5 de marzo de 2006

Tutti Tudela

(Según el cartel de acrílico que está sobre el mostrador, la mujer que los ha atendido se llama Tutti Tudela. Los dos hombres la observan con aprobación mientras ella saca un par de libros de una estantería, baja de la escalera y los trae hacia donde están ellos. Es una mujer de más de cincuenta años, muy atractiva.)

[...]

Fernando: Muchas gracias. Tomo nota de lo que me sirva y se lo traigo. Y si hay algo que no entiendo, le pregunto. Creo que usted sabe mucho de perfumes.

Tutti: Casi tanto como usted de mujeres.

(Fernando se sorprende, no entiende el porqué de esta afirmación.)

Tutti: Con una sola mirada, muy discreta, me examinó de arriba a abajo y creo que no le pareció nada mal lo que veía. ¿Me equivoco?

(Fernando dice que no, sonriendo divertido.)

Fernando: O es usted muy sabia o mi mirada está perdiendo la discreción... Tal vez porque no esperaba encontrar a alguien que despertara en mí un inequívoco sentimiento de lujuria.

Tutti: Gracias. Usted también es una presa que una mujer sin prejuicios estaría muy dispuesta a conquistar.

Carlos: Si quieren yo sigo con las fotocopias y ustedes se van a tomar un café, algo.

Tutti: A mí me quedan unos cuantos prejuicios. Este momento no debe pasar de ser un intercambio muy agradable de elogios eróticos: puro coqueteo entre dos personas con mucha experiencia.

Fernando: Experiencia no implica conocimiento. Yo no sé nada de mujeres.

Tutti: Eso es un mentira elegante: "un caballero no habla de ciertas cosas".

Fernando: A las pocas mujeres que conocí en mi vida, las admiré, las observé, traté de descifrarlas, pero nunca dejaron de ser un misterio. Nunca dejaron de sorprenderme...

Yo creo que lo que realmente importa es disfrutar de su presencia. No me di cuenta enseguida, pero después de un tiempito aprendí a escucharlas, a valorar los silencios, las miradas... Esos momentos en que parece que pasa nada, y pasa un mundo... Aprendí a respetar su intuición, su inteligencia. Y aprendí a amarlas.

Tutti: Le quiero advertir que el nivel de mis defensas está bajando peligrosamente. No se pueden decir esas cosas así, como si nada.

Carlos: Yo me voy. Te espero en el coche.

(Fernando responde a la broma de Carlos sujetándolo de un brazo.)

Fernando: Estoy casado con la misma mujer desde hace cuarenta años. Y le soy fiel.

Tutti: No soy chismosa. No es necesario que me mienta.

Fernando: No estoy mintiendo. Nunca me obligué a serle fiel a mi mujer, nunca fue una norma o pacto a respetar. Con Lili, con mi mujer, siempre dijimos que si se nos cruzaba alguien a cualquiera de los dos, mala suerte. Pero sin mentirnos...

Estamos juntos porque queremos, nadie nos obliga y nos obliga a ser leales. Ninguna de las mujeres que conocí después pudo ganarle. Las miro, las puedo admirar, me puede asombrar conocer a alguien como Tutti Tudela. Yo estoy abierto a todo, a lo que sea que pueda pasar... pero no hay caso: Lili gana. Lili gana siempre.

Tutti: tengo la sensación de que cuando habla de mujeres, está hablando de una sola mujer.

Fernando: Puede ser.

Carlos: Es mi deber advertirle, querida Tutti, que el discurso de mi amigo es una gran mentira magistralmente armada para seducir mujeres hermosas como usted.

(Tutti no le presta atención. No deja de mirar a Fernando.)

Tutti: Me gustaría mucho conocer a su mujer. Quiero dejar de ser discreta por una sola vez y contarle todo lo que usted me dijo. ¿Ella lo sabe?

Fernando: No lo sé. Nunca se lo dije, pero a Lili no se le escapa nada.

Tutti: Dígaselo.

Fernando: No sé si puedo. A lo mejor se lo escribo.

Tutti: Eso también estaría bien. Pero hágalo pronto. Esa mujer no se merece que la haga esperar tanto.

En Lugares comunes.

2 de marzo de 2006

Experiencia g

Ayer, pese a salir con 50 minutos de margen para un trayecto de algo más de 10 minutos en bus, acabé perdiendo el AVE por culpa de los putos autobuses de Toledo.

Así que tuve que coger un autobús a Madrid y acabé tardando 3 horitas en llegar a casa, a las 9 y media de la noche.

Buen rollito.

Ahora ya sé lo que es una experiencia g...

;-)

1 de marzo de 2006

Censura

"Satires which the censor can understand are justly forbidden."

Karl Kraus

Según Billy Wilder, gran parte del encanto de sus películas, y de las de sus maestros, como Lubitsch, se debe a las vueltas que tenían que darles a sus ideas para conseguir pasar el filtro de la censura. Era una lucha de la inteligencia por abrirse paso en un ambiente de indigencia mental. Por eso, cita Wilder a Kraus, las bromas que el censor entendía, y consecuentemente prohibía, estaban bien censuradas.

