Acabo de volver a la página de oyentes de El Ambigú y me encuentro con la agradable sorpresa de que ahora uno puede descargarse los programas enteros en mp3.
Así que me he bajado uno de la semana pasada y aquí estoy disfrutándolo. Aunque la calidad del sonido no es una maravilla, lo importante es que, como dice uno de sus lemas, es "casi una hora de pistas", de ideas, de descubrimientos.
Así, este finde en Majadahonda me he dedicado a bajarme varias de las cosas que escuché a lo largo de la semana pasada, como Minino Garay o el último de Eric Burdon.
Y mañana, Diego Manrique hace el programa en directo en la Casa Encendida, a lo que seguirá una mesa redonda con el título de "La radio musical. Presente continuo, futuro imperfecto".
Habrá que estar allí, ¿no?
27 de febrero de 2006
22 de febrero de 2006
Billy Wilder #2
"Quince años después del entierro de Lubitsch, me visitó Walter Reisch: me preguntó por qué no íbamos a llevar flores a la tumba de Lubitsch. Y cuando ya nos íbamos, vimos una lápida a los pies de la de Lubitsch, donde podía leerse el nombre de Steffi Trondl. Steffi Trondl fue durante muchos años la secretaria de Lubitsch que había pasado a máquina muchos de sus guiones, y que, a través de sus trabajos con Lubitsch, conocía mejor que nadie a sus colaboradores y amigos. En su testamento, Lubitsch le había dejado cinco mil dólares y con ese dinero, ella se había comprado una tumba en Forest Lawn, a los pies del maestro. Quiso estar un día allí, por si este tenía que dictar algo urgente."
Billy Wilder
Samuel Goldwyn: ¿En qué está usted trabajando actualmente?
Billy Wilder: En mi autobiografía.
Samuel Goldwyn: ¿Y de qué trata?
Ése es el libro que estoy leyendo actualmente, y creo que va a ser de los pocos que me termino porque, como le gustaría a Wilder, desde el principio "me ha agarrado por el pescuezo, y no me suelta".
Billy Wilder: En mi autobiografía.
Samuel Goldwyn: ¿Y de qué trata?
Ése es el libro que estoy leyendo actualmente, y creo que va a ser de los pocos que me termino porque, como le gustaría a Wilder, desde el principio "me ha agarrado por el pescuezo, y no me suelta".
21 de febrero de 2006
20 de febrero de 2006
Desde el viernes por la tarde hasta esta mañana, he tenido el cerebro en off: en todo el fin de semana no he visto prácticamente a nadie, ni siquiera he hablado con casi nadie. Como dicen los yankees, he estado AWOL.
Pero me sigo debiendo una crítica de la última peli que he visto en el cine, Los tres entierros de Melquíades Estrada. Y allá va.
Es el debut en la dirección de Tommy Lee Jones, un actor muy peculiar, de rostro y gestos inconfundibles. Resulta que el tío es texano, tiene un rancho y habla español. Y siente muy cercano el drama de los inmigrantes mexicanos que arriesgan su vida para alcanzar el sueño americano.
Todo esto se refleja en la película, una historia fronteriza de amistad, de lealtad más allá de la muerte, un viaje algo alucinado y en sentido inverso al más habitual, en el que un gringo viaja a México con el cadáver de su amigo Melquíades, muerto en oscuras circunstancias al norte de la frontera.
El guión es de Guillermo Arriaga, que también escribió los de Amores perros o 21 gramos. Y se nota. Sobre todo en la primera parte de la película, donde saltamos una y otra vez, sin solución de continuidad, del pasado al presente, y vuelta hacia atrás. También en el humor escatológico que salpica toda la cinta.
T.L. Jones está magnífico en el papel de ese gringo algo autista, que por momentos parece bordear la locura en su obstinación de enterrar a su amigo muerto en el lugar del que provenía.
En fin, una gran película, y ya van unas cuantas últimamente, después de bastantes meses de sequía. Y todas americanas.
Y el jueves otra vez al cine, por cortesía esta vez de Radio 3: Capote, con el gran Philip Seymour Hoffman. La cosa promete.
Pero me sigo debiendo una crítica de la última peli que he visto en el cine, Los tres entierros de Melquíades Estrada. Y allá va.
Es el debut en la dirección de Tommy Lee Jones, un actor muy peculiar, de rostro y gestos inconfundibles. Resulta que el tío es texano, tiene un rancho y habla español. Y siente muy cercano el drama de los inmigrantes mexicanos que arriesgan su vida para alcanzar el sueño americano.
Todo esto se refleja en la película, una historia fronteriza de amistad, de lealtad más allá de la muerte, un viaje algo alucinado y en sentido inverso al más habitual, en el que un gringo viaja a México con el cadáver de su amigo Melquíades, muerto en oscuras circunstancias al norte de la frontera.
El guión es de Guillermo Arriaga, que también escribió los de Amores perros o 21 gramos. Y se nota. Sobre todo en la primera parte de la película, donde saltamos una y otra vez, sin solución de continuidad, del pasado al presente, y vuelta hacia atrás. También en el humor escatológico que salpica toda la cinta.
T.L. Jones está magnífico en el papel de ese gringo algo autista, que por momentos parece bordear la locura en su obstinación de enterrar a su amigo muerto en el lugar del que provenía.
En fin, una gran película, y ya van unas cuantas últimamente, después de bastantes meses de sequía. Y todas americanas.
Y el jueves otra vez al cine, por cortesía esta vez de Radio 3: Capote, con el gran Philip Seymour Hoffman. La cosa promete.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)