Ayer, sin previo aviso, me volvió a pasar lo que otras veces: necesitaba escuchar música pero nada de lo que llevaba en el coche (que no es poco...) me apetecía.
Es una sensación muy desagradable, de la que intento siempre deshacerme cuanto antes. Así que, sin mucha convicción, me forcé a volver, una vez más, a la música del maestro Ruibal.
Y, contra lo que yo mismo esperaba, el hechizo volvió a surtir efecto...
Hace ya cuatro años que acudimos al concierto en Galileo donde se grabó su último disco, al que pertenece esta maravilla que creí que ya había puesto aquí. (La única referencia que he encontrado es ésta, en un post que recomiendo leer a tothom...)
Tu nombre,
veneno que me alucina,
me cura, porque me hiere
tu ausencia como una espina.
Tu nombre
resuena en los bulevares
y cuelga de los balcones
atravesado en la calle.
Tu nombre
en cines y escaparates,
tu nombre que me persigue:
tu nombre es mi disparate.
Tu nombre
mantiene viva la lumbre
que me acelera la sangre
para que no me derrumbe.
Tu nombre,
palabra contra el olvido,
testigo que me defiende
de mi peor enemigo.
Tu nombre
me salva de lo innombrable
y me abre el dulce camino
de tu boca incomparable.
Tu nombre
contra el edén de mentira,
contra los ángeles grises,
contra la tierra prohibida.
Tu nombre
para llenar esta casa
y contemplar tu misterio
mientras la vida nos pasa.
Tu nombre
que ponga llena la luna
y, si amanece, se lleve
tus dudas una por una.
Me salva de lo innombrable
y me abre el dulce camino
de tu boca incomparable.
Tu nombre
en cines y escaparates,
tu nombre que me persigue:
tu nombre es mi disparate.
Javier Ruibal
9 de octubre de 2009
8 de octubre de 2009
Mis temores se confirmaron: No me gustó el concierto de Dayna.
Le faltó ritmo. Se empeñaba en cambiar de guitarra con cada canción y así no había manera de entrar en calor.
Las canciones de su último disco me dejan frío. Supongo que ella necesitaba cambiar de registro, pero yo prefiero sus discos antiguos, más acústicos, intimistas. Y, cuando a mitad de concierto nos cantó alguno de sus clásicos, yo ya estaba fuera y no conseguí meterme.
Lo mejor de la noche: You fine girl, que cantó a capella, y Election day, su homenaje a la victoria de Obama en las elecciones del año pasado (...good guys sometimes win!).
Y para rematar, cuando salimos del garito el cielo cayó sobre nuestras cabezas...
Le faltó ritmo. Se empeñaba en cambiar de guitarra con cada canción y así no había manera de entrar en calor.
Las canciones de su último disco me dejan frío. Supongo que ella necesitaba cambiar de registro, pero yo prefiero sus discos antiguos, más acústicos, intimistas. Y, cuando a mitad de concierto nos cantó alguno de sus clásicos, yo ya estaba fuera y no conseguí meterme.
Lo mejor de la noche: You fine girl, que cantó a capella, y Election day, su homenaje a la victoria de Obama en las elecciones del año pasado (...good guys sometimes win!).
Y para rematar, cuando salimos del garito el cielo cayó sobre nuestras cabezas...
7 de octubre de 2009
Esta noche, reencuentro con Dayna. (Y en muy grata compañía ;-)
Con ganas de un chute de música en esta semana que se me está haciendo larga (aunque ya veo Bercianos en el horizonte...), aunque con la inquietud de que cante demasiado de su último disco, American standard, en el que toca con banda y que no me ha entusiasmado (al menos de momento).
Con ganas de un chute de música en esta semana que se me está haciendo larga (aunque ya veo Bercianos en el horizonte...), aunque con la inquietud de que cante demasiado de su último disco, American standard, en el que toca con banda y que no me ha entusiasmado (al menos de momento).
2 de octubre de 2009
A shining Jewell: Eilen in Madrid
Una vez más, encuentro la magia del mundo en la música: fantástico concierto de Eilen Jewell esta noche en la sala El Sol.
Música evocativa y emocionante, la eléctrica guitarra de Jerry Miller, el derroche de simpatía de Eilen, alegría en vena y la deslumbrante sonrisa de esa chica del pañuelo azul que en mitad del concierto, rodeada de extraños, no le quitaba los ojos de encima a la cantante mientras dejaba que por su cuerpo fluyese la vida pura.
Música evocativa y emocionante, la eléctrica guitarra de Jerry Miller, el derroche de simpatía de Eilen, alegría en vena y la deslumbrante sonrisa de esa chica del pañuelo azul que en mitad del concierto, rodeada de extraños, no le quitaba los ojos de encima a la cantante mientras dejaba que por su cuerpo fluyese la vida pura.
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