9 de febrero de 2010
Me he levantado de mala hostia, y así llevo todo el día.
Creo que no tiene que ver con Salobreña, que ha sido un lujo (el lugar, el tiempo, la compañía), sino con la vuelta.
Arj.
1 de abril de 2009
Coming back to you...
Primero en familia, luego unos días solo.
Y, como cada vez que viajo, aunque sea para volver una vez más a Salobreña, fantaseo sobre todo con una cosa: la cantidad de libros que voy a poder leer.
Sé que no será así, que no encontraré la tranquilidad, la concentración, las ganas, pero en un arranque de "flipadez", acabo de amontonar unos diez libros que me gustaría leer esta Semana Santa:
Libros geeks: desde programación con Ruby on Rails a otro más sobre la revolución de Google (en français, en plus), pasando alguno de los que tengo pendientes desde que me llegaron hace ya no sé cuánto.
Y alguno más normalito, rememorando otras lecturas mientras me preparo para la próxima excursión...
Y, como cada vez que bajo a mi playita, el inevitable libro de poemas, por si me entra la vena (¿alguien lo duda?) y me lo llevo para que me haga compañía mientras contemplo la puesta de sol que ahora mismo ilustra mi perfil.
5 de mayo de 2008
Ahora que vuelvo de pasar unos días con amigos en la playa podría dedicar este post hacer glosas del dolce far niente al que nos hemos dedicado con ahínco, y quizá es lo que algunos de mis fieles lectores esperan, pero no me apetece porque, pese a haberlo disfrutado, no ha sido eso lo más importante de este viaje.
De estos cuatro días, en los que me ha caído un año más en las alforjas, me quedo con tres cosas que poco tienen que ver con quienes me han acompañado y mucho con mi vida personal, interior, casi diría que íntima (si no fuese porque aquí las escribo, las echo al viento):
La renovación del compromiso que hice conmigo mismo hace ya casi un año: la voluntad de quitarme de encima todos esos kilos que me había ido echando en los tres años anteriores, de volver a encontrarme físicamente como alguna vez fui (sí, ya sé que no sólo pesan los kilos, también los años...). Vuelvo del viaje, en el que no me he privado de nada aunque he sabido moderarme en todo, más fuerte e incluso algo más delgado, contento por haber cumplido mi objetivo de hacer ejercicio allí y por comprobar cómo las míticas cuestas no me cuestan ahora tanto...
La segunda cosa importante es un convencimiento más que una constatación: la extensión de este compromiso del ámbito físico (que, por supuesto, es en parte también mental) al intelectual, al profesional. He decidido que este año, el de mis treinta y uno, va a ser un buen año. Y ya va siendo hora de poner medios para ello.
Y la tercera, last but not least, y donde sale a relucir el ramalazo poético del que ni quiero ni puedo librarme, es el reencuentro con ese pequeñísimo rincón del Mediterráneo que a fuerza de devorarlo con la mirada he acabado haciendo mío: la playa de la Guardia en Salobreña, con su inexistente arena e incómodos cantos, con su habitual legión de horterillas varios y pescadores domingueros, me ha dado probablemente los momentos de mayor tranquilidad y lucidez de mi vida.
El atardecer del sábado, en el que pese a estar acompañado estaba completamente solo frente al mar, fue el último hasta ahora.
Que sean muchos más.
23 de abril de 2008
El mar no es más que un pozo de agua oscura...
los astros sólo son barro que brilla,
el amor, sueño, glándulas, locura,
la noche no es azul, es amarilla.
Los astros sólo son barro que brilla,
el mar no es más que un pozo de agua amarga,
la noche no es azul, es amarilla,
la noche no es profunda, es fría y larga.
El mar no es más que un pozo de agua amarga,
a pesar de los versos de los hombres,
el mar no es más que un pozo de agua oscura.
La noche no es profunda, es fría y larga;
a pesar de los versos de los hombres,
el amor, sueño, glándulas, locura.
