Mostrando entradas con la etiqueta Diego Manrique. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diego Manrique. Mostrar todas las entradas

28 de julio de 2010

Arj

Hay cosas en la vida que no deberían terminar nunca. Y menos de esta forma tan fea.

Ayer, día de su sexuagésimo cumpleaños (¡felicidades igualmente, maestro!), Diego Manrique hizo público el fin de El Ambigú, el mejor programa de radio que he escuchado jamás (¡ahí queda eso!), contando cómo lo habían despedido de mala manera unos días atrás (finales de julio, qué fechas más oportunas...).

Aunque reconozco que he sido un seguidor poco fiel, y sólo lo he escuchado con regularidad por temporadas (eso sí, en iTunes me voy enterando de lo que ha ido haciendo, y ahora escucho un programa reciente sobre Jovanotti, después de echarme la siesta acunado por otro dedicado a mister Kristofferson, una debilidad compartida), el hecho de que se lo hayan cargado, como antes a otros grandes (pero no tan grandes :-P) programas de Radio 3 no deja de darme pena y asco.

1 de junio de 2009

[...]

Nadie discute el precio de la gasolina mientras que no podemos resistirnos a la oferta de música gratuita. Maticemos ese último adjetivo: los proveedores de Internet cobran cada mes. Curiosamente, ellos no tienen el brutal problema de imagen que aqueja al mundo musical.

La maldad intrínseca de las discográficas parece haberse incrementado en la era cibernética. Cierto que su comportamiento ante los nuevos tiempos fue el de un boxeador sonado pero me pregunto cuánto de ese vilipendio es espontáneo y cuánto es teledirigido por fuerzas en la sombra, esas empresas gigantescas que no quieren pasar por taquilla. La implantación de la cultura del gratis total necesita demonizar aquellas industrias de las que se abusa. Industrias que, debe reconocerse, son fácilmente demonizables por sus derroches, su arrogancia, su sordera.

Atención, que aquí nadie se sienta a salvo: lo sabe ya el negocio del cine y lo aprenderá pronto la industria editorial, con la difusión del e-book. Lo sufre la prensa, forzada a regalar en la Red lo que está vendiendo en los quioscos. Mundo maravilloso: la fonoteca, la filmoteca, la biblioteca y la hemeroteca universales. Pequeño problema: la exigencia de gratuidad requiere ignorar el proceso de producción; aparentemente, los discos se graban mágicamente, las películas aparecen de la nada, los escritores viven del aire, la información no necesita redacciones ni corresponsales. ¿Adivinan dónde falla la ecuación?

Diego A. Manrique, en su artículo Todo a cero euros, en El País de 1 de junio de 2009

5 de agosto de 2008

Aviso a las lectoras:

Diego Manrique está todo el mes de agosto en Radio 1 de 9 a 10 de la noche con su Madriguera.

Hoy, sesión de Canciones desnudas con Ariel Rot: música y charleta sobre música y, de paso, sobre la vida.

En un momento dado, Diego agradece, a través de Ariel, a todos los músicos argentinos que han enriquecido la música española con esa fructífera conexión Buenos Aires - Madrid/Barcelona.

Y el programa termina con Rot pidiendo un aplauso para Manrique, "toda una institución".

Muy grande.

27 de febrero de 2008

Porque, además de sus maravillosos programas de radio, escribe cosas como ésta, es por lo que Diego Manrique es el puto amo.

Que, por cierto, enlaza con lo que decía yo ayer de Peret, la rumba, y la música popular española en general. (Todo sea dicho, después de haber escuchado los dos programas que el propio Manrique dedicaba al personaje...)

En fin, que hay veces que me siento afortunado de vivir en un país como éste.

Como ahora, después de leer el artículo que enlazo, y comprobar la riqueza, la variedad y la calidad de la música que se hace por aquí.

Hala.

26 de febrero de 2008

Peret

La gente de mi edad tiene en general cierta tirria por la música popular española: hace unas semanas, propuse ir a escuchar a un cantaor, y varios de mis amigos me contestaron explícitamente que no les gustaba el flamenco.

A lo mejor no es tan raro, pero tengo la sensación de que, cuando el concierto es de otro tipo de música, la gente no suele contestar con una negativa genérica.

