12 de diciembre de 2010

May you live in interesting times*

Creo que estamos viviendo estos días, estas semanas, un momento muy importante de la evolución de Internet, y por tanto de la sociedad cada vez más global en la que vivimos.

Las filtraciones de Wikileaks (junto con los 5 periódicos que las están publicando) han sido el detonante. Pero lo fundamental para mí no es tanto eso, aunque aún no conocemos sus posibles consecuencias, sino cómo están reaccionando tanto el gobierno estadounidense, paladín de la libertad de expresión en Internet, las organizaciones a quienes confiamos nuestra presencia en la Red (el sistema de DNS, Amazon, PayPal, Visa, MasterCard...) e incluso los medios de comunicación, que no tienen nada claro de qué lado ponerse.

*Leo en Wikipedia que la frase con la que titulo el post, cuyo origen es incierto, podría ser la primera de tres invocaciones de creciente gravedad. Las otras dos son:

- "May you come to the attention of those in authority (sometimes rendered May the government be aware of you). This is sometimes quoted as May you come to the attention of powerful people.
 

- "May you find what you are looking for. This is sometimes quoted as May your wishes be granted."
:-)

9 de diciembre de 2010

soy yo

m

Per saramaga (of course ;)

Me gusta esta foto. Es raro, no me pasa nunca: me reconozco en ella.

(Glorioso) Elogio de la literatura y la ficción

La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional.

Siempre me ha fascinado imaginar aquella incierta circunstancia en que nuestros antepasados, apenas diferentes todavía del animal, recién nacido el lenguaje que les permitía comunicarse, empezaron, en las cavernas, en torno a las hogueras, en noches hirvientes de amenazas –rayos, truenos, gruñidos de las fieras–, a inventar historias y a contárselas. Aquel fue el momento crucial de nuestro destino, porque, en esas rondas de seres primitivos suspensos por la voz y la fantasía del contador, comenzó la civilización, el largo transcurrir que poco a poco nos humanizaría y nos llevaría a inventar al individuo soberano y a desgajarlo de la tribu, la ciencia, las artes, el derecho, la libertad, a escrutar las entrañas de la naturaleza, del cuerpo humano, del espacio y a viajar a las estrellas. Aquellos cuentos, fábulas, mitos, leyendas, que resonaron por primera vez como una música nueva ante auditorios intimidados por los misterios y peligros de un mundo donde todo era desconocido y peligroso, debieron ser un baño refrescante, un remanso para esos espíritus siempre en el quién vive, para los que existir quería decir apenas comer, guarecerse de los elementos, matar y fornicar. Desde que empezaron a soñar en colectividad, a compartir los sueños, incitados por los contadores de cuentos, dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceres embrutecedores, y su vida se volvió sueño, goce, fantasía y un designio revolucionario: romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseos y ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar las incógnitas de que estaba constelado su entorno.

Ese proceso nunca interrumpido se enriqueció cuando nació la escritura y las historias, además de escucharse, pudieron leerse y alcanzaron la permanencia que les confiere la literatura. Por eso, hay que repetirlo sin tregua hasta convencer de ello a las nuevas generaciones: la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños.

De la caverna al rascacielos, del garrote a las armas de destrucción masiva, de la vida tautológica de la tribu a la era de la globalización, las ficciones de la literatura han multiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, al ensimismamiento, a la resignación. Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.


Mario Vargas Llosa, en el discurso de aceptación del premio Nobel

8 de diciembre de 2010

C

Para rematar este puente tan rodeado de amigas, ya en Majadahonda, tarde de cañas y charla con C.

Lujo de calor y risas. Y la promesa, un año más, de no cejar en el empeño de buscar la alegría. Y de disfrutar en el camino, pese a nuestras tropezones y nuestras equivocaciones.

Gràcies

Una vez más, mis superheroínas superviciosas me sacaron de la cueva y nos llevaron y nos trajeron, nos dieron cobijo, saciaron nuestra sed y nuestra hambre (i tant...), me hicieron reír y llorar (de emoción, de belleza).

Vuelvo a Madrit, como de costumbre, agradecido por sentirme tan querido.

Y con ganas de ser más y mejor. Para merecerlo. Para devolverlo.