidad para enrollarme ad infinitum.
:-P
9 de septiembre de 2008
Canciones
Me está pasando algo curioso últimamente con las canciones. Se me aparecen. Empiezo a pensar que me quieren decir algo. Aún me falta inventarme qué es.
Acabo de ver un capítulo más de Californication, otra de esas series que me enganchan, aunque ésta no es ni mucho menos del nivelazo de las otras. Pero desde luego no está nada mal.
El caso es que acaba con el prota, que es un picha loca que empieza a estar de vuelta, intentando animar a su hija preadolescente tras su primer desengaño amoroso, para lo que le empieza a cantar los primeros versos de If you see her, say hello, la que es para mí la mejor canción de amor de Dylan... y que yo por supuesto tenía que youtubear aquí:
(El único vídeo con la versión original, la que me pone los pelos de punta, tiene poca gracia, aunque al menos está subtitulado en español)
Más canciones:
Cuando me di el empacho de Mad men, me encontré con otra canción sorprendente. En uno de los capítulos, no recuerdo bien por qué (lo cierto es que no le pega nada al personaje), el protagonista, el as de la publicidad Don Draper, se mete en una sala de cine a ver una peli francesa, en la que suena, cantada por una mujer, Ballade des dames du temps jadis, un poema de François Villon que yo sólo conocía en versión del maravilloso Georges Brassens. (Enorme la canción cuya letra puse ahí. Si me tuviese que poner serio, diría que mi himno. Lástima que no esté en youtube. Buscadla por ahí y escuchadla, coño :-P)
Y más aún:
Hace un par de semanas vi en casa El velo pintado, que me entretuvo bastante, por cierto.
En un momento de la peli, la protagonista (Naomi Watts... Ay), que da clases de música en un orfanato en China regentado por monjas francesas, toca con los niños una canción infantil que se titula (acabo de descubrirlo buscándola en youtube) À la claire fontaine (En la fuente clara), y que vuelve a sonar al final de la historia:
A la claire fontaine,
M'en allant promener
J'ai trouvé l'eau si belle
Que je m'y suis baigné
Il y a longtemps que je t'aime
Jamais je ne t'oublierai
Sous les feuilles d'un chêne,
Je me suis fait sécher
Sur la plus haute branche,
Un rossignol chantait
Chante rossignol, chante,
Toi qui as le cœur gai
Tu as le cœur à rire,
Moi je l'ai à pleurer
J'ai perdu mon amie,
Sans l'avoir mérité
Pour un bouquet de roses,
Que je lui refusais
Je voudrais que la rose,
Fût encore au rosier
Et que ma douce amie
Fût encore à m'aimer
(A la clara fuente
Yendo de paseo
Encontré el agua tan hermosa
Que en ella me bañé
Hace mucho tiempo que te quiero
Nunca te olvidaré
Bajo las hojas de un roble
Me fui a secar
En la rama más alta
Oí a un ruiseñor cantar
Canta, ruiseñor, canta
Tú que tienes el corazón contento
En tu corazón hay risas
En el mío, llanto
He perdido a mi amiga
Sin haberlo merecido
Por un ramo de rosas
Que yo le rechacé
Querría que la rosa
Estuviera aún en el rosal
Y que mi dulce amiga
Aún me quisiera a mí)
Uno de los versos de esa canción, precisamente, da título a otra peli que vi el otro día, esta vez en el cine, en la que actuaba KST y cuyo personaje que, ahora caigo, se llama Juliette Fontaine, también toca al piano esta canción en la película, mientras se la enseña a su sobrina, que es adoptada y china, por cierto.
Para rematar aprovecho y os cuelo el trailer, para que veáis por qué dije lo que dije de KST... :-P
Acabo de ver un capítulo más de Californication, otra de esas series que me enganchan, aunque ésta no es ni mucho menos del nivelazo de las otras. Pero desde luego no está nada mal.
El caso es que acaba con el prota, que es un picha loca que empieza a estar de vuelta, intentando animar a su hija preadolescente tras su primer desengaño amoroso, para lo que le empieza a cantar los primeros versos de If you see her, say hello, la que es para mí la mejor canción de amor de Dylan... y que yo por supuesto tenía que youtubear aquí:
(El único vídeo con la versión original, la que me pone los pelos de punta, tiene poca gracia, aunque al menos está subtitulado en español)
Más canciones:
Cuando me di el empacho de Mad men, me encontré con otra canción sorprendente. En uno de los capítulos, no recuerdo bien por qué (lo cierto es que no le pega nada al personaje), el protagonista, el as de la publicidad Don Draper, se mete en una sala de cine a ver una peli francesa, en la que suena, cantada por una mujer, Ballade des dames du temps jadis, un poema de François Villon que yo sólo conocía en versión del maravilloso Georges Brassens. (Enorme la canción cuya letra puse ahí. Si me tuviese que poner serio, diría que mi himno. Lástima que no esté en youtube. Buscadla por ahí y escuchadla, coño :-P)
Y más aún:
Hace un par de semanas vi en casa El velo pintado, que me entretuvo bastante, por cierto.
