14 de noviembre de 2006

Menos mal que no tenía cosas que escribir...

:P

Y más aún

La gran decisión no es entre Euskadi y España, sino entre ser vasco y español o ser vasco sin España. O ser español sin Euskadi. ¿Nos lo hemos planteado en serio? ¿Reforzar la identidad vasca requiere renunciar a la realidad en sus aspectos cotidianos, prácticos? La experiencia de la convivencia y la tolerancia plural, ¿no ofrece acaso mayores posibilidades de crecer como seres humanos si la asumimos como una riqueza, en vez de como un fastidio transitorio? Ni la asimilación ideológica, ni la separación legal serían positivas en el plano práctico o moral, pues fracturarían sin remedio la sociedad vasca y traerían graves consecuencias en lo económico y en lo humano para todos.

Maite Pagazaurtundua, "Los Pagaza. Historia de una familia vasca"

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Una amplia parte de la sociedad vasca tiene conciencia de comunidad, y sería capaz de resaltar espontáneamente nuestras diferencias lingüísticas y las especificidades culturales respecto a otras comunidades. Pero el fondo de narcisismo que permea el sentido de la identidad de algunos nos empuja a otros a replegarnos y ocultar nuestro propio orgullo acerca de nuestra rica identidad cultural y social.

En este intento de clarificación, con toda humildad aportaría algunas proposiciones provisionales:

a) Los vascos no estamos invadidos.

b) La lengua vasca vive un momento de desarrollo integral inusitado en su larga historia, pero requiere todavía una política de promoción pública desde los mínimos comunes denominadores de todas las formaciones políticas, y necesita el apego activo -el simbólico ya lo tiene- de los ciudadanos vascos. El mundo del euskera debería sacudirse además la manía persecutoria y trabajar por una cultura laica de la promoción lingüística.

c) El proyecto de secesión de las provincias vascas y la edificación de Euskal Herria como Estado nación no se sostiene en la realidad electoral persistente de Navarra, del País Vasco francés, o difícilmente en la realidad alavesa.

d) El proyecto de secesión podría activar asismismo un proceso de secesión de Álava con respecto a Euskadi, o procesos de descomposición microprovinciales de alianza a favor o en contra de la separación, invocando el mismo derecho de autodeterminación entendido como democracia directa y proceso constituyente soberano.

e) El tipo sociológico mayoritario del nacionalista vasco es etnocentrista pero no independentista.

f) No es realista considerar que tras un eventual proceso de secesión de la actual Comunidad Autónoma Vasca, las relaciones económicas, comerciales y sociales con España y los españoles permanecerían iguales.

g) El proyecto nacionalista independentista que conocemos al día de hoy no puede ser bueno para la sociedad si necesita implícita o explícitamente del engaño para intentar tener una posibilidad de triunfa.

h) El nacionalismo que gobierna apuesta de forma creciente por mantener la tensión como elemento estructural, dejando en vilo a la sociedad vasca y actuando con golpes de efecto continuos sobre el escenario político vasco y español. Ésta es una buena táctica para evitar ser interpelado sobre los desfases ideológicos de fondo que señalan diversos estudiosos y sociólogos no sospechosos de ser constitucionalistas.

i) El nacionalismo vasco, colectivamente considerado, no acepta en el campo electoral que los no nacionalistas somos sus iguales. Los etarras y su entorno nos llaman colonos o traidores. El resto ha acuñado durante años la consideración política de que somos "de fuera". El nacionalismo vasco no acepta la pluralidad ideológica vasca como algo positivo y, en el verano de 1998, PNV y EA dieron la razón a ETA en que PP y PSOE somos "enemigos de la costrucción de Euskal Herria". Los no nacionalistas nos sentimos heridos moralmente por ello y golpeados políticamente en lo más profundo.

j) Es útil políticamente tener claro cuánto afecta la realidad extendida del miedo y de la amenaza en Euskadi a los que en la actualidad no están perseguidos. No es menor el efecto disuasorio que ejerce esta amenaza real sobre este colectivo. Conocer y reconocer las expresiones del miedo y la autocensura, ser conscientes de que se pueden controlar, originaría la espiral contraria, la de superar la amenaza totalitaria. Podría llegar a significar una oportunidad de fortalecimiento como sociedad y de generación de una sólida complicidad social para el futuro.

k) Resultaría útil más calma y menos improvisación en las opiniones vertidas desde fuera del País Vasco sobre la política vasca y especialmente sobre los líderes del nacionalismo vasco. De lo contrario, se obliga a los ciudadanos vascos a elegir, y éstos se cohesionarán en torno a los irresponsables más cercanos.

l) Las propuestas unilaterales y con rasgos populistas desde el campo nacionalista vasco pueden llegar a generar el nicho político para una alternativa idéntica desde el campo español, pidiendo la secesión con respecto al País Vasco, y consultas de autodeterminación, hartos de nosotros, los vascos. Coyunturalmente podría traer un nuevo factor de distorsión social.

Maite Pagazaurtundua, "Los Pagaza. Historia de una familia vasca"

Más Pagaza

La apuesta paulatina, compleja, pero inequívoca por una Europa política no deja margen real para la apuesta por la secesión del País Vasco, desgajado de la actual España de las autonomías. El principio de realidad supone la gran baza del Estado y del constitucionalismo político. Pero encarna el peligro de que nos durmamos en tal certeza mientras la convivencia se deshace en nuestros dedos.

Como señala Ander Gurrutxaga en Transformaciones del nacionalismo vasco, las encuestas y estudios sociológicos indican que "el ciudadano típico de la minoría nacional en un Estado democrático moderno desea la etnocracia pero no la independencia". Esto no significa que no haya gente a favor de la secesión o partidaria de cambios importantes en el sistema político que lleven a una mayor autonomía política. Ésta es a su vez una de las bazas y una de las debilidades del nacionalismo político, que le lleva a jugar a las apariencias. Al mus. Y el mus es el juego del engaño.

El sociólogo Ander Gurrutxaga advierte para nuestra sociedad -como el propio Stéphane Dion lo hace a su vez para la sociedad quebequesa- que cuando a individuos que comparten grados de lealtad respecto a su identidad se les plantean conflictos irresolubles entre la lealtad al Estado y a la "nación", la lealtad a la nación suele ganar la competencia. Ésta es otra de las principales bazas que utiliza cada día el nacionalismo político en la contienda electoral. Es la que les ha asegurado hasta ahora el poder.

Maite Pagazaurtundua, "Los Pagaza. Historia de una familia vasca"