27 de febrero de 2008

Salobreña


He decidido bajar este fin de semana a ver el mar. Ya toca.

Me voy solo.

Durante mucho tiempo, me he tenido por una persona solitaria y poco social.

Creo que lo primero es verdad, porque necesito un buen rato cada día para poder pensar en mis mis cosas (últimamente, para poder escribir sobre ellas aquí), sin que nadie me distraiga (=moleste).

Pero no es cierto que sea un asocial. Al contrario, necesito también pasar tiempo con mis amigos, con mis padres. Me he ido dando cuenta de que cuando me entran ganas de estar solo es porque mis ánimos flaquean.

Y quizá eso es lo que me pasa ahora, aunque yo creo que no. Ya veremos cómo vuelvo.

El caso es que bajo a ver el mar a Salobreña, donde viví uno de los momentos más especiales de mi vida, del que pensé que ya había dado cuenta aquí pero que no he sido capaz de encontrar. Así que lo voy a hacer ahora.

No recuerdo exactamente cuándo fue, ni siquiera en qué época del año. Tampoco estoy del todo seguro de que fuese al atardecer, porque se mezclan en mi mente la imagen del sol poniéndose sobre el mar y la de esa luz mediterránea, de mediodía, que asocio inevitablemente con esa playa.

Así que, para que os hagáis una idea, he puesto esas dos fotos.

Tampoco sé si había bebido o fumado algo, aunque es bastante probable, porque muchas veces he bajado a la orilla con una cerveza o con un petilla que me ayudaban a disparar la mente.

De lo que sí me acuerdo perfectamente es de estar en la playa, mirando el mar y pensando, como tantas otras veces, en cuánta gente, a lo largo de los siglos, ha mirado a este mar, el Mediterráneo, desde ésta y desde tantas otras playas, en Europa, en África, en Asia.

Allí me pasa a menudo: pienso en el tiempo, en los centenares, miles de años que lleva el mar lamiendo la orilla. En lo efímeros e insignificantes que somos en comparación los seres humanos. En cuántos antes que yo se habrán sentido sobrecogidos por la inmensidad del mar.

Estas ideas, como digo, no eran nuevas. Pero esa vez, en lugar de quedarme ahí, de contentarme con sentir el desdén del inabarcable océano ante mis desvaríos, me pasó algo que, hélas!, no se ha repetido: tuve un sentimiento (no pensé, sentí) de pertenencia, de unidad con el cielo, el mar, la tierra. De repente, yo no era ya ese diminuto ser humano que admira la inmensidad y la absoluta indiferencia de la Naturaleza. Ahora era parte de ella, como los cantos de la playa, el agua o el poderoso sol.

No fue, aunque lo pueda parecer, una experiencia mística. Fue, al contrario, algo absolutamente terrenal. Ni por un momento pensé en algo parecido a un dios, o en que yo fuese a permanecer de alguna manera tras mi muerte. Era perfectamente consciente de que, más pronto que tarde, yo desaparecería, dejaría de ser, pero todo lo que me rodeaba seguiría ahí.

No creo en dios, ni en ningún ente (alma, energía...) trascendental y que sobreviva tras nuestra muerte. Sé que ahí termina nuestra aventura, que sólo existimos durante un instante brevísimo. Que, como dice Drexler, somos nada más (y nada menos) que:

un enjambre de moléculas
puestas de acuerdo
de forma provisional.
Un animal prodigioso
con la delirante obsesión
de querer perdurar

Pero, precisamente por eso, ese momento es uno de los más intensos e importantes de mi vida.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

elle est belle ta plage, on dirait une carte postale, ou une pub géante pr que je check les billets d'avion dispos en mai ;)

et pour le moment subliminal avec la nature, oui, c'est comme si le temps s'arrêtait et tu te sens en paix. j'ai vu un tableau qui m'a procuré la meme sensation (impossible de le retrouver): c'est un moine seule qui regarde la mer. sinon j'aime aussi hopper's rooms by the sea et qd j'ai été au reina sofia le velasquez m'a fait pleurer. alala, l'art!

bon, je continue à chercher un billet magique

Anónimo dijo...

rolala, of course:
- un moine seul
- même (mais je t'ai déjà dit q je ne mettais pas les accents, non?!)

et dc pas de magie pr l'instant, ou juste à travers les photos :'(

grankabeza dijo...

J'avoue que, en vérité, la plage n'est pas si impressionante que ça.

Mais, comme tu le dis, la magie des photos.. :-)

Et je n'ai rien dit du "pescaíto frito" et des mitiques petits déjeuners sous le soleil à la terrasse...

Anónimo dijo...

Mmm, curioso: eso mismo he sentido yo no una, sino varias veces en la montaña, en la naturaleza -- aunque nunca en el mar. Tampoco soy creyente, así que para mí sitios como este, este, o este son mis catedrales...

Nunca, nunca siento algo parecido por una obra humana (bueno, es que a Van Morrison no lo considero humano - jajaja).

Ah, creo que eres muy optimista cuando piensas que todo eso seguirá ahí cuando mueras:

http://www.portalmanzora.es/FOTOS/userpics/11495/20071102elpepunac_17.jpg
http://farm3.static.flickr.com/2028/1886655138_11a58853d1.jpg
http://gea.sekano.org/?p=236

grankabeza dijo...

(Fe de erratas: mythique, et non pas "mitique"...)

No creas que soy nada optimista: ya hemos visto cómo ha ido cambiando Salobreña (esos cañaverales...) en los años que llevamos yendo.

Pero es que yo no me refiero a eso, sino a que el mar, la tierra, el sol, seguirán ahí. No sé en qué estado, pero permanecerán mucho tiempo después de que yo ya no esté.