En un momento de la peli, la protagonista (Naomi Watts... Ay), que da clases de música en un orfanato en China regentado por monjas francesas, toca con los niños una canción infantil que se titula (acabo de descubrirlo buscándola en youtube) À la claire fontaine (En la fuente clara), y que vuelve a sonar al final de la historia:
A la claire fontaine,
M'en allant promener
J'ai trouvé l'eau si belle
Que je m'y suis baigné
Il y a longtemps que je t'aime
Jamais je ne t'oublierai
Sous les feuilles d'un chêne,
Je me suis fait sécher
Sur la plus haute branche,
Un rossignol chantait
Chante rossignol, chante,
Toi qui as le cœur gai
Tu as le cœur à rire,
Moi je l'ai à pleurer
J'ai perdu mon amie,
Sans l'avoir mérité
Pour un bouquet de roses,
Que je lui refusais
Je voudrais que la rose,
Fût encore au rosier
Et que ma douce amie
Fût encore à m'aimer
(A la clara fuente
Yendo de paseo
Encontré el agua tan hermosa
Que en ella me bañé
Hace mucho tiempo que te quiero
Nunca te olvidaré
Bajo las hojas de un roble
Me fui a secar
En la rama más alta
Oí a un ruiseñor cantar
Canta, ruiseñor, canta
Tú que tienes el corazón contento
En tu corazón hay risas
En el mío, llanto
He perdido a mi amiga
Sin haberlo merecido
Por un ramo de rosas
Que yo le rechacé
Querría que la rosa
Estuviera aún en el rosal
Y que mi dulce amiga
Aún me quisiera a mí)
Uno de los versos de esa canción, precisamente, da título a otra peli que vi el otro día, esta vez en el cine, en la que actuaba KST y cuyo personaje que, ahora caigo, se llama Juliette Fontaine, también toca al piano esta canción en la película, mientras se la enseña a su sobrina, que es adoptada y china, por cierto.
Para rematar aprovecho y os cuelo el trailer, para que veáis por qué dije lo que dije de KST... :-P
1 de agosto de 2008
De vuelta
Ya estoy aquí otra vez, de nuevo ante el monstruo.
Sorprendentemente, no tengo muchas ganas de volver a engancharme a la red, pero sí quiero dejar constancia de algo.
He pasado unos días estupendos con A., D. y S. (merci encore une fois!), sucesivamente en Toledo, Granada, Salobreña, Toledo de nuevo y finalmente Majadahonda-Madrid.
No han sido, al menos para mí, días de tranquilidad, de reposo, sino de una cierta revolución, d'une certaine remise en question de ideas sobre mí mismo que creía tener asentadas.
Y la verdad es que no hay nada que me divierta más que darme cuenta de que, cada vez que creo estar de vuelta, la vida (lo que en general quiere decir: las personas) se encarga de sorprenderme.
Además, de hecho, creo que se trata de un nuevo paso en mi compromiso, en mi vuelta a la vida real tras años enclaustrado en un sitio cerrado y lóbrego.
Vale, suena un poco cursi, pero si además os digo que esta mañana me he afeitado el pecho, ¿entonces qué?
:-D
Sorprendentemente, no tengo muchas ganas de volver a engancharme a la red, pero sí quiero dejar constancia de algo.
He pasado unos días estupendos con A., D. y S. (merci encore une fois!), sucesivamente en Toledo, Granada, Salobreña, Toledo de nuevo y finalmente Majadahonda-Madrid.
No han sido, al menos para mí, días de tranquilidad, de reposo, sino de una cierta revolución, d'une certaine remise en question de ideas sobre mí mismo que creía tener asentadas.
Y la verdad es que no hay nada que me divierta más que darme cuenta de que, cada vez que creo estar de vuelta, la vida (lo que en general quiere decir: las personas) se encarga de sorprenderme.
Además, de hecho, creo que se trata de un nuevo paso en mi compromiso, en mi vuelta a la vida real tras años enclaustrado en un sitio cerrado y lóbrego.
Vale, suena un poco cursi, pero si además os digo que esta mañana me he afeitado el pecho, ¿entonces qué?
