Esto es algo de lo que me he dado cuenta esta mañana, una de esas pequeñas joyas del lenguaje, esas expresiones perfectamente comprensibles pero que, al tratar de traducirlas, pierden todo su encanto:
La frase con que titulo este post es recurrente en las canciones de (des)amor, en los blues de todo pelaje y condición. La he oído miles de veces, de hecho ni siquiera sé en qué canción concreta ha sonado esta mañana, pero realmente no he caído en lo que quiere decir hasta hoy: supongo que se traducirá normalmente por "desde que te fuiste", o incluso, estirando el significado, "desde que me dejaste". Sin embargo, una traducción literal (aunque incorrecta), sería "desde que estás ida" (no por loca, sino por ausente). Y me parece mucho más apropiada, más cercana a lo que la ausencia de alguien provoca en quien le quiere.
Yo estoy pensando, cómo no, en la muerte. Aunque el abandono, la separación, es una especie de muerte en vida.
Hace tiempo le leí a Maite Pagazaurtundua algo que creí que había copiado en el blog, pero que ahora no consigo encontrar. Refiriéndose a la manida frase sobre ETA que dice "llevamos no sé cuánto tiempo sin muertos", ella se revolvía y corregía: "no señor, llevamos tanto tiempo sin asesinatos, porque con los muertos convivimos a diario desde que nos los mataron".
En ese sentido entiendo yo este hermoso since you've been gone.
18 de octubre de 2007
17 de octubre de 2007
Ni sacando los artículos pesados a otro blog voy a conseguir libraros de mis obsesiones identitarias...
En uno de los que colgué ayer en Turrones..., Pedro Larrea escribe algo que me resuena profundamente, y más aún después de la experiencia del fin de semana en Zamora:
En uno de los que colgué ayer en Turrones..., Pedro Larrea escribe algo que me resuena profundamente, y más aún después de la experiencia del fin de semana en Zamora:
Creo que de aquí viene mi interés por los nacionalismos: no es tanto un interés político, que también (opino que cuanto más lejos estén los sentimientos de la política, mejor), sino sobre todo personal, a raíz de mis problemas con mi identidad particular...
Explican los psicólogos que la identidad personal es la resultante de una elaboración compleja en la que intervienen dialécticamente tanto las representaciones que un sujeto tiene acerca de sí y de su proyecto de vida, como las representaciones que luego transmite a los demás y las que éstos a su vez le rebotan. La identidad es, por tanto, una autodefinición, un autoconcepto, la máscara-persona (como intuyeron los griegos), cuya significación compartida posibilita la vida social. Algo similar sucede en el plano colectivo. La identidad nacional no es una esencia objetiva que fluye a lo largo de la historia manifestando el espíritu de cada pueblo, como afirma el romántico. Tampoco es una invención carente de realidad y fabulada por las elites locales para mantener sus privilegios ante la amenaza universalista. Es una autorrepresentación, pero construida a partir de hechos diferenciales constatables y generadora de intensos sentimientos de pertenencia. Es una autoimagen que opera como memoria histórica, fuerza movilizadora y proyección de los deseos colectivos, eficacísima proveedora de sentido y capaz de explosionar, merced a su componente libidinoso, como un arma de opresión o como un grito de libertad.
16 de octubre de 2007
TODA UNA INVITACIÓN A MOJARSE LOS LABIOS CON EL FILO DE LA LENGUA A RASTREAR OLER ARRODILLARSE Y ZAMBULLIRSE EN LAS AGUAS TERMALES DEL DESEO
Dolor paterno en fa sostenido
Julio Cortázar
Julio Cortázar
Coleman Hawkins, whisky, cara de buen ladrón
tocaba Body and Soul con el sombrero puesto
como diciendo que se iría pronto
Escucho
hoy su saxo tenor que se escapa corriendo
tras una camarera licenciosa y sucia,
una de ésas que hace y deshace el amor,
que finge más clase con pendientes negros.
Una sobreviviente
que maldice y sabe cómo se mata a un feto.
La música me arrastra
y pruebo a acrecentar la leyenda de los débiles,
de esos genios malditos más por obligación
que por auténtica
necesidad.
Ahora
con su emoción destapa mi deseo más lúgubre,
furtivo, enredado, denso, musical.
Y denuncia en parte lo convencional,
lo reglado e hipócrita.
Ese saxo cruje,
intimida y brilla igual que un relámpago
y me pongo en guardia.
¿Por qué hay aún más muertos en guerras artísticas
que coleccionistas de discos usados?
¿Por qué mientras viene y vuelve esta canción
sé que cuando sea viejo y venerable
ansiaré acostarme con una estudiante
y robar su alma recién estrenada?
¿Por qué te amo o me odio ahora que el deseo
corta como el borde de una lata abierta?
Nada duele más que la clarividencia;
dicen.
Todos los presbíteros del jazz se asesinaron a sí mismos
para hacernos sentir aún más culpables.