Idea Vilariño
(Pues vale, pero dentro de una semana estaré viendo el mar, mi mar. Y ese mar no es sólo un pozo de agua amarga, querida Idea :-)
3 de marzo de 2008
O branco mais preto do Brasil
Samba da benção
(Cantado)
É melhor ser alegre que ser triste
Alegria é a melhor coisa que existe
É assim como a luz no coração
Mas pra fazer um samba com beleza
É preciso um bocado de tristeza
É preciso um bocado de tristeza
Senão, não se faz um samba não
(Hablado)
Senão é como amar uma mulher só linda
E daí? Uma mulher tem que ter
Qualquer coisa além de beleza
Qualquer coisa de triste
Qualquer coisa que chora
Qualquer coisa que sente saudade
Um molejo de amor machucado
Uma beleza que vem da tristeza
De se saber mulher
Feita apenas para amar
Para sofrer pelo seu amor
E pra ser só perdão
(Cantado)
Fazer samba não é contar piada
E quem faz samba assim não é de nada
O bom samba é uma forma de oração
Porque o samba é a tristeza que balança
E a tristeza tem sempre uma esperança
A tristeza tem sempre uma esperança
De um dia não ser mais triste não
(Hablado)
Feito essa gente que anda por aí
Brincando com a vida
Cuidado, companheiro!
A vida é pra valer
E não se engane não, tem uma só
Duas mesmo que é bom
Ninguém vai me dizer que tem
Sem provar muito bem provado
Com certidão passada em cartório do céu
E assinado embaixo: Deus
E com firma reconhecida!
A vida não é brincadeira, amigo
A vida é arte do encontro
Embora haja tanto desencontro pela vida
Há sempre uma mulher à sua espera
Com os olhos cheios de carinho
E as mãos cheias de perdão
Ponha um pouco de amor na sua vida
Como no seu samba
(Cantado)
Ponha um pouco de amor numa cadência
E vai ver que ninguém no mundo vence
A beleza que tem um samba, não
Porque o samba nasceu lá na Bahia
E se hoje ele é branco na poesia
Se hoje ele é branco na poesia
Ele é negro demais no coração
(Hablado)
Eu, por exemplo, o capitão do mato
Vinicius de Moraes
Poeta e ex diplomata
O branco mais preto do Brasil
Na linha direta de Xangô, saravá!
A bênção, Senhora
A maior ialorixá da Bahia
Terra de Caymmi e João Gilberto
A bênção, Pixinguinha
Tu que choraste na flauta
Todas as minhas mágoas de amor
A bênção, Sinhô, a benção, Cartola
A bênção, Ismael Silva
Sua bênção, Heitor dos Prazeres
A bênção, Nelson Cavaquinho
A bênção, Geraldo Pereira
A bênção, meu bom Cyro Monteiro
Você, sobrinho de Nonô
A bênção, Noel, sua bênção, Ary
A bênção, todos os grandes
Sambistas do Brasil
Branco, preto, mulato
Lindo como a pele macia de Oxum
A bênção, maestro Antonio Carlos Jobim
Parceiro e amigo querido
Que já viajaste tantas canções comigo
E ainda há tantas por viajar
A bênção, Carlinhos Lyra
Parceiro cem por cento
Você que une a ação ao sentimento
E ao pensamento
A bênção, a bênção, Baden Powell
Amigo novo, parceiro novo
Que fizeste este samba comigo
A bênção, amigo
A bênção, maestro Moacir Santos
Não és um só, és tantos como
O meu Brasil de todos os santos
Inclusive meu São Sebastião
Saravá! A bênção, que eu vou partir
Eu vou ter que dizer adeus
(Cantado)
Ponha um pouco de amor numa cadência
E vai ver que ninguém no mundo vence
A beleza que tem um samba, não
Porque o samba nasceu lá na Bahia
E se hoje ele é branco na poesia
Se hoje ele é branco na poesia
Ele é negro demais no coração
1 de marzo de 2008
No dejaremos huella,
sólo polvo de estrellas...