Y si el flamenco no tiene tirón, aunque sí un aura de música importante, de arte, qué decir de otras músicas populares como la copla o incluso la rumba catalana, que es más tolerada, pero siempre con condescencia, mirándola por encima del hombro, como algo barato, tosco, chusco.

Quien me conoce, ya sabe de (y probablemente ha sufrido :-P) mi devoción por Carlos Cano.

Y de mi creciente afición por la rumba catalana, tanto en su versión moderna, como en la original.

Como la del enorme Peret, que he venido escuchando esta mañana en una sesión más de las Canciones desnudas que monta Manrique en La Boca del Lobo, en Madrid, y luego emite en su programa de Radio 1, La Madriguera.

Yo, que soy un mitómano empedernido, que disfruto casi más con la mística que rodea la música y a los músicos que con los propios sonidos, he visto en esta reaparición de Peret como un referente fundamental de la música española de las últimas décadas, tras años de alejamiento de los focos (en su caso, parece que por decisión personal, por un ataque de fervor religioso...), algo parecido a lo que sucedió en Estados Unidos con los viejos bluesmen negros que fueron (re)descubiertos por los jóvenes blancos de los sesenta y pudieron vivir sus últimos años disfrutando de la admiración y el respeto que desde luego merecían y que se les negaron durante tanto tiempo.

P.S: por cierto, esta noche en La Boca del Lobo, nueva sesión de Canciones desnudas, esta vez con Antonio Bartrina, voz y alma de Malevaje.

20 de febrero de 2008

Desafinado

Hoy estoy teniendo un día raro, de ésos en que no me sale decir nada. Me he puesto a escribir algo más personal ;-) hace un rato, pero no hay manera.

Así que recurro a las canciones, que tanto juego me dan.

A menudo, tengo una sensación desagradable: la necesidad de escuchar música, pero no cualquier cosa, sino algo muy particular que no consigo identificar. Me pongo entonces a recorrer mis miles (¡miles!) de discos sin encontrar lo que busco. Quizá porque ni siquiera existe. Pero lo cierto es que nunca, o casi nunca, lo encuentro.

Esto me estaba pasando con demasiada frecuencia estos últimos días. Así que recurrí a mi venerado Manrique y desde ayer paso el viaje de ida y vuelta a Toledo escuchando de nuevo su programa, que me bajo de su podcast.

En fin, todo esto para decir dos cosas:

Una. He descubierto una nueva voz, Ana Laan, que a sus innegables cualidades intrínsecas, añade el morbo de ser la antigua pareja de Jorge Drexler, una de las deidades de mi politeísmo musical, a la que él dedicó alguna de sus mejores canciones en los discos por lo que yo lo conocí. Saca disco nuevo la semana que viene. Estaré atento para ver cuándo toca en Madrid.

Dos. La próxima vez que tenga esa inquietud y no sepa qué escuchar, recurriré a la música brasileña. Porque, cuando Diego ha cerrado su Madriguera con esta maravilla cuya letra transcribo, he visto la luz...

Desafinado

Se você disser que eu desafino amor
Saiba que isto em mim provoca imensa dor
Só privilegiados têm o ouvido igual ao seu
Eu possuo apenas o que Deus me deu

Se você insiste em classificar
Meu comportamento de anti-musical
Eu mesmo mentindo devo argumentar
Que isto é Bossa Nova, isto é muito natural

O que você não sabe nem sequer pressente
É que os desafinados também têm um coração
Fotografei você na minha Rolley-Flex
Revelou-se a sua enorme ingratidão

Só não poderá falar assim do meu amor
Este é o maior que você pode encontrar
Você com a sua música esqueceu o principal
Que no peito dos desafinados
No fundo do peito bate calado
Que no peito dos desafinados também bate um coração

Off key

When I try to sing you say I'm off key
Why can't you see how much this hurts me
With your perfect beauty and your perfect pitch
You're a perfect terror
When I come around must you always put me down

If you say my singing is off key my love
You will hurt my feelings don't you see my love
I wish I had an ear like yours
A voice that would behave
But all I have is feelings and the voice God gave

You insist my music goes aga
Yes, but rules were never meant for lovesick fools
I wrote this little song for you but you don't care

