30 de marzo de 2008

Con el buen ritmo que había conseguido meterle al blog, y de repente me quedo sin nada que decir...

Así que, a falta de algo mejor, voy a contar por qué no tengo nada que contar.

Como mis fieles lectores ya sabrán, he pasado recientemente diez días en Buenos Aires, acompañando a mi abuela en la visita a su hijo (mi tío, claro) y su familia.

Ha sido un viaje efectivamente muy familiar: no hemos hecho prácticamente ninguna visita típicamente turística (exceptuando la excursión a Tigre) y sí he dedicado mucho tiempo, como ya conté hace unos días, a hablar con mi abuela y con mi tío de la historia de mi familia. Y, por las noches, también con mi tía y hasta mi prima, a jugar a la pocha o al chinchón...

La rutina diaria era la siguiente: todos los días nos levantábamos prontito, alrededor de las 8, y después de desayunar y vestirnos con nuestros atuendos deportivos, salíamos a patear la ciudad. Algún día se apuntó mi tía, pero en general íbamos sólo mi tío y yo. Y, a bastante buen ritmo, andábamos durante un par de horas, hacíamos una pausa para reponer fuerzas con un café o jugo de naranja, y a caminar otra vez de vuelta a casa.

Este era exactamente el plan que a mí más me apetecía, así que vengo con los objetivos cumplidos :-P. Sin embargo, pese a haberla recorrido de cabo a rabo (es un decir, porque se necesitarían bastante más de diez días escasos para eso), cuando alguien me pregunta qué me ha parecido Buenos Aires, en seguida me quedo sin palabras. Salvo alguna banalidad del estilo: es totalmente llana, las cuadras son efectivamente cuadradas y las calles larguísimas, se nota que no tienen tanto dinero como aquí en Madrid para gastarse en embellecer los edificios, no consigo decir mucho más.

Y es que lo que me ha importado, a lo que he prestado atención, ha sido a las conversaciones que he tenido con mi tío, a su "adoctrinamiento", que diría mi abuela.

Aunque el contenido de lo que hablábamos (en realidad, yo sobre todo escuchaba) era importante, lo principal ni siquiera ha sido eso, sino una idea de fondo, difusa pero potente: ha llegado para mí el momento de decidir de una buena vez qué quiero ser de mayor, qué quiero hacer con mi vida (con el resto de mi vida, que treinta años ya sí son algo...), de buscarme, inventarme, decidirme por un "proyecto de vida", que diría también mi abuela.

Y en ésas ando, barajando posibilidades, empezando a comentarlo con mis padres y con los amigos. Con la kabeza ocupada en estas cosas y con pocas ganas de seguir escribiendo el tipo de desvaríos a los que me (os) había acostumbrado.

27 de marzo de 2008

La vuelta

Llevo ya más de un día en España, en el hemisferio norte, en la primavera invernal que nos ha tocado este año tras el invierno primaveral.

Y, aunque prácticamente no he sentido el jet lag, creo que me va a costar adaptarme de nuevo a mi rutina (mañana vuelvo al curro).

Por ejemplo, aunque tengo unas cuantas cosas nuevas en la cabeza, se me hace difícil exponerlas en el blog.

Pero algo sí puedo decir: tras este viaje (que ha sido más una reunión familiar que cualquier otra cosa), tengo más presente que nunca lo ignorante que soy, lo alejado de la realidad (sea ésta lo que sea) que me he acostumbrado a vivir.

Por algo se empieza, ¿no?

24 de marzo de 2008

Lunes

Último paseo con mi tío, que mañana vuelve al trabajo, en el penúltimo día en Argentina.

Para rematar esta semana de caminatas, hoy nos hemos metido la mayor paliza: casi cuatro horas de marcha a buen ritmo para ir hasta Belgrano, otro de los barrios bien de la ciudad.


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23 de marzo de 2008

A los 89 años ha muerto hoy Israel López "Cachao", uno de los últimos mitos de la música cubana, al que hace unos pocos años tuve la fortuna de ver en directo en Madrid.

Descanse en paz, maestro.

22 de marzo de 2008

Sábado

Hoy sábado, un nuevo paseíto. Esta vez, tuvimos que salir más pronto (a las ocho y cinco, mi tío y yo salíamos por la puerta) y se nos acabó haciendo tarde (volvíamos a Luján, donde ya estuvimos el jueves, a disfrutar de un asado), así que terminamos el recorrido en taxi.


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