Pere Rovira y Joan Margarit en Babelia

[...]

Pregunta: ¿Y se sienten reconocidos en el resto de España?

Pere Rovira: Yo nunca me he sentido mal. Si vamos a Ávila nosotros no tenemos el mínimo reparo de leer en español. Pero el provincianismo no tiene límites y hay capullos de aquí que creen que tienen que ir allí a leer en catalán. No le puedes pedir a la gente de Ávila que aprenda catalán para leerte a ti. Además, es que siempre terminan pidiéndote que leas en catalán. Si no lo haces, te lo piden. ¿Por qué? Porque no les das el coñazo.

Joan Margarit: Yo hice una lectura en Badajoz el día que se discutía el Estatuto y la gente terminó pidiéndome que leyera en catalán. Yo creo que tenemos el mismo número de lectores en castellano que en catalán.

Pere Rovira: Hay otro mito. Aquí no se ha enseñado que cualquiera puede leer en catalán. Yo tengo amigos en Galicia. Me mandan sus libros en gallego y yo los entiendo. Si no entiendo una palabra, la busco en el diccionario. O sea, que si yo puedo leer en gallego, un señor de Badajoz me puede leer a mí en catalán haciendo el mismo esfuerzo. Éste es un conflicto creado por los políticos que no tiene nada que ver con el escritor ni con el lector. A Carod Rovira le interesa que parezca que a los catalanes no nos entienden en Badajoz. Y a Rajoy también le interesa. Pero los dos mienten.

Manrique en La Casa Encendida


Planazo el que me monté ayer por la tarde. Menos mal que se acercan mis oposiciones...

Estuve en la Casa Encendida, escuchando y viendo cómo hacía el programa mi admirado Diego Manrique. Llevó a un invitado, un auténtico crack: Muchachito Bombo Infierno (ver foto adjunta).

Muchachito es de Santa Coloma de Gramenet, en el extrarradio barcelonés, pero por el acento podría perfectamente ser gaditano. Por el acento, y por el gracejo, porque el tío es un cachondo mental, todo un espectáculo.

Yo no había oído nada suyo, sólo leí el otro día que está haciendo algo con Kiko Veneno. Por lo que me enteré ayer, normalmente toca el bombo y la guitarra, con una fuerza impresionante. Por problemas técnicos, ayer salió sólo con su guitarra, y sus zapatos, porque joder cómo marcaba el ritmo con los pies.

El malvado Manrique le hizo tocar de todo: para empezar, le pidió una de Raphael, ris ras. Y el crack salió bien parado, porque era un torbellino, menuda fuerza. Lo suyo, creo, es la rumba catalana, "pero a su rollo", como él mismo diría, pero cualquier otra cosa la pasa por su molinillo, y pa' dentro. Nos deleitó también con un Egyptian reggae, creo que de Jonathan Richman (que no conocía, pero por supuesto voy a explorar). Toda una experiencia.

Y para rematar, una mesa redonda sobre "La radio musical. Pasado continuo, futuro imperfecto" en la que participaron, además de Manrique, Patricia Godes, una periodista musical que ahora colabora con Ordovás en el programa iPop, de La 2, y Marc Vicens, director de Kiss FM hasta el mismísimo día de ayer.

Desde el principio, se vio claramente que había dos bandos: los radiotreseros por un lado y el radioformulero por otro.

Diego llegó a admitir su "rencor" hacia los que, como Javier Sardá entre otros muchos, utilizaron la radio musical como trampolín hacia metas más elevadas (más rentables quiero decir, claro), dejando patente su falta de compromiso con la música.

Fue muy curioso ver cómo, para referirse supuestamente al mismo fenómeno, unos y otro utilizaban palabras totalmente diferentes: por un lado se hablaba de compromiso, de grupos, de estilos, de oyentes; por el otro, de rentabilidad, de mercado, de tendencias, de audiencias, de EGM, de target.

Y es que, en realidad, creo que no estaban hablando de lo mismo: lo que unos entienden por música es un producto cultural, una forma de expresión artística que, como tal, trata de comunicar experiencias únicas e individuales, y a la vez universales, como son el dolor, la alegría, el amor; para el otro, la música es un producto comercial para el hay que buscar consumidores y la radio un canal de difusión, de marketing, mediante el cual dirigirse al público objetivo, debidamente segmentado para incrementar la rentabilidad de la inversión.

Yo, radiotresero confeso, fui consciente una vez más del lujo que supone que existan presentadores (comunicadores, diría el Vicens) como Manrique, y que puedan hacer los programas que les dé la gana. Sé que sólo en la radio pública puede darse tal anomalía, y cuantísimo me alegro. Como dijo Manrique: sé que soy un privilegiado, pero me siento muy orgulloso de dirigirme a esa pequeña minoría que no ve la música como mero hilo musical, que quiere conocer, explorar, aprender.

(Menudo panfletillo que me he cascado hoy, ya va siendo hora de hacer que curro...)