:-D
5 de mayo de 2008
Se me acusa con frecuencia (y cierto fundamento, à quoi bon le nier) de ser un idealista y un romántico impenitente, y detecto en el comentario cierto aire de reproche, como si fuese algo a evitar. Esto es algo que no me gusta nada, diría que incluso me molesta. Aunque, por otra parte, siendo sincero, reconozco que quienes me lo echan en cara tienen al cierta parte razón.
Ahora que vuelvo de pasar unos días con amigos en la playa podría dedicar este post hacer glosas del dolce far niente al que nos hemos dedicado con ahínco, y quizá es lo que algunos de mis fieles lectores esperan, pero no me apetece porque, pese a haberlo disfrutado, no ha sido eso lo más importante de este viaje.
De estos cuatro días, en los que me ha caído un año más en las alforjas, me quedo con tres cosas que poco tienen que ver con quienes me han acompañado y mucho con mi vida personal, interior, casi diría que íntima (si no fuese porque aquí las escribo, las echo al viento):
La renovación del compromiso que hice conmigo mismo hace ya casi un año: la voluntad de quitarme de encima todos esos kilos que me había ido echando en los tres años anteriores, de volver a encontrarme físicamente como alguna vez fui (sí, ya sé que no sólo pesan los kilos, también los años...). Vuelvo del viaje, en el que no me he privado de nada aunque he sabido moderarme en todo, más fuerte e incluso algo más delgado, contento por haber cumplido mi objetivo de hacer ejercicio allí y por comprobar cómo las míticas cuestas no me cuestan ahora tanto...
La segunda cosa importante es un convencimiento más que una constatación: la extensión de este compromiso del ámbito físico (que, por supuesto, es en parte también mental) al intelectual, al profesional. He decidido que este año, el de mis treinta y uno, va a ser un buen año. Y ya va siendo hora de poner medios para ello.
Y la tercera, last but not least, y donde sale a relucir el ramalazo poético del que ni quiero ni puedo librarme, es el reencuentro con ese pequeñísimo rincón del Mediterráneo que a fuerza de devorarlo con la mirada he acabado haciendo mío: la playa de la Guardia en Salobreña, con su inexistente arena e incómodos cantos, con su habitual legión de horterillas varios y pescadores domingueros, me ha dado probablemente los momentos de mayor tranquilidad y lucidez de mi vida.
El atardecer del sábado, en el que pese a estar acompañado estaba completamente solo frente al mar, fue el último hasta ahora.
Que sean muchos más.
Ahora que vuelvo de pasar unos días con amigos en la playa podría dedicar este post hacer glosas del dolce far niente al que nos hemos dedicado con ahínco, y quizá es lo que algunos de mis fieles lectores esperan, pero no me apetece porque, pese a haberlo disfrutado, no ha sido eso lo más importante de este viaje.
De estos cuatro días, en los que me ha caído un año más en las alforjas, me quedo con tres cosas que poco tienen que ver con quienes me han acompañado y mucho con mi vida personal, interior, casi diría que íntima (si no fuese porque aquí las escribo, las echo al viento):
La renovación del compromiso que hice conmigo mismo hace ya casi un año: la voluntad de quitarme de encima todos esos kilos que me había ido echando en los tres años anteriores, de volver a encontrarme físicamente como alguna vez fui (sí, ya sé que no sólo pesan los kilos, también los años...). Vuelvo del viaje, en el que no me he privado de nada aunque he sabido moderarme en todo, más fuerte e incluso algo más delgado, contento por haber cumplido mi objetivo de hacer ejercicio allí y por comprobar cómo las míticas cuestas no me cuestan ahora tanto...
La segunda cosa importante es un convencimiento más que una constatación: la extensión de este compromiso del ámbito físico (que, por supuesto, es en parte también mental) al intelectual, al profesional. He decidido que este año, el de mis treinta y uno, va a ser un buen año. Y ya va siendo hora de poner medios para ello.
Y la tercera, last but not least, y donde sale a relucir el ramalazo poético del que ni quiero ni puedo librarme, es el reencuentro con ese pequeñísimo rincón del Mediterráneo que a fuerza de devorarlo con la mirada he acabado haciendo mío: la playa de la Guardia en Salobreña, con su inexistente arena e incómodos cantos, con su habitual legión de horterillas varios y pescadores domingueros, me ha dado probablemente los momentos de mayor tranquilidad y lucidez de mi vida.
El atardecer del sábado, en el que pese a estar acompañado estaba completamente solo frente al mar, fue el último hasta ahora.
