14 de marzo de 2009
Daniel el Rojo
Desayuno en el hotel, y en la mesa de al lado se sienta un hombre cuyo rostro me resulta familiar. Abre su MacBook, saca dos teléfonos mòviles. Enseguida caigo.
13 de marzo de 2009
París, día 2
He pasado el día paseando.
Desde el hotel, en Denfert Rochereau, atravesando el Jardin de Luxembourg y callejeando sin rumbo definido he acabo en los Invalides, he cruzado el rio entre el Grand y el Petit Palais, para dirigirme al obelisco de Concorde.
En algun momento, he visto cual era mi objetivo: encontrar una libreria inglesa a la que una vez, hace facilmente 12 o 13 años, fui con mis padres, y que ya traté antes de encontrar sin éxito.
Pero hoy ha habido suerte y he dado con ella: WH Smith, en plena Rue Rivoli.
Tras dejarme los euros correspondientes en caja, he salido de alli notando como el estomago me avisaba de que iba siendo hora de comer algo. Y eso he hecho, en un lugar pequeño y bien parisino.
Tras recuperar fuerzas, siguiente objetivo, sobrevenido, como el resto del plan: exposicion de Robert Frank en el Jeu de Paume, previa cortisima cabezadita en las clasicas sillas verdes de las Tullerias.
Si no estuviese en esta lucha continua con el teclado, quizà me extenderia con profundas e interesantisimas reflexiones sobre lo que he pensado mientras veia las fotos, la diferencia entre las emociones que consigue despertarme la musica, y también la literatura, y lo que consigo sentir, mucho menos intenso, al ver fotografias. Eso que os ahorro... ;-P
Como os ahorro otras muchas cosas que estoy pensando. Este viaje, que yo anticipaba como nostalgico, sentimental, no lo esta siendo en absoluto: llevo un rato en la habitacion del hotel leyendo con fruicion mi màs reciente adquisicion: "What would Google do?", de Jeff Jarvis.
Y, en lugar de hablar con mis espectros del pasado, con ganas de hacerlo (he aqui la prueba), con mis fantasmagoricos lectores del presente.
París, día 1
(Aviso: escribo esto luchando con un teclado francés, así que habrà cosas raras, sobre todo con los acentos)
Conciertazo anoche de Bénabar en la sala Zenith, en la Villette.
No diría que fue emocionante, que es probablemente lo que màs valoro yo en un espectàculo, en una obra de arte, sobre todo por el tipo de mùsica que hace este pequeño crack.
Pero fue un espectàculo en toda regla, quizà el mejor que he visto en ese sentido.
La banda, la coreografía, las luces, el humor inteligente y socarròn de Bénabar, que se metio al pùblico parisino en el bolsillo con sus coñas y sus vaciles.
En fin, que la excusa que me había buscado para venir a París cumpliò con creces su cometido.
11 de marzo de 2009
París, día -1
Interior de cafè
En un mirall de la paret d'enfront
hi ha el meu rostre, que em mira solitari
com si veiés passar els trens de l'infància
Vivíem en un pis petit i fosc
vora l'estació. Vivia sol
amb la càlida por del pare i de la mare
i una germana morta.
Però al fons,
en l'hivern del mirall, per la finestra,
veig les vies cobertes per la neu.
Sé què em passa. Començo a ser feliç.
Joan Margarit, en su libro Misteriosamente feliz
[En un espejo, en la pared de enfrente,
mi rostro me contempla solitario
como viendo pasar los trenes de la infancia.
El nuestro era un pequeño piso oscuro
cerca de la estación. Vivía solo
con el cálido miedo de mi padre y mi madre
y con mi hermana muerta.
Al fondo, en el invierno del espejo,
veo, a través de la ventana,
los raíles cubiertos por la nieve.
Sé qué me pasa: empiezo a ser feliz.]
Nota: la traducción también es de Margarit, el libro es bilingüe.
En un mirall de la paret d'enfront
hi ha el meu rostre, que em mira solitari
com si veiés passar els trens de l'infància
Vivíem en un pis petit i fosc
vora l'estació. Vivia sol
amb la càlida por del pare i de la mare
i una germana morta.
Però al fons,
en l'hivern del mirall, per la finestra,
veig les vies cobertes per la neu.
Sé què em passa. Començo a ser feliç.
Joan Margarit, en su libro Misteriosamente feliz
[En un espejo, en la pared de enfrente,
mi rostro me contempla solitario
como viendo pasar los trenes de la infancia.
El nuestro era un pequeño piso oscuro
cerca de la estación. Vivía solo
con el cálido miedo de mi padre y mi madre
y con mi hermana muerta.
Al fondo, en el invierno del espejo,
veo, a través de la ventana,
los raíles cubiertos por la nieve.
Sé qué me pasa: empiezo a ser feliz.]
Nota: la traducción también es de Margarit, el libro es bilingüe.
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