It's a crooked song oh but all my love is there
The thing that you would see if you would play your part
Is even if I'm out of tune I have a gentle heart
I took your picture with my trusty Rollaflex
And now all I have developed is a complex

Possibly in vain I hope you weaken, oh my love
And forget those rigid rules that undermine my dream of
A life of love and music with someone who'll understand

That even though I may be out of tune
When I attempt to say how much I love you
All that matters is the message that I bring
Which is my dear one I love you

Antônio Carlos Jobim

(La transcribo también en inglés porque ha sido esta versión, cantada por el propio Jobim, la que he escuchado hoy. Y me ha parecido una preciosidad. Casi a la par del original brasileiro.)

1 de marzo de 2006

Manrique en La Casa Encendida


Planazo el que me monté ayer por la tarde. Menos mal que se acercan mis oposiciones...

Estuve en la Casa Encendida, escuchando y viendo cómo hacía el programa mi admirado Diego Manrique. Llevó a un invitado, un auténtico crack: Muchachito Bombo Infierno (ver foto adjunta).

Muchachito es de Santa Coloma de Gramenet, en el extrarradio barcelonés, pero por el acento podría perfectamente ser gaditano. Por el acento, y por el gracejo, porque el tío es un cachondo mental, todo un espectáculo.

Yo no había oído nada suyo, sólo leí el otro día que está haciendo algo con Kiko Veneno. Por lo que me enteré ayer, normalmente toca el bombo y la guitarra, con una fuerza impresionante. Por problemas técnicos, ayer salió sólo con su guitarra, y sus zapatos, porque joder cómo marcaba el ritmo con los pies.

El malvado Manrique le hizo tocar de todo: para empezar, le pidió una de Raphael, ris ras. Y el crack salió bien parado, porque era un torbellino, menuda fuerza. Lo suyo, creo, es la rumba catalana, "pero a su rollo", como él mismo diría, pero cualquier otra cosa la pasa por su molinillo, y pa' dentro. Nos deleitó también con un Egyptian reggae, creo que de Jonathan Richman (que no conocía, pero por supuesto voy a explorar). Toda una experiencia.

Y para rematar, una mesa redonda sobre "La radio musical. Pasado continuo, futuro imperfecto" en la que participaron, además de Manrique, Patricia Godes, una periodista musical que ahora colabora con Ordovás en el programa iPop, de La 2, y Marc Vicens, director de Kiss FM hasta el mismísimo día de ayer.

Desde el principio, se vio claramente que había dos bandos: los radiotreseros por un lado y el radioformulero por otro.

Diego llegó a admitir su "rencor" hacia los que, como Javier Sardá entre otros muchos, utilizaron la radio musical como trampolín hacia metas más elevadas (más rentables quiero decir, claro), dejando patente su falta de compromiso con la música.

Fue muy curioso ver cómo, para referirse supuestamente al mismo fenómeno, unos y otro utilizaban palabras totalmente diferentes: por un lado se hablaba de compromiso, de grupos, de estilos, de oyentes; por el otro, de rentabilidad, de mercado, de tendencias, de audiencias, de EGM, de target.

Y es que, en realidad, creo que no estaban hablando de lo mismo: lo que unos entienden por música es un producto cultural, una forma de expresión artística que, como tal, trata de comunicar experiencias únicas e individuales, y a la vez universales, como son el dolor, la alegría, el amor; para el otro, la música es un producto comercial para el hay que buscar consumidores y la radio un canal de difusión, de marketing, mediante el cual dirigirse al público objetivo, debidamente segmentado para incrementar la rentabilidad de la inversión.

Yo, radiotresero confeso, fui consciente una vez más del lujo que supone que existan presentadores (comunicadores, diría el Vicens) como Manrique, y que puedan hacer los programas que les dé la gana. Sé que sólo en la radio pública puede darse tal anomalía, y cuantísimo me alegro. Como dijo Manrique: sé que soy un privilegiado, pero me siento muy orgulloso de dirigirme a esa pequeña minoría que no ve la música como mero hilo musical, que quiere conocer, explorar, aprender.

(Menudo panfletillo que me he cascado hoy, ya va siendo hora de hacer que curro...)