17 de noviembre de 2005

Normalmente, el trayecto hasta Toledo es mero trámite, alrededor de cincuenta minutos en los que intento desconectar el cerebro, ir escuchando mi musiquilla, y no cabrearme con los agonías a los que parece que les va la vida en llegar cinco minutos antes a su destino.

Pero hay días, como ayer u hoy, en que la niebla hace que lo que era pura rutina se convierta en una aventura.

El paisaje, tan familiar que pasa normalmente desapercibido, directamente desaparece.

Los coches se transforman en vehículos extraños, con luces brillantes y formas apenas perceptibles.

Las farolas pasan a ser las luces de larguísimas pistas de aterrizaje.

Y así yo, siempre que conduzco en una noche con niebla, acabo imaginándome a los mandos de una nave, o mejor, de un vehículo como el que Harrison Ford pilota en Blade Runner.

14 de noviembre de 2005

"Poetry is just the evidence of life. If your life is burning well, poetry is just the ash."

Leonard Cohen

11 de noviembre de 2005

Supongo que ahora lo contaré y nadie me creerá. Pero ocurrió, en los lejanos 80 que ahora evocamos con cristales risueños como paraíso de apertura. Colaboré en el resumen-fin-de-año de una revista moderna y allí incluí, entre lo mejor, a Joaquín Sabina. Lo publicaron pero ¡me riñeron! Lo menos que dijeron fue que era una boutade, una provocación tonta: "a Sabina no hay por dónde agarrarlo, Diego".

No voy a entrar en la erizada de relación de Joaquín con ese sector de los "exquisitos", allá ellos y sus prejuicios. Creo recordar que lo que allí decía era que Sabina nos permitía ver los toros desde la barrera, vivir peligrosamente a través de sus canciones. Todos queremos tener vidas excitantes pero muchos no damos la talla: carecemos de dinero, de libertad de horarios, de la energía suficiente, del talento para movernos cómodos por antros y palacios.

Había comprobado -lo ratificaría a lo largo de muchos conciertos posteriores- que Joaquín tenía un público, digamos, convencional. Uno iba a sus shows y no se encontraba rodeado precisamente de canallas (aunque también había algunos) sino de gente normal, que celebraba la agitada existencia del Rey Canalla, una existencia que nos estaba vedada. A veces, si el recital se prolongaba, veías espectadores que se retiraban con los ojos bajos: costaba reconocer, en plena apoteosis del desorden existencial, que ellos debían fichar a la mañana siguiente.

Nos emocionaban las canciones, pero nos fascinaba el Personaje Sabina: follador, drogota, bebedor, burlador, arrebatado, agitador, irresponsable. Asistíamos felices a la construcción de la imagen del antihéroe: bastaba comparar "Y nos dieron las diez" con su hermana "Ojos de gata", de Enrique Urquijo, para entender que Joaquín siempre optaba por glorificarse (y lo podía hacer de modo más sutil que en "Eh, Sabina" o en "Pacto entre caballeros").

Y así aguantamos. Con mucha tolerancia como artista, Joaquín solía facturar discos feos -en portada, en producción, en repertorio final- que se redimían por un puñado de canciones matadoras. Hasta que llegó el flash cegador de 19 días y 500 noches. Todo estaba allí: la idealizada derrota amorosa, la novela negra, la panorámica sobre la realidad inmediata, la inmersión en nuestra Historia, el ventrílocuo que hacía hablar a las marujas, Argentina, los mensajes a los colegas. Por una vez, no sobraba nada.

Corto gozo el nuestro. El toro le dio un revolcón serio y, poco a poco, surgió el nuevo Sabina: ya no va de Manolete, ahora prefiere ejercer de Joaquín Vidal. El Rey Canalla se ha jubilado y en su lugar ha aparecido el Agudo Comentarista, incluso con su página semanal. Se conforma hoy con ser letrista, el Letrista por antonomasia. Aunque ahora trabaja más y más para el Tendido de los Poetas. Ya no entra a matar: sus versos acumulan juegos de ingenio, pirotecnia verbal, mucho oficio. Posiblemente, se ha hartado del tópico del cronista de la mala vida, no quiere narrar para que otros experimenten placeres vicarios. El el Joaquín Sabina del Siglo XXI. Aprenderemos a quererle, a pesar de su histórica altura.

Diego Manrique (Revista Efe Eme, octubre 2005)

10 de noviembre de 2005

...y después me "mejicanicé". O mejor dicho me "chicanicé".

Anoche me vi una peli magnífica, Lone Star, de John Sayles. Ambientada en un pueblo del sur de Texas, en la frontera con México.

Y esta mañana he venido escuchando un disco en directo de Los Lobos, Live at the Fillmore.

Pero, de repente, mientras me leo unos buenos turrones sobre workflow y gestión documental, vuelvo a las raíces. Al gran Dylan:

Most of the time

Most of the time
I'm clear focused all around,
Most of the time
I can keep both feet on the ground,
I can follow the path, I can read the signs,
Stay right with it, when the road unwinds,
I can handle whatever I stumble upon,
I don't even notice she's gone,
Most of the time.

Most of the time
It's well understood,
Most of the time
I wouldn't change it if I could,
I can't make it all match up, I can hold my own,
I can deal with the situation right down to the bone,
I can survive, I can endure
And I don't even think about her
Most of the time.

Most of the time
My head is on straight,
Most of the time
I'm strong enough not to hate.
I don't build up illusion 'till it makes me sick,
I ain't afraid of confusion no matter how thick
I can smile in the face of mankind.
Don't even remember what her lips felt like on mine
Most of the time.

Most of the time
She ain't even in my mind,
I wouldn't know her if I saw her
She's that far behind.
Most of the time
I can't even be sure
If she was ever with me
Or if I was with her.

Most of the time
I'm halfway content,
Most of the time
I know exactly where I went,
I don't cheat on myself, I don't run and hide,
Hide from the feelings, that are buried inside,
I don't compromised and I don't pretend,
I don't even care if I ever see her again
Most of the time.

9 de noviembre de 2005

Me está costando ponerme, así que sigo con Porchia. Leo el prólogo que escribió Borges a la edición francesa de sus aforismos. Y enlaza justo con lo que estaba pensando:

"Quien no llena su mundo de fantasmas, se queda solo."

dice Porchia, y Borges lo entiende de esta manera:

"Felizmente —y también para nuestro pesar—, los fantasmas no nos faltan. Creemos ser argentinos, chilenos, franceses, devotos de tal o cual fe, afiliados a tal o cual partido, herederos de una tradición, portadores de un nombre, habitantes de una casa o de un siglo, poseedores de un rostro entre otros. Estos fantasmas son incesantes, pero no es imposible que nos dejen solos, atrozmente solos, en el instante de la muerte."

Yo no lo habría interpretado así, pero estaba pensando en algo parecido a lo que dice Borges. He dicho antes que me estaba argentinizando, y eso me ha hecho pensar en lo voluble que es nuestra "identidad" (al menos la mía, y cuánto me alegro), por mucho que los delimitadores de las primaveras se empeñen en lo contrario.

Nos quieren hacer idénticos los unos a los otros ("la identidad española se está diluyendo", "debemos combatir el riesgo de pérdida de la identidad catalana", todas esas bobadas), y no somos idénticos ni siquiera a nosotros mismos.

Yo ahora me siento más argentino. Cuando paseo por París, aflora mi parte francesa. Si escucho blues, soy negro y americano. Senegalés en el concierto de Youssou N'Dour. Irlandés cuando me emociono con el León de Belfast. Y así, tantas y tantas identidades distintas y todas mías.

Pues eso.