Que sean muchos más.
3 de abril de 2008
Sigo aún bajo los efectos de la epifanía ;) que viví en Buenos Aires.
En concreto, hay dos ideas que me rondan (pese a que todo parecía indicar lo contrario, va a resultar que me cabe más de una en la kabeza...):
Una, que pese a que siempre he sido consciente de mi ignorancia, de los vastos océanos de mi ignorancia, que diría el poeta, hasta ahora no había hecho nada por remediarla, o al menos por ponerle algún dique. La gente tiene de mí una imagen poco ajustada a la realidad (sobre todo aquí en Toledo, donde soy el friki que desayuna y come solo, sin levantar la vista de mis "papelitos"), porque hablo de lecturas, de libros, de páginas web, creen que debo de leer mucho. Y no es así. En absoluto. Llevo mucho tiempo picoteando de aquí y de allí, leyendo artículos, textos cortos, pinceladas, introducciones, pero sin estudiar, sin aprender, sin intentar comprender. (g puede dar fe de mi criterio principal a la hora de comprar libros: la probabilidad de que los acabe comprando es inversamente proporcional a su grosor...)
La otra idea, relacionada con la anterior, es la sensación de que me estoy "localizando", de que he cedido a la sutil pero innegable "presión" ambiental que incita a reducir el ámbito de atención a lo que sucede en España (escuchando radio, leyendo prensa española).
Como cada vez que salgo del país y desconecto de su actualidad, me doy cuenta de lo pobre que es nuestro debate político, siempre centrado en los mismos pocos asuntos, que no son ni mucho menos los más importantes, y con una estricta división partidista, que lo empobrece y limita aún más: o conmigo o contra mí.
Para combatir estas dos tendencias, y por recomendación de mi querido tío, los últimos días aprovecho mis dos horas diarias de coche para escuchar los podcasts de la BBC y de Radio France. Y yo, que soy defensor de nuestra Radio Nacional de España, que es para mí, con mucho, lo mejor que se puede escuchar aquí, debo reconocer que tanto británicos como franceses nos dan mil vueltas...
Para no dejar el honor patrio mancillado :), recomiendo también el archivo de conferencias de la Fundación Juan March que, si bien no trata temas de estricta actualidad y tampoco tiene el encanto de lo exótico que yo tanto aprecio en los idiomas extranjeros, no por ello deja de ser interesante.
En concreto, hay dos ideas que me rondan (pese a que todo parecía indicar lo contrario, va a resultar que me cabe más de una en la kabeza...):
Una, que pese a que siempre he sido consciente de mi ignorancia, de los vastos océanos de mi ignorancia, que diría el poeta, hasta ahora no había hecho nada por remediarla, o al menos por ponerle algún dique. La gente tiene de mí una imagen poco ajustada a la realidad (sobre todo aquí en Toledo, donde soy el friki que desayuna y come solo, sin levantar la vista de mis "papelitos"), porque hablo de lecturas, de libros, de páginas web, creen que debo de leer mucho. Y no es así. En absoluto. Llevo mucho tiempo picoteando de aquí y de allí, leyendo artículos, textos cortos, pinceladas, introducciones, pero sin estudiar, sin aprender, sin intentar comprender. (g puede dar fe de mi criterio principal a la hora de comprar libros: la probabilidad de que los acabe comprando es inversamente proporcional a su grosor...)
La otra idea, relacionada con la anterior, es la sensación de que me estoy "localizando", de que he cedido a la sutil pero innegable "presión" ambiental que incita a reducir el ámbito de atención a lo que sucede en España (escuchando radio, leyendo prensa española).
Como cada vez que salgo del país y desconecto de su actualidad, me doy cuenta de lo pobre que es nuestro debate político, siempre centrado en los mismos pocos asuntos, que no son ni mucho menos los más importantes, y con una estricta división partidista, que lo empobrece y limita aún más: o conmigo o contra mí.
Para combatir estas dos tendencias, y por recomendación de mi querido tío, los últimos días aprovecho mis dos horas diarias de coche para escuchar los podcasts de la BBC y de Radio France. Y yo, que soy defensor de nuestra Radio Nacional de España, que es para mí, con mucho, lo mejor que se puede escuchar aquí, debo reconocer que tanto británicos como franceses nos dan mil vueltas...
Para no dejar el honor patrio mancillado :), recomiendo también el archivo de conferencias de la Fundación Juan March que, si bien no trata temas de estricta actualidad y tampoco tiene el encanto de lo exótico que yo tanto aprecio en los idiomas extranjeros, no por ello deja de ser interesante.
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