Ligereza, poder dejar de pensar (como pienso), de ser quien soy
La pena (¿la pena?) se va, se va, se fue
Atrapado por las palabras, intentando sentir, sólo sentir
Sólo quiero verte bailar,
quisiera verte girando
girando y mirándome mirar
Esta necesidad de hablar, de comunicar lo que siento, este anhelo sin dirección definida, sin objetivo. O, seamos honestos, dirigido, una y otra vez, a quien no siente el anhelo (¿precisamente porque no siente el anhelo?)...
Tengo tu sonrisa en una esquina
de mi salvapantallas
Brindo por las veces que perdimos
las mismas batallas
(Y se entromete en mi kabeza el macarra de Calamaro:)
Brindo porque recuerdo tu cuerpo
pero olvidé tu cara
Porque no tienes cara, ya no tienes cara, aún no tienes cara...
En la puta gloria en la playa, sol, olas, brisa, Drexler. Y, sin embargo, la necesidad de escribirlo (¿vivirlo para escribirlo?) y que lo leas tú (¿¿quién eres tú??)
Oigo una voz que me llama, casi un suspiro:
Rema, rema, rema
Creo que he visto una luz,
al otro lado del río
Yo voy muy serio remando,
y muy adentro sonrío
Creo que he visto una luz,
al otro lado del río
Ven conmigo, ven conmigo, ven conmigo
Y las únicas que vienen, las que acuden a mi llamada, son las gaviotas, que se posan en el mar frente a mí.
Y se acaba Drexler. Y llega Lenine.
Y las gaviotas se van.
Y yo me voy con ellas.
27 de febrero de 2008
Salobreña


He decidido bajar este fin de semana a ver el mar. Ya toca.
Me voy solo.
Durante mucho tiempo, me he tenido por una persona solitaria y poco social.
Creo que lo primero es verdad, porque necesito un buen rato cada día para poder pensar en mis mis cosas (últimamente, para poder escribir sobre ellas aquí), sin que nadie me distraiga (=moleste).
Pero no es cierto que sea un asocial. Al contrario, necesito también pasar tiempo con mis amigos, con mis padres. Me he ido dando cuenta de que cuando me entran ganas de estar solo es porque mis ánimos flaquean.
Y quizá eso es lo que me pasa ahora, aunque yo creo que no. Ya veremos cómo vuelvo.
El caso es que bajo a ver el mar a Salobreña, donde viví uno de los momentos más especiales de mi vida, del que pensé que ya había dado cuenta aquí pero que no he sido capaz de encontrar. Así que lo voy a hacer ahora.
No recuerdo exactamente cuándo fue, ni siquiera en qué época del año. Tampoco estoy del todo seguro de que fuese al atardecer, porque se mezclan en mi mente la imagen del sol poniéndose sobre el mar y la de esa luz mediterránea, de mediodía, que asocio inevitablemente con esa playa.
Así que, para que os hagáis una idea, he puesto esas dos fotos.
Tampoco sé si había bebido o fumado algo, aunque es bastante probable, porque muchas veces he bajado a la orilla con una cerveza o con un petilla que me ayudaban a disparar la mente.
De lo que sí me acuerdo perfectamente es de estar en la playa, mirando el mar y pensando, como tantas otras veces, en cuánta gente, a lo largo de los siglos, ha mirado a este mar, el Mediterráneo, desde ésta y desde tantas otras playas, en Europa, en África, en Asia.
Allí me pasa a menudo: pienso en el tiempo, en los centenares, miles de años que lleva el mar lamiendo la orilla. En lo efímeros e insignificantes que somos en comparación los seres humanos. En cuántos antes que yo se habrán sentido sobrecogidos por la inmensidad del mar.