Esa música intrépida
es la venganza procaz de los esclavos
al incitar al mundo a liberarse o ampliarse
escuchando en silencio los latidos unísonos
de
las minorías.
Esa música
que nos convierte a oscuras en pirómanos...
¡Vale! ¡Que la prohíban!
Luis Artigue, en su libro Tres, dos, uno... jazz
tocaba Body and Soul con el sombrero puesto
como diciendo que se iría pronto
Escucho
hoy su saxo tenor que se escapa corriendo
tras una camarera licenciosa y sucia,
una de ésas que hace y deshace el amor,
que finge más clase con pendientes negros.
Una sobreviviente
que maldice y sabe cómo se mata a un feto.
La música me arrastra
y pruebo a acrecentar la leyenda de los débiles,
de esos genios malditos más por obligación
que por auténtica
necesidad.
Ahora
con su emoción destapa mi deseo más lúgubre,
furtivo, enredado, denso, musical.
Y denuncia en parte lo convencional,
lo reglado e hipócrita.
Ese saxo cruje,
intimida y brilla igual que un relámpago
y me pongo en guardia.
¿Por qué hay aún más muertos en guerras artísticas
que coleccionistas de discos usados?
¿Por qué mientras viene y vuelve esta canción
sé que cuando sea viejo y venerable
ansiaré acostarme con una estudiante
y robar su alma recién estrenada?
¿Por qué te amo o me odio ahora que el deseo
corta como el borde de una lata abierta?
Nada duele más que la clarividencia;
dicen.
Todos los presbíteros del jazz se asesinaron a sí mismos
para hacernos sentir aún más culpables.
Esa música intrépida
es la venganza procaz de los esclavos
al incitar al mundo a liberarse o ampliarse
escuchando en silencio los latidos unísonos
de
las minorías.
Esa música
que nos convierte a oscuras en pirómanos...
¡Vale! ¡Que la prohíban!
Luis Artigue, en su libro Tres, dos, uno... jazz
Bercianos
¿Es que hacemos las cosas sólo para recordarlas? ¿Es que vivimos sólo para tener memoria de nuestra vida?
Porque sucede que hasta la esperanza es memoria y que el deseo es el recuerdo de lo que ha de venir.
Jaime Sabines, una vez más.
Intento ponerme a escribir sobre estos tres días en Bercianos pero no encuentro por dónde empezar.Porque sucede que hasta la esperanza es memoria y que el deseo es el recuerdo de lo que ha de venir.
Jaime Sabines, una vez más.
Han sido muchas cosas juntas, y las más importantes serán las que me calle: incluso en el exhibicionismo hay grados…
Para empezar, las sorpresas:
En mi kabeza tenía la idea de que, puesto que fuimos hace un mes escaso y la gente no había mostrado demasiado interés, esta vez sólo repetiríamos los incondicionales, más alguno de los que no pudo venir en septiembre. Cuatro personas, seis a lo más…
Pues nada de eso. Batimos todos los récords y nos llegamos a juntar doce individuos e individuas en la casa familiar. Y entre ellas, "Antonio", que nos dio mucho pero que mucho juego…
Y, lo mejor, las incorporaciones que enriquecieron el grupo. Y no sólo, aunque sobre todo, por su presencia y sus charlas ;-), sino por el juego que me han dado a mí para darle vueltas a cosas sobre las que no suelo pensar. Me han hecho ver al grupo de amigos a la vez desde dentro y desde fuera, he sido mucho más consciente que otras veces de las relaciones que se establecen, de los roles que desempeñamos cada uno. Y debo reconocer que hay ciertos aspectos de mi comportamiento cuando estoy suelto, desatado, que no me acaban de gustar… Pero me alegro mucho de haberlos visto. (Alguna vez me gustaría escribir en serio, sin mis coñitas que ya me empiezan a cansar hasta a mí, sobre las relaciones entre los hombres y las mujeres, y no sólo sentimentales o sexuales, aunque sean las que me obsesionan…)
El caso es que vuelvo distinto, más despierto, más consciente y contento. Y eso es mucho.
Otra sorpresa muy agradable, aunque planificada: El Empalme, donde nos dimos el viernes un festín como dios manda.
Y después, lo que no falla, lo que el páramo zamorano, en su humildad, no se cansa de ofrecernos:
Los paseos con Lúa, esa luz vespertina con la que N. nos quiso inmortalizar, mis carreras matutinas de las que tanto disfruto, el eterno parchís de madrugada, ese Churrasco que no pudimos ni quisimos perdonar…
…y como colofón apoteósico, el tour por media España que nos dimos, con el gran A. siempre al volante, para evitar el gigantesco atasco de entrada a Madrid:
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P.D: Y cómo olvidar las ausencias, los que esta vez no vinieron pero que nos acompañaron igualmente (jefe Gandhi, jefa Casilda...)
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