Ya he escrito aquí sobre las mujeres de mi familia, mi madre y mi abuela, y cómo en buena medida han hecho que sea como soy*. También he escrito por supuesto sobre mi hermana Clara y cómo me han marcado su presencia y su ausencia. Como cada 27 de noviembre, siento la necesidad de recordarla aquí.
Ayer, al mostrar esta foto a mis amigas, pensé en cómo me gustaría que Clara me viese ahora, cómo me gustaría compartir con ella esta nueva vida que estoy construyendo en otra ciudad, rodeado de personas bonitas, inteligentes y sensibles, vivas, como era ella.
Cómo me gustaría que hubiese conocido a mis otras mujeres, mis amigas, la familia a la que yo he elegido, con la que quiero seguir creciendo.
¡Un beso, hermana!
* Esta es una entrada sobre mujeres, como tantas en el blog. Siento que las relaciones con las mujeres configuran mi vida mucho más que las que tengo con hombres. Hay una gran excepción, mi padre, que entre otras muchas cosas me enseñó, junto con mi madre, sin sermones ni palabrería, con su continuo ejemplo diario y cotidiano, cómo un hombre y una mujer pueden relacionarse de igual a igual, uno de los mayores lujos que tenemos quienes vivimos ahora, como no me cansaré nunca de repetir.
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27 de noviembre de 2011
26 de diciembre de 2010
Mis mujeres
Vengo de pasar el fin de semana en familia en Bercianos. Dos días fríos en el exterior, pero calentitos por dentro, de la manera particular que tenemos de querernos en mi casa: con pocas palabras, con menos gestos, pero sin dejar lugar a dudas.
Al pasar tiempo con mi madre y con mi abuela, al reconocerme en ellas, he comprobado hasta qué punto es cierto, al menos en lo que a mí respecta, esto que escribía hace unos días Dave Winer en su blog:
One rule I try to remember: We create each other. My mother was a woman. So was yours. Your father was a man. Mine too. We learned their values, like it or not. I am who I am not solely because I am a man, but also because I am my mother's son, and my grandmothers' grandson. And the student of all the women teachers I had (most of them were women). And I am also the product of every relationship I've had. It's a big mixed bag of genders that form whole people [...]
Al pasar tiempo con mi madre y con mi abuela, al reconocerme en ellas, he comprobado hasta qué punto es cierto, al menos en lo que a mí respecta, esto que escribía hace unos días Dave Winer en su blog:
One rule I try to remember: We create each other. My mother was a woman. So was yours. Your father was a man. Mine too. We learned their values, like it or not. I am who I am not solely because I am a man, but also because I am my mother's son, and my grandmothers' grandson. And the student of all the women teachers I had (most of them were women). And I am also the product of every relationship I've had. It's a big mixed bag of genders that form whole people [...]
30 de mayo de 2009
Baeza, mi abuela
No me tengo por una persona muy familiar.
Con excepción de lo que he escrito sobre mi hermana, apenas he mencionado aquí nada más sobre mi familia.
Y sin embargo, mi familia (lo que, en sentido restringido, significa mis padres y mi abuela) es fundamental en mi vida.
Diría incluso que cada día más, porque, desde hace un tiempo, cada vez me parece más importante tratar de entender de dónde vengo.
No para ser fiel a mis raíces, ni para preservar mi identidad, ni todas esas cosas que tanto me espantan, sino simplemente para comprender un poco mejor por qué soy como soy.
El pasado fin de semana, mi abuela y yo, mano a mano, hicimos una visita a Baeza, la hermosa ciudad andaluza donde nació.
(Aunque salió de allí hace muchísimo tiempo, y pese a los casi cincuenta años que lleva viviendo en Madrid, mi abuela mantiene, además del vínculo emocional, un encantador acento jienense, por mucho que lo niegue ;-)
La visita tuvo por supuesto su parte cultural, en la que pudimos disfrutar del extenso y muy bien conservado patrimonio baezano:
O de las vistas desde la colina sobre la que se asienta la ciudad del mar de olivos que la rodea:
Y otra parte más personal, en la que mi abuela me fue contando los recuerdos que la unen a distintos lugares de Baeza, como el convento de la Magdalena, donde hizo su primera comunión, y donde, tras animada conversación con la hermana tornera (ver foto), nos hicieron pasar a una salita donde seguir conversando, reja mediante, con dos de las monjas de clausura, una de las cuales conoció a las monjas de las que mi abuela guarda imborrable recuerdo:
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