Estas ideas, como digo, no eran nuevas. Pero esa vez, en lugar de quedarme ahí, de contentarme con sentir el desdén del inabarcable océano ante mis desvaríos, me pasó algo que, hélas!, no se ha repetido: tuve un sentimiento (no pensé, sentí) de pertenencia, de unidad con el cielo, el mar, la tierra. De repente, yo no era ya ese diminuto ser humano que admira la inmensidad y la absoluta indiferencia de la Naturaleza. Ahora era parte de ella, como los cantos de la playa, el agua o el poderoso sol.
No fue, aunque lo pueda parecer, una experiencia mística. Fue, al contrario, algo absolutamente terrenal. Ni por un momento pensé en algo parecido a un dios, o en que yo fuese a permanecer de alguna manera tras mi muerte. Era perfectamente consciente de que, más pronto que tarde, yo desaparecería, dejaría de ser, pero todo lo que me rodeaba seguiría ahí.
No creo en dios, ni en ningún ente (alma, energía...) trascendental y que sobreviva tras nuestra muerte. Sé que ahí termina nuestra aventura, que sólo existimos durante un instante brevísimo. Que, como dice Drexler, somos nada más (y nada menos) que:
un enjambre de moléculas
puestas de acuerdo
de forma provisional.
Un animal prodigioso
con la delirante obsesión
de querer perdurar
Pero, precisamente por eso, ese momento es uno de los más intensos e importantes de mi vida.
14 de julio de 2006
New York desde Salobreña
Es curioso, porque normalmente me sucede lo contrario. Los días de vacaciones se me pasan volando, siento que los desaprovecho, que ni descanso ni aprovecho para hacer las cosas que siempre pienso hacer en vacaciones (sobre todo, leer).
Pero estos días están siendo productivos y relajantes al tiempo. Borja ha sido una magnífica compañía, creo que tiene gran parte de culpa.
Para empezar, salgo a correr cada día, hoy casi media hora. Después, ración de playita (sin pasarse, que no es cuestión de coger un empacho). Comidita en la terraza (si Lorenzo lo permite) o en el salón, si no hay más remedio. Por la tarde, después de una prolongada sobremesa, Borja vuelve a la playa y yo me quedo con toda la casa para mí, para dedicarme a mis labores. Labores que incluyen, indefectiblemente, verme al menos un episodio de Six feet under que, en esta segunda vuelta, me está pareciendo aún más impresionante que la primera vez.
Hoy he tenido regalo sorpresa: resulta que, sin yo saberlo, me quedé sin ver el último capítulo de la primera temporada. Así que hoy lo he disfrutado de nuevas, inesperadamente.
En fin, que me voy por los cerros de Úbeda.
Para hacer honor al título del post, explicaré que entre los tropecientos libros que me he traído (de los que, por supuesto, leeré una minúscula parte), estaba Historias de Nueva York, de Enric González, actual corresponsal de El País en Roma y que lo fue durante unos años en Nueva York.
No sé por qué lo compré. Creo que porque me gustan los libros sobre ciudades. No había leído, por lo menos siendo cosciente de ello, sus crónicas desde los USA (estuvo allí durante el 11-S), aunque sí recuerdo alguna de sus estupendas crónicas del calcio, en el que es seguidor del Inter de Milán, creo que equivalente algo más glamouroso de nuestro castizo Atleti. Leí la contraportada y me sedujo, aunque no dice gran cosa.
Y me ha encantado. Es un libro ligero, que se lee del tirón, una declaración de amor a NYC, la ciudad entre las ciudades. De amor y de desamor, por los amigos que allí tuvo y que perdió.
Está escrito con un estilo sencillo, directo, con esa "macarrería" que a g y a mí nos gusta y que ambos asociamos con Madrid (aunque, con ese nombre, dudo que Enric sea madrileño).
Estoy buscando ahora una frase que me gustó, que quería poner aquí, pero soy incapaz de recordar sobre qué trataba, menos aún qué decía, y por tanto tampoco consigo encontrarla. Así que os dejo con la intriga...

